De Corrientes a París, un destello de felicidad.

La Legión logró ya un triunfo saliente: Leonardo Mayer, surgido de la clasificación y debutante en un Grand Slam, batió a James Blake, el 15º favorito.
Leonardo Mayer le ganaba a James Blake por dos sets a cero y 4-1 en el tercero. Un palazo del norteamericano lo obligó a cruzar la base de punta a punta; apenas llegó, pero le pegó con el marco de la raqueta y la pelota fue a dar en el cuerpo de una señora, en la platea. El pibe, que apenas se levantaba después de quedar desparramado en el piso, la miró varias veces hasta asegurarse de que la mujer había visto y aceptado su gesto de disculpa. Tuvo esa consideración cuando estaba a un paso de la victoria de su vida, en medio de la abrumadora maquinaria superprofesional de un torneo de Grand Slam. Probablemente ninguna otra imagen pinte mejor el espíritu amateur, casi candoroso, de este muchacho correntino de 22 años, que apenas puede asumir lo que acaba de hacer.

Lo consumó un ratito después. En los registros quedó el 7-6 (8-6), 7-5 y 6-2. Eran las 21.18 y apenas quedaba luz razonable como para que continuara el partido en la cancha número 1, tal vez la mejor de todas para ver tenis en Roland Garros. Si perdía el juego con su saque, quién sabe si se habría decidido prorrogar la continuación para hoy, con todos los temores, especulaciones e incertidumbre que eso podía provocar. Los nervios que Mayer más tarde confesó haber sentido en ese momento no le impidieron cerrar el juego con autoridad, tanta como la que había desplegado durante todo el partido. Gritó, agitó un puño, miró a su entrenador, Emiliano Redondi. Movió el cuerpo con una torpeza emocionada: por un segundo no supo cómo festejar. No hay manuales para hacerlo cuando se debuta en un torneo de los grandes con un triunfo ante el número 16 del mundo.

Para el tenis argentino, Roland Garros es el teatro de los sueños. Para algunos, de los sueños alcanzados: en su medida así lo fue con los Squillari, los Puerta y hasta los Vassallo Argüello. Así lo es con el flaco Mayer, un habitante acostumbrado de challengers y clasificaciones. Desde la qualy , precisamente, fue el único argentino que se agregó aquí al cuadro principal. Entre el viernes, cuando ganó su lugar en el cuadro, y ayer, tuvo cuatro días para acomodarse en un escenario bien distinto a los que frecuenta. Capricho del destino, lo mandaron a debutar en la misma cancha donde en 2005 se coronó campeón junior de dobles, con Emiliano Massa.

Un rato antes entraba ahí como un desconocido; un rato después, lo arrinconaban en una salita de prensa periodistas norteamericanos que querían saber de dónde viene, quién es. Llegó casi directamente desde la cancha, con tal excitación encima que seguía hablando mientras traducían al inglés sus respuestas: "Fue duro, ¿eh?... Estaba nervioso. Muy nervioso". La película que comenzó hace años en el club Match Point, de Corrientes, con su profesor Rubén Ré, estaba pasándole por la cabeza a toda velocidad, mezclada con el imaginario alboroto que -pensaba- estarían viviendo allá sus padres Orlando y Estela (jugadores de club que casi sin saberlo fueron inculcándole el gusto por el tenis) y su barra de amigos. "Allá hay un montón jugando. Ahora hay uno que es muy bueno, muy bueno en serio: Agustín Bellotti", cuenta Mayer, ahora palabra autorizada para promocionar compañeros de ruta.

"De la nada empecé a jugar... De Corrientes a París, ¿eh? Sí, claro que es el triunfo más importante de mi carrera. Es algo nuevo. Venía viendo que algún día se me daría. Hoy se me dio. Estoy orgulloso, orgulloso de mí: de entrenarme mucho, de ir al gimnasio, de todo. Yo jugué para ganarle. Lo vi muchas veces antes, pero es otra cosa tenerlo enfrente. Algo así le pasó a él conmigo, no me conocía. Lo mejor que hice fue sacar, y arriesgar. ¿La cancha? No me asustó". Atajaba las preguntas al mismo ritmo que los tiros de Blake. "Sí, hoy ganamos todos muchachos del interior. Mejor para Argentina, mejor para Argentina".

Redondi está al lado de Mayer desde hace un año y medio. No era fácil calibrar quién de los dos estaba más emocionado. "Es increíble cómo manejó todo, con soltura, sintiéndose como si jugara todos los días con un rival así. Eso es porque últimamente ganó en confianza, cree en él. Leo da pasos firmes, pero lentos. Ahora espero más; vamos a ver con Haas. Todo es sumar y aprender que puede jugar de igual a igual".

El mencionado Haas, otro ilustre, es el próximo episodio en la incipiente aventura de Mayer. No piensa asumirlo como un simple lance. "¿Relajado? No... Acá hay que jugar a full, siempre".

11 partidos en el circuito de la ATP lleva jugados, apenas, Leonardo Mayer con el de ayer. Suma 6 victorias y 5 derrotas. Se hizo profesional en 2003; está 93ero en el ranking mundial.

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