La costosa preciodependencia del país, en un mundo que se achica

Por: Alcadio Oña

Hay una vela prendida por China en todo el mundo, rogando que la locomotora no pierda potencia. Y una enorme en la Argentina sojadependiente.

Las economías de los países centrales están en caída libre: recesión le llaman al fenómeno, pero es sencillamente crisis. Más que en ningún otro lugar, en el área desarrollada se considera recesión a un proceso previsible en el ciclo, que no dura más de dos o tres trimestres, solo que esta vez nadie sabe cuándo puede revertirse. Y una incertidumbre semejante le pone otra dimensión al parate.

En Europa cambian los pronósticos todo el tiempo, siempre para abajo. El Fondo Monetario termina de estimar que las economías de la zona del Euro caerán 0,5% en 2009, una retracción mayor a la que los propios gobiernos habían calculado poco antes. Ahora, los europeos están próximos a hacer una nueva estimación: "Va a ser un número peor al del FMI", dicen en corrillos oficiosos.

Igual que en otras partes, allí hay una gigantesca destrucción de riqueza y un miedo en la gente que, según cuentan embajadores argentinos, se palpa en las calles. Se calcula que el derrumbe de las inversiones -fondos de pensión, acciones y cualquier otro activo- significará un destrozo de 25 billones de dólares, dos veces el PBI europeo. Y como llevará mucho tiempo remontar una pérdida así, eso pegará también en la economía del más adelante.

Por la sojadependencia que nunca se ponderó, comercial y fiscal, aquí se puso de moda mirar con un ojo el precio internacional del grano y con el otro a la economía china. Soja pura, en los primeros nueve meses del año se exportó a China por 5.555 millones de dólares.

Pero el mercado europeo también pesa fuerte. Cerca del 20% de las exportaciones argentinas van hacia esa región: US$ 10.377 millones entre enero y setiembre, un 53% más que en el mismo período de 2007 y casi todo bienes primarios y agroindustriales.

Aquí planea un problema que los propios números del INDEC cantan. Decisivas en el saldo comercial y en los ingresos fiscales por las retenciones, las exportaciones primarias y agroindustriales crecieron mucho, aunque únicamente por el efecto precios. En el promedio de esos nueve meses, los precios aumentaron casi 50%, mientras que las cantidades vendidas, según los casos, apenas subieron 3% o directamente cayeron 5%.

Otro tanto ocurre con las exportaciones de origen petrolero, crudo, naftas, aceites y gas. En este caso el sesgo es aún más potente: los precios dan un alza del 58%, pero las cantidades revelan un desplome del 18%. Detrás del sojero, este es el segundo complejo exportador del país.

A esto se le dice preciodependencia, notable, ahora que se derrumbaron las cotizaciones. Y por lo mismo, también imprevisión y falta de políticas productivas de largo plazo: todo día a día, en estos cinco años y pico de kirchnerismo. Es lo que se ve, por mucho que el Gobierno se pelee con el campo y pretenda que no hay crisis energética.

El cuadro se notará más claro en las cuentas de 2009, y tanto que todos los analistas económicos vaticinan una abrupta caída en el superávit comercial, los más dramáticos dicen a cero. Cualquier número, menos los 12.000 millones de dólares que el Gobierno puso en el Presupuesto de ficción que el oficialismo votó en el Congreso: puro superpoderes, y tan irreal por el resto que ni siquiera computó los fondos de las AFJP.

Un correlato será estrechez en la oferta de divisas, aun de aquellas que se precisan para afrontar deudas públicas. Otro, cierre ajustado de las cuentas fiscales: así se lo consiga gracias a los recursos del sistema previsional privado, no parece que esta vez vaya a abundar plata en la caja del poder.

Todo muy apretado, en un tiempo donde la economía viene en franca desaceleración, si no camino a un retroceso más profundo. Esto ya significa serios apurones laborales, una de esas noticias que el poder político preferiría esconder, pero que la CGT levanta en el planteo por una doble o triple indemnización. Salida de emergencia, que de todos modos no despeja el cuadro de fondo.

En Europa hay una danza de proyectos para evitar que la crisis cale más hondo y un debate sobre cómo distribuir los costos. Añadido, un minué de celos entre los líderes apuntado al francés Sarkozy, movedizo, siempre presente y teatral.

Aquí, el mundo es vertical, todo se maneja intramuros y según los espasmos del poder. Nada extraño al juego de las escondidas, Julio De Vido acaba de descubrir, en Argelia, que "la crisis es una oportunidad inédita para incrementar los flujos comerciales entre los países en desarrollo". Mucho, pues esos países tampoco quedarán al margen del terremoto. Y además, porque ni por aproximación son los mercados fuertes de la Argentina.

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