Una cosa de Loco.

CHILE 0 - URUGUAY 0: Chile era más, hasta que se quedó con diez, y Bielsa empezó a hacer de la suyas: metió a Iturra y lo sacó ¡ocho minutos después! La Roja perdió la línea y Uruguay casi lo gana...
Nuestros hermanos chilenos andaban -y andan- Locos con Marcelo Bielsa, y lo bien que hacen. Les cambió la cara a los jugadores, los convenció de que el atrevimiento no es suicidio y que el pizarrón no muerde. Y ahí anda Chile, peleando los lugares de arriba para ir a un Mundial después de Francia 98. Ahora bien, en el medio de la luna de miel, apareció el otro Bielsa, el que no tiene límites para intervenir con sus decisiones tácticas en el desarrollo de un partido, como si no confiara, en el fondo, en la capacidad de adaptación de sus dirigidos. El asunto fue así: Chile era dueño del partido, tenía fluida circulación de balón por las bandas, Matías Fernández se le escapaba a Diego Pérez y abastecía a los de arriba. No estaba ganando porque Isla falló cara a cara con Viera, y porque Alexis Sánchez metió un frentazo en el travesaño.

Cosas del fútbol, el mencionado Isla se pasó de vueltas y metió la patita cuando minutos antes había sido amonestado. Roja y a las duchas. Entonces, Marcelo apeló al laboratorio. Metió a Iturra (volante derecho nato) para ocupar el lugar del expulsado, y para eso sacó a Beausejour (volante izquierdo). Para equilibrar el equipo, hizo bajar a Mark González, un especie de Kily ídem (mediocampista venido a extremo zurdo) y listo.

Eso fue a los 38' del PT. De ahí en adelante el partido se equilibró, pero Chile seguía, aún con uno menos, preocupando a un Uruguay demasiado enfocado en el empate. Pues bien, la sorpresa se dio tras el descanso. El pobre Iturra -de apenas ocho minutos en el campo- se quedó afuera y en su lugar entró Cereceda, un volante izquierdo. Iturra no estaba herido de muerte ni había sido un desastre. Al parecer, el cambio fue porque Tabárez hizo ingresar a Alvaro Fernández (conste que no es el nuevo Francescoli) y necesitaba que alguien lo marcara. En fin, el asunto fue que Chile sintió tanto manoseo de nombres y cambios posicionales que perdió seguridad en sí misma, y aflojó la intensidad de sus intenciones. Acaso Alexis Sánchez, solo y sin compañía, fue el único que insistió.

Para colmo, el viejo Maestro le complicó más la noche y le puso un tercer delantero (Abreu) para obligar a Bielsa a pasar a defender con cuatro. "¡Cereceda, atrás!", se escuchó, clarita, la orden del Loco. Así, el ST fue todo Celeste, que no ganó porque le faltó sangre fría para definir, y porque Bravo le tapó un zapatazo a Forlán y un tiro a quemarropa de Suárez. Igual, el punto le sirve a Chile, porque sumó pese a jugar una hora con uno menos, y porque se despega un poquito de Argentina y mantiene distancias con el equipo uruguayo, en una tabla de posiciones que amontona ilusiones en pocos puntos. Por eso, Uruguay lamentará en el futuro no haberse llevado tres puntos de Santiago.

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