La Corte reclamó la radarización de Salta para frenar los vuelos narcos

La Corte reclamó la radarización de Salta para frenar los vuelos narcos
La máxima autoridad judicial del país se hizo eco de un pedido de la Justicia salteña, que se queja por la falta de recursos para combatir el narcotráfico, y le envío una carta al ministro de Seguridad, Julio Alak, para que tome medidas.
La Suprema Corte quiere terminar con el vuelo rasante de los narcos que lanzan toneladas de cocaína desde el aire en el norte argentino. Así lo dejó claro en una carta dirigida al ministro de Justicia, Julio Alak, Ricardo Lorenzetti, presidente de la máxima autoridad judicial del país. En la resolución, la Corte patea el tablero por segunda vez después de la acordada en la que despenalizó la tenencia de drogas para consumo personal y el zamarreo al Gobierno para que defina una política de drogas por ahora inexistente: exige "medidas urgentes" para radarizar la frontera norte, tras un reclamo de los jueces de Salta a la propia Corte. El caso que hizo llegar la queja a la oficina del ministro partió del Juzgado Federal 1, subrogado por Julio Bavio, un magistrado que lleva una causa en la que se secuestraron casi ochocientos kilos de cocaína que habrían sido tirados desde aviones provenientes de Bolivia en la zona de Metán.

La situación no es nueva. Crítica de la Argentina ha contado la historia de los vuelos clandestinos y su siembra de cocaína en más de una ocasión. Los campesinos del triángulo que se forma con los límites que unen a las provincias de Salta, Tucumán y Santiago del Estero han sido testigos de cómo llueve la droga sobre sus cabezas, y cómo las avionetas –en general Cessna biplazas– rozan los techos de sus ranchos, espantan a los animales y dejan caer cargamentos en los campos despoblados. En una investigación publicada este año, este diario consignó que dos fuentes de la justicia federal de Salta y Santiago del Estero, tres campesinos del Mocase que ven cada día los vuelos y la propia Gendarmería Nacional coincidían: el tráfico por aire se multiplica. "Ya pasa más cocaína por los vuelos clandestinos que por tierra", dijo un comandante de la fuerza. "Desde esa frontera hacia Buenos Aires se relajan los controles y es más fácil andar por tierra", aclaró un funcionario que hace diez años trabaja en la justicia federal.

El reclamo por los radares había sido presentado por el juez Julio Bavio, titular del Juzgado Federal Nº 1 de Salta, en una nota dirigida el 26 de agosto último a la Cámara Federal de esa ciudad. Los camaristas a su vez enviaron una comunicación a la Corte, el 8 de septiembre, en la que pidieron la intervención del máximo tribunal nacional para gestionar "ante los poderes públicos la implementación de las medidas solicitadas". En su carta, Lorenzetti cita el pedido de la Cámara, al que accedió Crítica de la Argentina. En él, los jueces les dicen a los supremos que si bien saben que radarizar no es un asunto del Poder Judicial, "lo que aquí se requiere se inscribe en lo dispuesto recientemente por la Corte" en el fallo Arriola, en el que se "exhorta a todos los poderes públicos a asegurar una política de Estado contra el tráfico ilícito de estupefacientes".

El oficio que el juez Bavio mandó a la Cámara Federal comienza citando lo que este diario denunció hace meses: "A fin de trasmitirle –explica– mi inquietud en razón de los últimos hechos de público conocimiento y que los medios de comunicación denominaron ‘lluvia de droga’". Bavio describe con detalles la situación del norte: denuncia que "las avionetas sobrevuelan de manera ilegal el territorio provincial –con seguridad también en las provincias vecinas– en especial el departamento de Anta, y que son piloteadas por grupos organizados de narcotraficantes". Al mismo tiempo el juez alertó que aunque se secuestra droga y que se ha detenido a algunos de los peones narcos que levantan la mercadería tirada desde los aviones "no se logró establecer la identificación de los sujetos y aeronaves que realizan los mencionados vuelos".

La queja que Lorenzetti hace finalmente llegar al gobierno nacional respeta en todo la queja inicial de Bavio. El juez salteño advierte que "los controles y equipamientos técnicos en las fronteras del país no son los adecuados". Y como ejemplo da un caso en el que él mismo trabajó: el de los 781 kilos de cocaína secuestrados en dos tandas en julio pasado. El jueves 16, cerca del pueblo de Apolinario Saravia y por casualidad, un policía que iba en moto vio un movimiento raro. Eran tres tipos en una camioneta levantando algo que había caído de un avión. Cuando los detuvieron, por puro azar, resultaron ser el ex comandante de Gendarmería Nacional, Jorge Martín Dubiel, junto a Héctor Cardozo y Juan Lazarte. Cuando los agarraron intentaban sacar unos 291 kilos de cocaína de un campo desierto. Casi una semana después apareció otra camioneta, en una estación de servicio de Metán. Resultó ser propiedad del mismo Dubiel y en ella había más de cuatrocientos kilos. El personaje estaba en la mira por tráfico hacía un tiempo. Había sido echado de Gendarmería Nacional en 2001 por "enriquecimiento incompatible con su cargo en la fuerza". De hecho son varias las propiedades que ahora investiga el juez Bavio: desde casas en San Juan, hasta un negocio de venta de cabañas en Rosario de la Frontera, otro de sanitarios e hidromasajes y una panadería en Salta llamada Pan Caliente.

TRES EJEMPLOS DE CÓMO EN SALTA LLUEVE LA DROGA.

Agua amarga. En mayo del 2008, en el límite entre los pueblos de Agua Amarga y Quiscaloró, los vecinos vieron que los bultos caían sobre el caserío. El cálculo del piloto falló: apenas dos kilómetros más allá, había dos camionetas esperando la carga, pero llegaron antes los lugareños y la policía y cosecharon cien kilos de droga. Los que iban en las 4 x 4 fueron detenidos. El caso deja claro cómo se controla el asunto: la mayoría de los hallazgos son errores de los narcos, casos de flagrancia, ya que la capacidad de investigar de las fuerzas de seguridad es inferior a la de las organizaciones narco que se comunican con teléfonos satelitales, usan GPS y tienen un presupuesto millonario para sortear obstáculos. "Estamos en franca desventaja. Ellos no tienen que hacer licitaciones para comprar aparatos", bromeó ante Crítica de la Argentina el comandante mayor Julio César Leguizamón, a cargo de todo el Norte argentino por Gendarmería.

Mollinero. En la fiscalía federal de Salta investigan un caso extraño. En abril de este año, un peón de la finca San Carlos, una enorme plantación de soja cercana al pueblo de Mollinero, a unos 70 kilómetros de Rosario de la Frontera, se topó dos veces en un mes con un cargamento que había sito tirado desde el aire. Primero, a mediados de abril, encontró bolsas de arpillera con 54 kilos de cocaína. Luego, a comienzos de mayo, encontró otra bolsa, que tenía 32 kilos. Los campesinos de la zona habían visto una avioneta desconocida que no era la que suele fumigar esos campos. También declararon que hubo camionetas rondando el lugar durante una tarde. "Suponemos que se les rompió el GPS y se equivocaron al lanzarlas, o que como la soja estaba muy alta, no pudieron encontrarla. Creemos que, como es época en que se levanta la cosecha y de esa zona salen cientos de camiones con soja, era propicio para que la droga saliera camuflada buscando el puerto de Buenos Aires", le dijo a Crítica de la Argentina un investigador.

Nueva Esperanza. En diciembre, una patrulla de la Gendarmería hizo una guardia de cuatro meses en un punto de la ruta cercana a Nueva Esperanza. Hasta que aterrizó una avioneta cargada con 300 kilos de cocaína. Iba tripulada por un piloto boliviano de 42 años que cobró diez mil dólares por hacer un viaje que suele valer 300. Había salido del aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra, un centro vital para las rutas narco desde donde también salen cargados hacia Paraguay, Brasil y Uruguay, con sistemas de bombeo y bidones para recargar combustible en el aire y hacer tramos más largos. El gendarme siguió de cerca el hallazgo. Creyó que lo habían tirado pero la investigación dice lo contrario. Al mediodía del 27 de abril, dos avionetas aterrizaron en el camino, una blanca y una roja. Luego una salió rumbo al Norte, la otra hacia el Sur.

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