Crece 43% la mora en las tarjetas de crédito

La cartera de incobrables y morosos ya superaría el 10 por ciento del stock crediticio. Todavía está lejos del pico de 30% de atraso, durante la crisis de 2001/2002.
El problema de la morosidad volvió a instalarse; la mayoría de las tarjetas de crédito sufre por estos días un creciente retraso en el pago de los resúmenes de cuenta, situación que según las empresas del sector podría agravarse en los próximos meses, en tanto continúe enfriándose la actividad económica. De todas maneras, las cifras son aún holgadamente menos dramáticas que en el peor momento de la crisis de 2001 y 2002, cuando la mora trepó hasta el 30 por ciento del total de las carteras de crédito.

De acuerdo a la información confirmada por algunas empresas del sector, desde octubre a diciembre de 2008 a igual período de 2007, el aumento de las cuentas consideradas “incobrables” fue del 43 por ciento. Asimismo, las previsiones de los plásticos por deudores incobrables subieron más del 50 por ciento: mientras un año atrás la incobrabilidad apenas excedía el cuatro por ciento, a fin de 2008 ya superaba el seis por ciento. En tanto, la morosidad total saltó del siete al 10 por ciento aproximadamente, aunque el porcentaje varía según el tipo de plástico, sin que el incumplimiento esté directamente relacionado con la condición social del titular. Por último, los gastos de gestión de mora de las empresas también están en alza, superando el 50 por ciento de aumento interanual, bien por encima de la inflación extraoficial del año anterior, del 22 por ciento.

La situación en 2009 no ha hecho más que profundizarse. “El retraso se ha triplicado respecto al tercer trimestre del año pasado”, admitieron desde una de las centrales de control de deudores con base en Córdoba. “El problema se está acelerando y no sólo abarca a tarjetas de crédito sino también a cheques rechazados e incumplimiento en el pago de los servicios”. Esto es reconocido por las mismas empresas. En su último balance, Tarjeta Naranja admitió que se espera un incremento en el incumplimiento del pago por parte de los clientes. “Previendo el aumento de la mora por las perspectivas macroeconómicas, hemos reforzado toda nuestra actividad de cobranza para mitigar el impacto”, señala escuetamente la firma, que tiene una alta penetración en el mercado de los plásticos de la provincia.

Estrategias

Para reducir el impacto de la morosidad, una de las medidas disuasorias con que cuentan las tarjetas son los altísimos intereses por los atrasos en los pagos que se aplican a sus clientes incumplidores. No obstante, tal como lo sucedido en 2001, muchos usuarios de tarjetas comienzan a “defaultear” el pago de diferentes plásticos de manera rotativa, hasta que son incluidos en los listados de morosos y ya no pueden continuar con la “calesita”. Ante esta situación, no son pocos los que apelan a las tarjetas de parientes o amigos para volver a conseguir financiamiento y así sostener su consumo.

A partir del estallido de la crisis financiera internacional, la estrategia que siguen las tarjetas de mayor penetración en el mercado ha sido disminuir el crecimiento de la cartera crediticia, recortando algunos planes y renegociando el plazo de pago en planes largos a los comercios. El paulatino recorte de los plazos, un fenómeno que se inició con la escalada inflacionaria, ha permitido a las tarjetas concentrar los vencimientos en un plazo relativamente corto, con lo cual se reducen los riesgos de incobrabilidad.

También se han recortado los gastos, especialmente en el desarrollo de nuevas zonas y en la apertura de cuentas nuevas. Esto ha sido en previsión de las dificultades que tendrán las tarjetas para conseguir financiamiento externo para continuar fondeándose. La restricción, según estiman las propias tarjetas, continuará por lo menos durante todo el primer semestre del año 2009.

Junto con la suba de la morosidad, también ha habido una sensible baja en el consumo. Pese a que el parque total de tarjetas habilitadas siguió en crecimiento durante 2008 (se incrementó algo menos del diez por ciento), el promedio de consumo mensual por cuenta activa, a valor nominal, apenas aumentó alrededor del nueve por ciento, esto implica que a valores constantes, considerando el incremento de los precios, hubo una caída que puede estimarse en el orden del 13 por ciento entre el último trimestre de 2008 e igual período de 2007.

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