El costo del factor Kirchner

Por: Joaquín Morales Solá.

José Scioli era el funcionario encargado, entre otras misiones clave de la administración bonaerense, del seguimiento de las encuestas sobre la imagen de su hermano.

Ya sea porque afinó su sensibilidad política en los últimos tiempos o porque prevaleció el natural afecto por su hermano, lo cierto es que este Scioli fue el primero en advertir que el otro, Daniel, se derrumbaba en la misma medida que seguía ciegamente cualquier estrategia de Néstor Kirchner. José Scioli luchó hasta el último minuto, por ejemplo, para que Daniel no se convirtiera, en las elecciones de junio, en el único gobernador peronista que aceptó esa exótica estrategia del ex presidente que consistió en crear candidaturas virtuales. No logró nada. Daniel Scioli quedó inscripto así entre los políticos que testimonian su lealtad a un líder, pero no a la sociedad que los votó.

Otro problema que advirtió José Scioli es que la reforma política bonaerense había transparentado una noticia grave: los barones del conurbano no quieren compartir su suerte con Kirchner. Y Daniel Scioli los obligó a hacer lo que no querían.

Sin embargo, el problema del gobernador no es su hermano, que ayer debió ser bajado de un acto que organiza para el lunes el kirchnerismo crítico. Uno de los organizadores, Alberto Fernández, tuvo que recordarle a José que, le guste o no, su hermano sigue siendo gobernador.

El problema crucial de Daniel Scioli es el laberinto en el que él mismo se metió: la provincia tiene crecientes conflictos financieros, Kirchner puede ayudarlo cada vez menos y el gobernador no junta coraje (y nunca pudo juntarlo) para tomar distancia del ex presidente.

Tampoco Kirchner tiene la culpa de todo. Sólo empuja al gobernador con notable eficiencia en la mutua caída en las encuestas. Los otros asuntos que afectan a Scioli son errores propios. ¿Qué experiencia como sanitarista tenía Claudio Zin, un divulgador televisivo de la medicina básica, para ser ministro de Salud? ¿Qué experiencia acreditaba como funcionario público?

Por acción o por omisión, la cartera de Zin quedó enredada en la investigación judicial por la producción y tráfico de efedrina. Zin no hizo ningún aporte valioso, que se sepa al menos, a la solución de los conflictos reales de la salud. La fama tiene sólo el efecto inicial de un resplandor. Nada más.

Con todo, el peor lodazal en el que chapucea el gobernador es el de la inseguridad. Muertes inútiles, robos a mansalva, accidentados perdidos entre pastizales durante semanas. La lista es inagotable. Agobiado, Daniel Scioli trató en los últimos tiempos de buscar un reemplazante para el ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, con el programa en la mano de un acuerdo político con la difícil policía bonaerense.

Es cierto que la crisis de inseguridad no se resuelve echando todos los días a un comisario y que la responsabilidad es más que nada política. Pero otra cosa son las soluciones como manotazos de desesperados, que sólo profundizarían el reino del delito.

El próximo año amenaza con ser atroz para los números fiscales de Buenos Aires. Un ministro bonaerense respiró aliviado hace pocos días porque se enteró de que la provincia conseguía dinero para los sueldos de diciembre. ¿Y enero? Tierra incógnita.

Esa perspectiva pegotea a Scioli cada vez más a Kirchner. Pero Kirchner podrá ayudar sólo con unos pocos calmantes para tantos dolores. Es la idea que José Scioli intentó en vano trasmitir a su hermano en los últimos tiempos: que Kirchner pague la penuria económica. Ayer dijo basta.

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