Una cosecha agridulce para el campo

Una cosecha agridulce para el campo
A pesar de que consiguieron avances en políticas sectoriales y un nuevo interlocutor con el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, los principales pedidos de los dirigentes aún están pendientes: retenciones, exportaciones y el rol de la ONCCA .
Entre tanta declaración sin sordina, tanta reunión poco útil en despacho oficial, mientras el tren del conflicto entre las entidades agropecuarias y el Gobierno sigue con su vaivén, incómodo, el 2009 dejó lo suyo. Hubo promesas y reclamos. Cambios y permanencias. Hechos concretos, al fin, que ordenan, en un mismo acto, el balance del año que pasó y la agenda de discusiones del año que recién empieza.

Un trabajo, distribuido ayer, del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina sirve como guía acerca de los puntos que el sector agropecuario considera que pudo lograr; de aquello que, si bien fue anunciado –y podría anotar entre los logros–, aún no funciona; y de lo que falta para satisfacer las demandas centrales de los ruralistas.

"El trabajo se hizo sobre la base de los reclamos de la Mesa de Enlace al Gobierno y sobre los anuncios que el mismo Gobierno hizo. Y a modo de conclusión dejar ver que no se pusieron en marcha casi la totalidad de las medidas que precisa el agro para recobrar confianza y previsibilidad", estimó Ernesto Ambrosetti, economista jefe de Sociedad Rural.

Aun así, los del campo tuvieron cosas para festejar, que el documento no pasa por alto. En primer término, el gobierno nacional decidió la transformación de la Secretaría de Agricultura en un ministerio –un viejo anhelo de la dirigencia rural–. Y hasta allí llegó el bonaerense Julián Domínguez, auspiciado por sus comprovincianos Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, con la promesa, nunca explicitada, de conseguir una disminución de la influencia en el área del secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Algo que, por ahora, no termina de ocurrir, según las entidades agropecuarias. El rol del ministro Domínguez aparece entonces con una expectativa poco favorable: "No tiene espacio político suficiente para la toma de decisiones", dice el documento de SRA.

La otra gran conquista, según el trabajo, es la declaración de emergencia y/o desastre agropecuario a nivel nacional de todas las regiones afectadas por factores climáticos, y la reprogramación de los créditos vencidos y por vencer durante el período de la emergencia y el financiamiento para recomponer el capital de trabajo. La segunda parte no rige a rajatabla, pero su funcionamiento está en proceso y va ligado a la decisión del Banco Nación de analizar caso por caso las distintas situaciones, y lanzar una línea de crédito para promover la siembra de trigo. Un último punto a favor es, según el trabajo en cuestión, la creación de un ámbito específico de discusión sobre las economías regionales, casos en los que se avanzó en ovinos, algodón y ajo.

Hay una lista también de las políticas públicas que –a juzgar por la SRA y las entidades que nuclean a los ruralistas– no dieron resultados. Enumera que no sirvieron los acuerdos para darle precio pleno al productor de trigo y maíz, ni la garantía de que el productor lechero cobre un precio mínimo de 1,25 pesos por litro de leche. Y otra lista de aquellos anuncios no efectivizados: no se implementaron las compensaciones para los novillos pesados ni los incentivos para la cría de ganado, tampoco se pusieron en marcha –aunque Domínguez lo anunciaría en los próximos días– la devolución de los derechos de exportación para productores pequeños y medianos de trigo y maíz.

Entre las pretensiones de los ruralistas aún no escuchadas está el rol de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA) que pretenden que se remita a la fiscalización; la apertura de exportaciones para cereales y carnes (y por ende la eliminación de las intervenciones accionadas por Moreno); la ampliación de los recursos que maneja la Subsecretaría de Desarrollo Rural (que hoy rondan los 260 millones de pesos); y, previsiblemente, la baja de las retenciones a la soja (que se aspira a colocar en un 10 por ciento menos).

Ambrosetti ante Crítica de la Argentina calculó que 2010 será otro año sin inversiones y, por ende, "sin generación de trabajo genuino", y que volverá a haber cifras con depresiones fuertes en maíz y trigo. Admite, sin embargo, que también será un año récord, pero sólo para la soja. "El Gobierno es adicto a la soja. Cuanta más soja se haga más recursos tiene. Por eso la impulsa. Va a haber unos cincuenta millones de toneladas", advirtió

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