El costo de la incoherencia

Algunos cambios operados durante la ultima semana parecieron casi imperceptibles al ojo del gran mundo mediático. Pero dejan traslucir una lectura de cambios que se registran respecto de determinados estilos y la contradicción entre el discurso y lo fáctico en la gestión de Scioli.

Uno de los datos más trascendentes fue tal vez el de la prórroga de la concesión del bingo en la capital bonaerense, dato este que abre un importante debate y no sólo por que se comprende un período más allá de su gestión, es decir hasta el 2020, sino porque otros actores importantes en la discusión como la Iglesia, quedaron a medio camino de una supuesta promesa del gobernador para atemperar la pasión lùdica de los bonaerenses y reducir así algún fanatismo fiscal recaudador.

La iglesia había denunciado, hace menos de un año, la sobreoferta del juego en territorio bonaerense. Lo había hecho a través de distintos documentos y con el mismo ímpetu con que ahora denuncia el incremento de la pobreza en la República Argentina.

Tal situación motivó algún revuelo en la Legislatura provincial donde varias iniciativas estaban a punto de plasmarse en ley. En su momento, Scioli contuvo y frenó esa dinámica legislativa que amenazaba con convertirse en una relación problemática con el Clero.

Diplomático, en su momento, escuchó a la representación clerical y hubo voluntad de diálogo, pero el consenso, a la vista de lo sucedido meses después, faltó a la cita.

Lo más contradictorio resulta sólo de hacer irresistible el propio archivo del mandatario. Meses atrás, Scioli había señalado públicamente durante un programa dedicado a los almuerzos televisivos que estaba dispuesto a cerrar el bingo de la capital bonaerense por motivos que, tal vez lo hacía coincidente en la filosofía expuesta por la Iglesia.

En tal sentido, había manifestado por aquel entonces que en la misma ciudad de La Plata se estaba produciendo una sobreoferta en juegos de azar.

Concretamente en enero de este año, es decir no hace mucho, Scioli le confesó a Mirta Legrand que coincidía con la postura de la Iglesia y afirmaba por aquel entonces que se vencía el permiso en La Plata y estaba "encaminado para no renovarlo".

No fue sólo eso, sino que añadía por demás convencido: "No quiero que la capital de la Provincia, una ciudad administrativa, una ciudad universitaria, tenga una sala de juego".

Abonaba a tal fundamentación una serie de conversaciones con un emblemático representante de la Iglesia como monseñor Jorge Casaretto y, envalentonado, también anunciaba destinos similares de cierre para Salas en Tigre y San Fernando.

En esta semana, y a años luz de una manifestación de coherencia, Scioli prorrogó la licencia por doce años, equivalente a tres mandatos de una gobernación.

No se conocen, a ciencia cierta, las motivaciones de tal cambio de actitud ante estas cuestiones. Lo cierto es que constituye una prueba más de que la palabra y la imagen van perdiendo su valor ante los hechos. Las declaraciones contemporizadoras y de compromiso quedan pendientes y con resolución lejana al consenso.

Algo similar había ocurrido con el campo, que después de contar con el tibio y simbólico apoyo de Scioli, recibió la dura cachetada de la reforma impositiva. Pero en este sentido, el gobernador decidió levantar el pie del acelerador. En esta semana se conocieron algunas modificaciones que no vuelven la cuestión a fojas cero, pero al menos aliviarían el esfuerzo para el sector agropecuario.

Esto, en buen romance sería retroceder un paso para no sacrificar la totalidad del avance que hubo con la propia reforma para el logro de una mayor recaudación. Y que tuvo, en momentos de su aprobación, ribetes de fuerte polémica con la oposición.

La necesidad de fondos frescos es más que una declamación. Es vital para el funcionamiento del estado y para sus necesidades de día a día. Además la situación entra en caminos de ebullición social con los nuevos reclamos gremiales, ya no por el pago de sueldos –especie que parece haber sido superada- sino por incrementos en esos haberes.

Por caso, los docentes ya reestrenaron las paritarias a menos de seis meses de la anterior en que se había resuelto un aumento que, se suponía, era combustible suficiente para llenar el tanque de las expectativas hasta fin de año.

El cálculo fue errado y los reclamos se renovaron. Se esgrime, desde algunas esferas sindicales, la devaluación del poder adquisitivo debido al costo inflacionario. Pero también que el 8,9% otorgado en promedio no se acerca, ni por asomo, al 18 o 19 % establecido para gremios de la producción a nivel nacional como el de camioneros.

La cuestión promete algunos días más de situación controlada en cuanto a que el agua no llegue al río. Scioli parece tener margen para maniobrar en medio de un caso que acapara la atención nacional como es el conflicto de la Kraft.

Sin embargo, no todo promete permanecer en el tiempo. Si no se contiene a tiempo la discusión por medio de ejecutores con buena cintura política, la complicación podría estar a la vuelta de la esquina.(www.agencianova.com)

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