Costos de transacción de un Estado mafioso

Por Roberto Cachanosky

Una de las razones fundamentales para la existencia del Estado es que, entre otras, su función es reducir los costos de transacción. Tomemos el caso de una sociedad con muy pocos miembros. En esa sociedad se conocen todos y se sabe quién es el que paga puntualmente, quién tiene fama de atrasarse en sus pagos, quién cumple con los contratos, quién no los cumple. En fin, en una sociedad reducida, no sólo se pueden realizar transacciones de contado, sino que, también, pueden llevarse a cabo transacciones de largo plazo porque el conocimiento de los actores permite saber si las partes cumplirán con sus obligaciones.

Diferente es el caso en las sociedades más amplias en las cuales la gente no se conoce entre sí y, por lo tanto, no sabe quién es el cumplidor y quién el incumplidor. En una sociedad donde nadie sabe cuál es la seriedad de las partes, las transacciones se limitan a ser al contado, o bien se pactan contratos de largo plazo y si una de las partes lo incumple, la parte afectada puede recurrir al uso de la fuerza para obligar a la otra a cumplir con su parte del contrato.

La existencia del Estado sirve, entre otras cosas, para obligar a las partes a cumplir con los contratos asumidos. En caso de incumplimiento de una de las partes, el juez establece quién tiene la razón. Pero para que la sentencia del juez no sea solamente declamatoria, el Estado tiene el monopolio de la fuerza para hacer cumplir la sentencia del magistrado. De esta manera, la gente puede realizar transacciones a plazo con personas que no conoce, porque existe un Estado que se encargará de velar por el cumplimiento de los contratos y del imperio del Estado de Derecho. La existencia de un Estado de este tipo permite reducir los costos de transacción porque cada persona no necesitará utilizar la fuerza para obligar a la otra parte a cumplir. Se le transfiere esa tarea al Estado confiriéndole el monopolio de la fuerza para que haga cumplir las normas, los contratos, las leyes, cuidar la vida de las personas, el libre tránsito, el derecho de propiedad, etc.

El problema se presenta cuando el Estado, en vez de cumplir con sus obligaciones, usa el monopolio de la fuerza para beneficio de sus gobernantes. Un Estado que viola las normas, que genera transferencias arbitrarias de ingresos y patrimonios y que subordina las políticas públicas a las necesidades de los gobernantes de turno, es un Estado que aumenta los costos de las transacciones porque utiliza el monopolio de la fuerza para violar derechos, produce inseguridad jurídica, incumplimiento de los contratos y robo legalizado. En otras palabras, ese tipo de Estado es una especie de depredador o, si se prefiere, es un Estado compuesto por individuos que actúan como una banda de mafiosos. ¿Qué hacen los mafiosos? Brindan "seguridad" a determinados sectores a cambio de dinero. Es decir, los mafiosos primero agreden a los vecinos de la zona en que actúan y, luego, cuando le hacen ver a la gente los riesgos que corre, les ofrecen protección contra ellos mismos y contra otras bandas mafiosas, obviamente a cambio de dinero.

La organización económica bajo un Estado de Derecho y un Estado mafioso es totalmente diferente. En la primera, hay estímulos para invertir, crear puestos de trabajo, mejorar los ingresos de la población y reducir la pobreza. La gente puede hacer transacciones de largo plazo porque sabe que impera el Estado de Derecho. En el caso de los Estados mafiosos los estímulos para invertir se reducen porque los individuos ya no tienen que defenderse de los ladrones comunes, sino que ahora tienen que enfrentarse con un ladrón mucho más poderoso que ostenta el monopolio de la fuerza: el Estado. Por supuesto que algunos sectores, advirtiendo las reglas de juego impuestas por el Estado mafioso, concluyen que la única manera de sobrevivir es asociándose al mafioso de turno. Esto significa "hacer negocios" con el "capo mafia", con lo cual la corrupción tiende a enquistarse en la sociedad y la arbitrariedad en las reglas es lo que domina a una población que pasa a vivir en la incertidumbre.

Bajo un Estado mafioso la carrera política deja de tener el objetivo de construir políticas públicas de largo plazo para mejorar la calidad de vida de la población y se transforma en una carrera por tener el control mayoritario del negocio, que es el poder. El poder pasa a constituir una herramienta fundamental para amasar fortunas personales. Pasa a ser un negocio en sí mismo.

La aparición de ese Estado mafioso, arbitrario, corrupto e inescrupuloso lleva a la economía a una situación en que resulta imposible realizar contratos de largo plazo con gente desconocida, porque nadie puede asegurar el cumplimiento de los mismos. Por el contrario, bajo un Estado mafioso como el descripto, cada uno de los habitantes sabe de antemano que lo más probable es que el Estado sea el primero en violar los contratos, avanzar sobre su propiedad o sus ahorros. En consecuencia, la gente invierte poco, produce menos y trata de realizar contratos de corto plazo para protegerse, no ya de los ladrones privados, sino de la mafia estatal, cuya voracidad por tener caja en base a la expoliación de la gente decente y laboriosa se transforma en la razón de ser de los funcionarios mafiosos de turno.

El ahorro, en este tipo de organización, es muy bajo y, generalmente, se fuga la exterior o fuera del alcance del Estado mafioso.

¿Quiénes progresan económicamente en una sociedad con un Estado mafioso? Los que aceptan las reglas de juego de la mafia y construyen alianzas con los mafiosos de turno para obtener rentas gracias al uso del monopolio de la fuerza que tiene el Estado. Son socios en el saqueo.

¿Quiénes pierden en una sociedad de estas características? Aquellos que pretenden jugar con las reglas de la honestidad y el respeto al cumplimiento de los contratos. Los que se niegan a formular alianzas con el Estado mafioso. ¿Por qué? Porque en una organización institucional de este tipo, el Estado mafioso y sus socios consumen lo que producen los que no aceptan entrar en esas reglas de juego. Los que quieren vivir bajo el Estado de Derecho, tienen que producir para mantenerse ellos y a los mafiosos asociados, porque estos últimos solo consumen, no producen.

En un país con estas características institucionales la pobreza crece y el ingreso se concentra en grupos reducidos, que son los mafiosos asociados. La brecha entre ricos y pobres tiende a ampliarse cada vez más.

Dentro de la amplia literatura que trata el tema del crecimiento económico y las instituciones no se han encontrado casos en los cuales un Estado mafioso haya generado prosperidad en la población. Por el contrario, son muchos los ejemplos de países que, a lo largo de la historia, pasaron de la pobreza al crecimiento y el bienestar de la población gracias a que el Estado se ocupó de usar el monopolio de la fuerza para establecer el Estado de Derecho, bajar los costos de transacción, reducir la incertidumbre y generar inversiones con la consiguiente prosperidad de su población.

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