Corregir la curva importa más que sufrir cada cifra

Por Hernán de Goñi

Hay indicadores que pueden producir un gran impacto por la magnitud de la cifra. Es el caso del superávit primario, que por la letal combinación de caída de ingresos y aumento del gasto se desplomó 70% en abril.

Hay otros que traducen una sensación térmica sobre algo que todavía no sucedió, como el 23% de aumento que ya tuvieron los Boden 2012 por efecto de las ingenierías financieras (aún virtuales) para aminorar el peso de la deuda en las cuentas de 2009. Los números ayudan a subrayar hechos y marcan hitos para el análisis. Pero valen más por la tendencia que consolidan.

Que en los bancos se registre una menor apertura de cuentas sueldo es uno de esos datos que no se tamizan todos los días. Habla de cómo la crisis genera pérdida de empleos formales, justamente aquellos que robustecieron tanto la recaudación como la actividad, al transformar a los empleados nuevos (o blanqueados) en consumidores bancarizados con un mayor poder de compra.

Hay analistas que ya ven un horizonte de recuperación. Pero creen que no se dará si antes el Gobierno no recupera credibilidad. En el fondo plantean que, si no se presta atención a los datos que marcan la curva, es imposible construir una perspectiva.

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