Le cortaron las piernas

LIGA DE QUITO 2 - VELEZ 1: Vélez estaba para 2-0 en un tiro de Moralez que pegó en el travesaño. Desde ahí, Liga creció y lo dio vuelta.
No alcanzó. El esfuerzo y la inteligencia para jugar estuvieron, pero hubo un momento en que se hizo insostenible, en el que aguantar a Liga que se venía y se venía fue imposble. Suele decirse que en la altura, los ecuatorianos se matan en los últimos 20... Y sí, el segundo gol, el del triunfo y la clasificación, fue a los 28 minutos.

Vélez había entendido que la mejor forma de conseguir ese gol que obligaría más a Liga, era aprovechar los primeros minutos, cuando el mano a mano físico se presentaba como parejo. Había que ir a buscar el partido, controlándolo lejos del área propia y, sin hacer grandísimos esfuerzos que ahogaran el fuelle, presionar a los del medio, quitarles la pelota y verticalizar. El gol debía llegar lo más rápido posible para cambiar el eje de las necesidades. Y Vélez lo logró con sacrificio, orden y fútbol, porque más allá de las cuestiones físicas y anímicas, el gol de López llegó tras una excelente habilitación de Moralez para Papa y un mejor centro de éste para que el yorugua goleador abriera el pie y convirtiese el 1-0. Liga estaba desconocido, nada que ver con el que aplastó en Casa Blanca a Lanús, ni siquiera se parecía al austero equipo que se trajo un puntazo de Liniers. Como si no le agarrara la mano al partido, algo que, en realidad, era ni más ni menos que sorpresa. La que le provocó Vélez y su audacia para salir a buscarlo, para cambiarle el libreto que habitualmente usan quienes visitan la altura, el de ver qué pasa, el no regalar aire en un lugar donde suele escasear.

Cayó en el momento justo el gol de Rorro, porque se jugaban los últimos minutos del primer tiempo y cualquier reacción de los ecuatorianos quedaría cortada por el pitazo. El entretiempo, además de un cuarto de hora de descanso, de respiro, permitió un reajuste de tuercas. Ya no sería tan necesario quemar energías con el ímpetu de buscar el gol que abriera el camino, esa polenta debía concentrarse en mantener cerradito al equipo de mitad hacia atrás, a correr para evitar el resquicio por donde se filtrara el constante avance que tendría Liga en su desesperación por descontar. Si entraba ese remate de Moralez, que recorrió casi 50 metros y se estrelló en el travesaño, la bocanada de aire hubiese sido amplia y contundente. Pero no entró, y como en un sube y baja de plaza, Vélez empezó a descender y Liga a levantar. Y el partido tomó la forma imaginada en la previa, con los ecuatorianos yendo y ganando. Ya no había piernas para el empate.

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