Créase o no: Gran Cuñado influirá en el voto del 15% de los porteños.

De Narváez resulta el más favorecido. Cristina y Cobos los más perjudicados.
Créase o no: en la Capital, cuyo electorado se considera -con toda razón o sólo con parte de ella- el más sofisticado y exigente del país, el 15% admite que su decisión electoral, dentro de dos semanas, estará influída por Gran Cuñado.

El ciclo de sátira política que conduce Marcelo Tinelli, con imitaciones de los principales dirigentes y candidatos empezando por Cristina y Néstor Kirchner, se emite por Canal 13 y tiene una audiencia promedio de tres millones de televidentes.

El 76% de los consultados negó cualquier incidencia de Gran Cuñado sobre su preferencia electoral. Pero que casi uno de cada seis porteños admitan la posible influencia es un dato fuerte, tratándose de una sociedad que gusta verse a sí misma como hiperpolitizada y muy informada.

En una lectura simplista, podría suponerse que esa influencia crecería en el Gran Buenos Aires, con una población supuestamente más permeable a ese tipo de mensaje televisivo.

El dato porteño concreto, sorprendente o no tanto, surge de la primera encuesta que midió el "efecto Gran Cuñado" sobre los votantes. Con la misma metodología con que se ausculta la intención de voto, fue realizada por la consultora Ibarómetro a comienzos de la última semana, sobre 1.000 casos.

Otra comprobación contundente del sondeo: Francisco De Narváez, el candidato liberal-peronista que puede poner en aprietos a Kirchner, resulta el más favorecido por su caracterización en el ciclo de Tinelli. El 26% de los consultados tuvo esa opinión. Muy lejos de él, Kirchner, Cristina y Mauricio Macri, con algo más de 8%, 7% y 6% respectivamente, también fueron vistos como beneficiados por su tratamiento en Gran Cuñado.

Mucha controversia pública se desató desde el comienzo alrededor de esta parodia de reality-show, un formato televisivo que en sí mismo es una parodia grosera de la vida real.

En cuanto aparecieron sus dobles en "la casa", los políticos trataron de mostrarse satisfechos, distantes, divertidos o simplemente ajenos al impacto que se producía en la opinión pública. Aunque algún ministro llegó a sugerir que debía moderarse el tratamiento dado hacia la caricatura de la Presidenta, una creación notable del actor Martín Bossi.

Pero pronto los políticos, y en especial los que son candidatos, comprendieron que no alcanzaba con opinar sobre el fenómeno sino que convenía interactuar con él.

En las oficinas de campaña de Unión-Pro cuentan que en una caminata por el Gran Buenos Aires, hace tres semanas, De Narváez estuvo firmando autógrafos durante 45 minutos en la puerta de una escuela primaria. Los chicos se avisaban entre ellos, a los gritos, mientras corrían a la calle: "¡está el de la tele!". Pero el que estaba era De Narváez y no su imitador.

Cuentan también que dos días después, en otra visita proselitista al conurbano, una señora mayor se acercó al candidato y le dijo: "yo siempre lo veo, usted es tan simpático... y baila muy bien". El simpático y buen bailarín no era De Narváez sino su doble, Roberto Peña. De Narváez todavía no había visitado el programa: lo hizo poco después, y hasta se animó a unos pasos de baile con su imitador. El jueves, en San Martín, arrancó su módico discurso de campaña diciendo "Alikal, alicate; votame, votate", como su doble televisivo.

Para mañana, se anuncia la visita al programa de Daniel Scioli.

Sergio Massa fue el primer oficialista en ir al programa de Tinelli. No es que haya necesitado una autorización formal de la Presidenta para hacerlo, pero hubo un estudio de los tiempos y las formas más convenientes para esa presentación.

El Jefe de Gabinete le avisó a Cristina el martes pasado que iba a concurrir el jueves. Decidió ir, aunque su imitador no siempre lo dejaba en situación airosa al aparecer como el peinador de la Presidenta. O quizás fue por eso mismo que resolvió la visita.

Massa le había hecho a Cristina una promesa de cumplimiento improbable: "no voy a hacer payasadas". De cualquier modo, el Jefe de Gabinete estima que salió bien parado del filoso compromiso y hasta se permitió algunas cabriolas sobre el límite, como preguntarle a Tinelli: "¿qué te pasa Marcelo? ¿estás nervioso?", imitando al imitador de Kirchner en sus momentos de enojo.

El Jefe de Gabinete dijo a Clarín que "por lo que veo en la calle, y en Tigre (distrito del que es intendente en uso de licencia) el programa me hace quedar muy bien". Y aseguró que Gran Cuñado es bueno porque "rompe el cartón duro de la política y termina haciendo humor con los defectos que tenemos".

Massa asegura haber recibido casi 150 mensajes de texto y decenas de llamadas telefónicas de familiares, amigos, políticos, empresarios y hasta de una conocida escritora, para felicitarlo por su desempeño televisivo.

La penetración instantánea de la imagen con un mensaje en apariencia fresco y despolitizado, y el efecto de humanización y cercanía que en algunos casos les ofrece Gran Cuñado -notable por ejemplo con Kirchner- son valores apreciados entre los políticos y en especial por los candidatos.

Aunque también están los que se quejan, nunca personalmente, siempre a través de voceros y allegados, por el tratamiento que reciben. La encuesta de Ibarómetro determinó, en este aspecto, que los dirigentes más perjudicados en Gran Cuñado, según el millar de porteños consultados, son Cristina (16%) y el vicepresidente Julio Cobos (14%).

En el sondeo se abordó un tema sensible. "¿Usted cree que Marcelo Tinelli beneficia o perjudica a los políticos por arreglos económicos?" se preguntó a la gente. El 44% aseguró que no, el 30,5% dijo que sí, y el 25,5% entró en el brumoso rubro definido como "no sabe/no contesta".

Hay un éxito tangible de Tinelli que la encuesta ratifica: dos de cada tres consultados dijeron mirar con regularidad Gran Cuñado. De ese casi 66% del total, 42% tiene buena opinión sobre el ciclo y el otro 23% se pronunció de manera francamente negativa. Pero todos ellos lo miran.

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