La cosecha de trigo fue la peor en 11 años

La producción sólo alcanzó 910 mil toneladas, 69% menos que la registrada el ciclo anterior, cuando llegó a 2,94 millones.
La producción de trigo en la provincia ratificó que la actual campaña agrícola no tiene, al menos hasta ahora, al clima como amigo. La sequía que soportó el cultivo desde la siembra hasta el llenado de grano es la principal razón por la cual los productores cordobeses levantaron la menor cosecha de los últimos 11 años. De acuerdo con los datos proporcionados por el Ministerio de Agricultura de la Provincia, el volumen recolectado alcanzó 910 mil toneladas, 69 por ciento menos que el registrado en el ciclo anterior, cuando la producción triguera llegó al récord de 2,94 millones de toneladas. Para encontrar una cifra más baja hay que volver en el tiempo hasta el calendario 1997/98, cuando la trilla reunió a 535 mil toneladas.

"Aún hay que ajustar los números finales, pero no va a variar demasiado el resultado, se podría llegar al millón de toneladas. Pero lo concreto es que la falta de agua fue la principal limitante que tuvo el trigo durante todo su ciclo", comenta Luis Pizarro, del área de Estimaciones del Ministerio de Agricultura de la Provincia.

La merma de dos millones de toneladas respecto al ciclo anterior representó para Córdoba una pérdida de ingresos por un valor bruto de 350 millones de dólares (si se considera un valor promedio FOB libre de retenciones durante diciembre pasado de 175 dólares la tonelada).

La baja producción tampoco tuvo a un aliado en los precios, durante la cosecha. En relación con diciembre de 2007, el valor promedio FOB para el trigo argentino en el último mes del año pasado fue 40 por ciento menor.

A nivel nacional, el panorama no es mejor. Cuando sólo restan por cosecharse algunos lotes en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, la producción nacional rondaría los 8,8 millones de toneladas, la más baja de las últimas dos décadas y sólo superada por la zafra 1988/89 con 8,54 millones de toneladas.

Mal desde el inicio. Desde un comienzo, la campaña no fue sencilla para el trigo. Al momento de decidir la siembra, en junio pasado, el conflicto del campo y la incertidumbre que generaba la intervención oficial sobre el mercado de comercialización le quitaron incentivos al negocio.

Pero el principal condicionante fue la falta de agua almacenada en el suelo. El déficit de 200 milímetros que mostraba la provincia redujo a la mínima expresión el área sembrada.

De las 900 mil hectáreas estimadas en un comienzo, la superficie implantada cayó a 643 mil, 38 por ciento menos que el año anterior. Pero el poco trigo que se logró sembrar tampoco la tuvo fácil. La falta de agua hizo que su estado se fuera deteriorando mientras se aproximaba a su madurez. Según registros del Ministerio de Agricultura, en julio 43 por ciento del trigo sembrado presentaba buenas condiciones; 47, un estado regular y sólo 9,78 por ciento fue calificado como malo. En diciembre, época de cosecha, las proporciones se invirtieron: sólo 9,44 por ciento tenía un estado bueno; 54, regular; y 36 por ciento, malo. La magnitud del daño se reflejó en el rinde por hectárea que cayó 40 por ciento.

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