Los costos de un mal cálculo

Por: Ricardo Kirschbaum

Kirchner está enojado con la nueva realidad conformada en las elecciones que perdió en junio. Acusa a Cobos, elegido por él como compañero de Cristina, y a Redrado, nombrado por él en el Banco Central, y a los medios (principalmente a Clarín) de una vasta conspiración contra el Gobierno. La Presidenta añadió a parte de la Justicia en este estado de subversión.

El objetivo de estas denuncias es tratar de disimular los gruesos errores cometidos en este intento de apoderarse de parte de las reservas. El centro de la denuncia es Cobos, cuya figura no cesa de crecer impulsado por la ira oficialista. El vicepresidente debe agradecer diariamente los favores que el kirchnerismo le hace a su carrera. Para Kirchner no hay nada peor que su ex compañero de ruta. Elude acusar a cualquier peronista disidente por temor de convertirlo en figura.

Pero los pataleos oficiales no han podido modificar la grave crisis abierta con el Banco Central. Ahora están reconociendo que el uso de las reservas para pagar la deuda, tal como ha sido planteada por el DNU de la polémica, tiene el riesgo del embargo. Se lo habían advertido Redrado y los abogados pero sólo cuando les llegó la señal del juez neoyorquino, debieron admitir ese peligro. Es muy grave confundir la terquedad con un acto de poder. El resultado está a la vista.

Cuando el funcionamiento del Congreso o de la Justicia es equiparado a una conspiración estamos frente a una peligrosa visión paranoide de la realidad. Es lo que está ocurriendo.

El Gobierno quiso usar las reservas para pagar la deuda y volcar a la política el dinero asignado en el presupuesto para ese fin. Hasta ahora han fracasado: los responsables de esta maniobra llevaron a Cristina a esta encerrona.

¿Quién pagará el costo de este mal cálculo?

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