Costos y beneficios de subirse a un avión

Para Cristina, el viaje a China era una complicación. Para Schiaretti, el viaje a España fue una solución. No tiene margen para decir una palabra de la crisis del Central. Roberto Battaglino.
El viaje de Cristina Fernández de Kirchner a China, hace más de un año que se está organizando al máximo nivel diplomático. Una rencilla doméstica cancela la gira presidencial a uno de los principales mercados de Argentina.

Claro está que la política nacional tiene tantas particularidades que el vicepresidente, segunda autoridad de la República, es el principal candidato de la oposición.

O sea, desde donde se mire, nadie tiene autoridad para reclamar institucionalidad y previsibilidad. De hecho, desde el domingo que miramos y comentamos la imagen chilena de Sebastián Piñera y Eduardo Frei compartiendo, en familia, el anuncio del resultado electoral. La Presidenta le puso ayer un ingrediente para ayudar a entender por qué nos sorprende tanto: así como ella y su esposo no dialogan con nadie ni toleran divergencias, ningún candidato opositor levantó siquiera el teléfono en las dos últimas elecciones presidenciales para saludar a sendos integrantes del matrimonio santacruceño por sus triunfos.

Rara vez tantos males tienen un solo culpable. Nuestro cada vez menor peso en la región y en el contexto internacional no pueden endilgarse únicamente a los últimos 10 años de gestión K. Más de uno ha puesto su granito de arena.

Así como la Presidenta no pudo armar sus valijas para partir rumbo a Oriente, al que le vino muy bien viajar a España fue al gobernador Juan Schiaretti. Apenas estalló el escándalo, el mandatario cordobés apeló a su frase predilecta: "No me corresponde a mí opinar". La usa tanto para responder sobre las canciones de José Manuel de la Sota como sobre el uso de reservas para pagar la deuda externa.

Más que no corresponderle, Schiaretti no tiene margen para opinar. Más allá de que los gobernadores hayan sido notificados de que, si no hay pago de deuda con reservas, ellos verán menguados los aportes de la Nación a las provincias, Schiaretti cerró 2009 con un acuerdo con los K. Y el acuerdo se viene cumpliendo. El Gobierno nacional envía las remesas para la Caja y el refinanciamiento de deuda, lo que le permite al Ejecutivo provincial cumplir con sus obligaciones sin sobresaltos.

El gobernador sabe que si abre la boca el acuerdo se puede caer como un castillo de naipes, con lo cual su futuro se tornaría sombrío.

El peso de Schiaretti en el Congreso es exiguo. Le responde sólo un legislador (el diputado Francisco Fortuna) de los 21 que representan a Córdoba. En tal sentido, la promesa de Fortuna de ir a una bancada anti-K está por ser guardada en ese cajón tan amplio en el que se suelen plegar las palabras de campaña.

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