Corrupción policial desde adentro

Corrupción policial desde adentro
A Juan José Raffo lo pasaron a disponibilidad y salió a revelar las cajas negras de la fuerza. Desnuda la recaudación ilegal con el juego clandestino.
Con la misma estructura de la novela negra, que surgió en Estados Unidos después del New Deal, la policía santafesina comenzó a escribir esta semana un capítulo al estilo de Raymond Chandler o Jim Thompson. La mayoría de los protagonistas del libro son policías en actividad, muchos de ellos con altos cargos en la fuerza y, en el medio un prófugo: Roberto Pimpi Camino, ex líder de la barra brava de Newell’s, con el que se cruzan historias donde la corrupción es el hilo conductor de la trama.

La novela, cuyo argumento no tiene nada de ficción sino todo lo contrario, comenzó a volcarse al papel hace dos semanas cuando la Dirección de Asuntos Internos de la Policía inició un sumario contra el oficial auxiliar Juan José Raffo, quien fue pasado a disponibilidad el martes pasado por la Unidad Regional II. El efectivo, de 33 años, que estaba afectado en la Inspección 3º, bajo el ala del comisario Jorge Wollschlejel, está siendo investigado por el juzgado de Instrucción Nº1, a cargo de la jueza Roxana Beatriz Bernardelli –tras una serie de denuncias anónimas– por robo e incumplimiento de deberes de funcionario público. La Fiscalía Federal Nº 3 sigue una causa (también por una denuncia anónima) por supuesto tráfico de drogas junto con Pimpi Camino en la zona sur. Y Asuntos Internos inició además un sumario contra el policía por supuesto enriquecimiento ilícito.

Tras ser notificado del pase a disponibilidad, Raffo se presentó en la Jefatura de Policía con un escrito de ocho carillas en el que no sólo salió a defenderse de las acusaciones que existen en su contra –sostiene que son causas inventadas para sacarlo del medio–, sino que también lanzó acusaciones muy fuertes contra la conducción de la fuerza en la Unidad Regional II.

Es la primera vez que un oficial de la policía en actividad pone nombres y apellidos, cifras y montos a la corrupción que siempre se sospechó que imperó en la fuerza.

CON NOMBRES Y APELLIDOS. Raffo decidió contraatacar. Y como principal estrategia utilizó acusaciones que involucran a altos mandos de la URII, entre ellos al subjefe Miguel Ángel Rodríguez. El policía que fue pasado a disponibilidad argumenta que sufre una “persecución” por haber sido el único efectivo de la policía que incriminó en un delito a un integrante de la familia Camino. Y fue puntualmente tras el asesinato de Sebastián Galimany en Alice y Lamadrid, el 19 de enero pasado, en las inmediaciones del Fonavi donde reina la familia Camino, cuando empieza a delinearse la trama.

En diálogo con Crítica de Santa Fe, Raffo relató que después del homicidio del joven fue a entrevistar en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) a Facundo Simois, quien sobrevivió de milagro al tiroteo de aquel lunes. Tras varias idas y vueltas del testigo, que había sido operado a causa de los dos disparos que recibió en el abdomen y en una pierna, Raffo dijo que logró que Simois accediera a declarar. Hasta ese momento, la misma policía había hecho rodar la versión de que el homicida de Galimany era un menor apodado “666”, a quien lo calificaban como el “sicario” del clan Camino.

La investigación del hecho la llevaba adelante la seccional 11º, a cargo en ese momento de forma interina del subcomisario Gustavo Bella, la Brigada de Homicidios, y bajo jurisdicción de la Inspección 3º, que estaba conducida por Marcelo Casajus. Raffo dijo que sus superiores intentaron que “no le tomara testimonio” a la víctima que había sobrevivido al ataque y era el único que sabía quién había matado a Galimany.

“Simois me brindó un detalle de todas las circunstancias en las que se sucedieron los hechos (el crimen) y me indicó que el autor de los disparos fue Jonathan Camino, conocido como Chamí, hijo del ex jefe de la barra brava de Newell’s”, contó. En su escrito, el oficial narró que en el Heca le entregó al subcomisario Bella la declaración del testigo. Después, según Raffo, “en vez de recibir palabras de aliento y agradecimiento de mis superiores, el comisario mayor Rodríguez –por esos días a cargo de la Unidad Regional II, por licencia del jefe Osvaldo Toledo– me hizo conocer su descontento por intermedio del inspector Casajus, cuestionándome porqué yo había tomado esa declaración”. “Le hice saber (a Rodríguez) por intermedio de Casajus que la familia del joven se sintió contenida en mi persona y no en otros que se presentaron a dialogar con él”, señaló. “Nadie quería incriminar al hijo de Pimpi. Eso está claro”, interpretó el oficial pasado a disponibilidad. Aún sigue impune el crimen de Galimany, que investiga la jueza de Instrucción Nº2, Alejandra Rodenas.

El 26 de enero se produjo el intento de copamiento de la barra brava de Newell’s, liderada por Pimpi, quien –secundado por sus hermanos Tato y Juan– arribó al club junto con unos 60 matones que provocaron serios disturbios en las instalaciones del Parque. Raffo describió en el documento que entregó a Toledo el martes pasado –al que tuvo acceso este diario– que media hora después de que ocurrieran los incidentes se presentó en Newell’s. Se entrevistó con una empleada policial (de apellido Bentos), y tras pedir una máquina de escribir labró un acta de procedimiento en la que –según dijo– incluyó los nombres de los hermanos Camino, quienes desde ese día permanecen prófugos. “Al finalizar el acta se presentó el jefe de la Agrupación Unidad de Orden Público, inspector David Benavente” e ingresó “el comisario mayor Rodríguez, quien me llamó y me manifestó que me dejara de hacer el súper policía, porque con la imputación al hijo de Pimpi ya le había hecho perder 50 mil pesos”, sostuvo.

Los papeles. A principio de febrero, contó Raffo, recibió un llamado a su celular de Gabriel Bahl, secretario de Benavente, quien lo citó a la Jefatura. Al otro día, el oficial se presentó en esa dependencia. Cuando lo hicieron pasar al despacho, el jefe de Orden Público le preguntó a Bahl: “¿Trajiste los papeles?”. “Benavente me dijo: ‘Raffo ,hace rato que venimos observando cómo trabajás y queremos que hagas algo para nosotros’. Sin saber de qué se trataba, le respondí que no había problemas. Me dejó en claro que esto lo había consensuado con sus superiores entendiendo que había hablado con el jefe y el subjefe de la unidad”, reveló el oficial en su denuncia.

Siempre según los dichos de Raffo, el inspector le dijo: “Esto te traerá mejoras para tu carrera”. Benavente sacó “unos papeles de uno de los cajones de su escritorio y le dijo a Bahl: ‘La lista que tenés vos de la Inspección 3º que dio el Oso –apodo del subejefe de la Unidad Regional II, Miguel Ángel Rodríguez– pasásela a Raffo, y tomá ésta de la zona céntrica y dictásela. Después salgan, presentále a la gente y explicále cómo son los sobres’”.

En esa oficina, Benavente le ordenó a Bahl: “Contá lo que me trajo (Nelson) Inneco y poné los 5.000 pesos en cada sobre, y dame lo que sobra que se los tengo que llevar al Oso”.

Raffo contó que después Bahl le dio lápiz y papel y le empezó a dictar “una serie de nombres y lugares y cantidad de dinero” que tendría que “recaudar”. “Me aclaró que en algunos había que ir una vez por mes, y en otros una vez por semana”, apuntó.

Benavente reapareció en la oficina, de acuerdo a la versión del oficial, y dijo: “Hablé con el Oso, y me dijo que después te va a llamar para que hagas con otra gente lo que le hace el cuñado (el oficial Facundo Lencina). Me dijo: ‘Ojo que esa es plata grossa y de la blanca’. Me aclaró que para eso tendría que tener un apodo como Facundo, al que se lo conoce como Culebra”. Luego, le expresó: “Andá tranquilo y volvé mañana que te presentamos a la gente y te decimos cuánto es lo que te quedará a vos”.

Raffo dijo que después se fue a su casa, pasó la lista en una computadora, y al día siguiente le comunicó a Benavente que no le interesaba la “tarea nueva que le querían asignar”.

Según el oficial, Benavente le contestó: —Pendejo pelotudo, tomátelas de acá y dejame esa lista antes de que te eche de la regional. Ya te vamos a dar un vuelto.

Unos días después, de acuerdo a la versión de Raffo, lo trasladaron a la seccional 19º. “Ahora me entero del pase a disponibilidad, que sigue siendo el vuelto que me prometió Benavente, con el apoyo del comisario mayor Rodríguez”, concluyó.

Extraño cruce de denuncias, un nextel y un supuesto sicario

En Asuntos Internos tenían apuntado a Juan José Raffo desde hace por lo menos tres semanas. Sospechaban que el oficial tenía vínculos con la barra brava de Newell’s y estaba manchado por otros delitos cuando se desempeñaba en la Inspección 3º. Pero el oficial arrepentido argumenta lo contrario: “Me armaron todo porque yo me abrí de esta mafia”.

Raffo fue pasado a disponibilidad el año pasado, luego de que avanzara en la Justicia una causa contra él por el supuesto robo de una puerta de cedro de una pensión de Zeballos 1018. Esa abertura habría aparecido colocada en el frente de su casa, a metros de la Jefatura.

“Raffo fue pasado a disponibilidad y presentó un escrito similar al de ahora y el jefe de la Policía en ese momento, Daniel Cáceres, le levantó la sanción”, relató una fuente que investigó al oficial. Mario Franco, jefe de Asuntos Internos, adelantó que se investigará porqué Cáceres levantó la disponibilidad luego de que Raffo presentara una denuncia.

A Raffo lo vinculan con otros hechos, como su relación con Milton Damario, quien tiene en su haber un par de homicidios. “Raffo lo sacó de la comisaría 16ª, donde estaba detenido, y después cometió varios delitos”, señalaron desde Asuntos Internos. El oficial pasado a disponibilidad dice lo opuesto: él fue quien detuvo a Damario. “Eso me lo inventaron en la seccional por una sencilla razón: un día me avisaron que los jefes de esa dependencia le habían pedido a los familiares de Damario 40 mil pesos para largarlo. De esto se enteró Wollschlejel y me dijo que fuera a la comisaría a ver qué pasaba. Cuando llegué a las 3 de la mañana me encontré que en la seccional estaban todos (los policías que se desempeñan allí). Esperaban la plata que estaba juntando la familia de Damario. Como les arruiné la transa me inventaron esto”, dijo. Hay otro hecho en el que también aparece manchado este oficial. El 1º de diciembre un agente de Unidades Especiales, que estaba “franco de servicio”, sorprendió a un sujeto que estaba robando en una casa en Saavedra al 2200. La policía detuvo por ese hecho a Ricardo Daniel Carrizo. En su nextel, según los investigadores, tenía agendado el número de Juan José Raffo.

Pimpi, un amigo de la casa

“A mí me acusan de tener relaciones con (Roberto) Pimpi Camino. El que me lo presentó al jefe de la barra brava de Newell’s fue el ahora subjefe de la URII Miguel Ángel Rodríguez”. “En el primer partido que Newell’s jugó de local el año pasado, el entonces jefe de la inspección 3º Miguel Ángel Rodríguez, y su secretario privado y cuñado Facundo Lencina, me dijeron que debía andar bien (con Pimpi) porque él maneja todo en la cancha”.

Crítica de Santa Fe se comunicó con Rodríguez para obtener su versión sobre las duras acusaciones que hizo Raffo. “Esto lo va a investigar Asuntos Internos. Se envió toda la documentación y ellos van a determinar la veracidad”, sostuvo, escueto.

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