El costo de la desobediencia

Por: Ricardo Kirschbaum

El Gobierno está cosechando lo que sembró. La lectura del fallo de la Cámara sobre los aeronavegantes es aleccionadora porque deja expuesta, negro sobre blanco, la torpe manipulación oficial para sostener a una fracción sindical adicta. El oficialismo tendrá sus razones para haber hecho lo que hizo, pero los responsables de ese manejo le hicieron pagar un fenomenal precio a Cristina Kirchner. La Presidenta y Néstor Kirchner no pudieron desconocer la gravedad de desacatar a la Justicia, como lo ha explicitado el jefe de Gabinete.

La Cámara condenó la actitud renuente "cuando no de franco alzamiento" del Poder Ejecutivo al no acatar las decisiones de la Justicia y proteger, así, a un sector sindical vinculado a Hugo Moyano. El agudo texto de la mayoría de la Cámara también golpea al Ministerio de Trabajo, que demostró oficio para estirar plazos, interpretar situaciones y permitir la continuidad de una conducción que había sido derrotada en las urnas pero que seguía a pesar del "grosero fraude", según los jueces. También atendió a la cartera de Justicia.

Algún estímulo importante habrá determinado que Aníbal Fernández asumiera explícitamente la responsabilidad de desobedecer a la Justicia en este caso. Y en erigirse en contralor de la constitucionalidad, un desvío de una concepción autoritaria cada vez más marcada en el Gobierno.

Lo sorprendente fueron las razones de Fernández, entre ellas la necesidad de no introducir el conflicto sindical en las líneas aéreas. Aníbal es ocurrente pero a veces cae en el ridículo.

Los jueces demolieron uno a uno los argumentos oficialistas. Y al mismo tiempo la oposición planea un juicio político al jefe de Gabinete.

Hoy deben cumplir la sentencia: ¿se podrá?

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