Una correntada de origen incierto

Varios sectores inundados son la consecuencia de una causa que muchos atribuyen a la lluvia, aunque no se han registrado milimetrajes de importancia en toda la región. Una historia plena de paradojas.

El sol de la siesta castigaba sin piedad en ese rincón del barrio Los Chañares. A seis kilómetros de la plaza Rivadavia, el escenario se enmarcaba ayer entre el polvo y el barro, y los cotidianos protagonistas entre un "río" caudaloso que se abría paso por la calle Ayacucho y un hilo de agua en sus canillas.

Abundancia y escasez en un paradójico y periférico paisaje bahiense de enero.

La correntada se extendió hasta la estación transformadora de Edes, en el Camino Sesquicentenario, y avanzó hacia la ruta 35 para, junto a la rotonda, formar una laguna donde varios patos ya encontraron su lugar en el mundo.

Por lo dicho, además de Los Chañares, también están afectados sectores de Don Ramiro y Villa Bordeu.

"Reventó el Saladillo y se inundó todo. Un auto trató de pasar igual, pero se quedó", dijo Néstor Gómez en la puerta de su casa de Albarracín 58, cerca del complejo recreativo de la Asociación Judicial Bonaerense.

Con tanta agua que corría en busca de su destino final (la ría), Gómez se quejó de una mínima presión en la red de agua potable (tiene una bebé y niños muy pequeños) y de la distancia extra que en la madrugada, al volver de su empleo, tuvo que hacer para llegar a su casa: "No me quedó otra que dar la vuelta por Don Bosco. Debe haber llovido mucho por la zona de La Vitícola y la corriente se vino para acá".

La hipótesis de Gómez fue la sostenida por casi todos los funcionarios consultados por este diario, pero los informes de las corresponsalías dieron cuenta de precipitaciones inferiores a los 15 milímetros.

Con las respuestas recibidas desde el destacamento policial de Tres Picos también quedó descartada una manga que, según estimaciones de ganaderos de la zona, pudo haber descargado 100 milímetros en menos de dos horas en las inmediaciones de esa localidad serrana.

Especialistas en meteorología advirtieron que es posible que en las últimas horas, algunas células de tormenta hayan podido descargar significativos volúmenes en afluentes del Saladillo de García, pero en lugares donde no se toman registros.

El responsable de la delegación municipal Norte, Eduardo Bidondo, también se sorprendió por el desborde del arroyo Saladillo de García, porque le consta que no llovió tanto en las sierras.

"Parece que llovió fuerte en la zona de Pigüé. El agua bajó con gran fuerza desde las proximidades del predio de la Fisa y para canalizar la circulación estamos trabajando junto con la delegación Noroeste", explicó.

Mario Tejeda, titular de Defensa Civil, señaló que no hubo evacuados y que la cuestión se centró en las calles, todas de tierra, por eso se organizó un trabajo en conjunto con las delegaciones Norte y Noroeste, y el área de Servicios.

Luis Aráoz, subdirector de Servicios de la comuna, fue advertido por personal a su cargo de un desborde del Saladillo de García como consecuencia de un caudal que llegó desde las sierras. También dijo que recibió el llamado de un encargado de establecimientos rurales que estaban anegados.

"Prontamente evaluaremos estas contingencias con las autoridades provinciales de Hidráulica", indicó Aráoz, quien recordó que hace unos tres años el arroyo se profundizó a lo largo de cuatro mil metros hasta la ruta 35, lo que permite un mejor escurrimiento hacia la ría. "Por entonces, y ante cada lluvia, el desborde hacia los campos de abajo era sistemático y recurrente", recordó.

Desde Ayacucho al 6200, Ariel y su pequeño hijo miraban la cascada, punto de inicio de una profunda grieta que se extiende por cuadras.

"En un mes ya pasó dos veces. Sólo lloviznó un poco, pero fue impresionante ver cómo el agua bajaba y cubría la calle, en algunas partes, hasta medio metro. Yo sólo pude cruzarla 'a pata'", dijo desde el umbral. A lo lejos, pero no tanto, se divisaban las "torres" del centro.

Lo cierto es que por varios días no será posible llegar a Los Chañares por Ayacucho. Consecuencia de una todavía imprecisa causa.

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