Corralito para periodistas, aprietes y otras curiosidades del almuerzo

El Agasajo de la Vendimia quedará en el recuerdo por haber instaurado un indigno método para controlar a los medios: la Presidencia cambió la organización y ordenó encerrarlos lejos de las autoridades. Los discursos no aportaron nada nuevo y hubo pocos empresarios. "Nena, así no es", la prepotencia del jefe de prensa de Cristina, a la encargada de relaciones públicas de Bodegas de Argentina.
Si algo dejará para el recuerdo el agasajo de la Vendimia 2009, será la desorganización y el maltrato hacia la prensa. Los periodistas, en un hecho inédito, quedaron condenados a presenciar uno de los eventos centrales de la Fiesta de la Vendimia desde un incómodo corralito, casi detrás de una puerta, más acorde a la relación entre la presidenta Cristina con la prensa porteña que lo que se estila en Mendoza para estas fechas.

La única versión contundente sobre lo que ocurrió esta tarde provino de los voceros de Bodegas de Argentina, la entidad que habitualmente organiza los almuerzos vendimiales. Desde este lado se precisó que habían dispuesto de un lugar para la prensa en el salón central de la bodega Belasco de Baquedano, mucho más cómodo y cercano a la presidenta y el resto de los invitados que el que finalmente se destinó.

"Habíamos dispuesto de un sector especial para la prensa, pero todo eso lo cambió la Presidencia esta mañana", expresó el vocero.

La reunión en la que cambió todo se produjo esta mañana y tuvo como protagonista al jefe de prensa de la Presidencia, Ariel Gutiérrez. Este funcionario se reunió con la persona que tenía a cargo la organización del almuerzo y de movida rechazó todo lo que había preparado. "Nena, así no es", afirmó en un tono prepotente. La presencia de Cristina transformó desde este instante lo que en esencia es un evento privado, en el que la Presidenta (más allá de su investidura) no era más que una invitada.

Gutiérrez, de acuerdo con la versión de Bodegas de Argentina, fue quien ordenó el desalojo de los periodistas de la sala de los tanques, el sitio donde se desarrolló la parte medular del evento. La prensa nacional y provincial fue ubicada en un salón más pequeño que está pegado al principal. Los periodistas quedaron así detrás de una mesa de tres metros por uno y medio, que oficiaba de barra de contención para decenas de trabajadores de la prensa.

Una pantalla que se levantaba junto a la mesa permitió más o menos seguir los discursos. Pero en torno a la mesa/barra se amontanaban periodistas y fotógrafos, muy lejos para tomar imágenes y presenciar correctamente lo que ocurría en el salón principal del agasajo.

La furia estuvo a punto de estallar cuando el Protocolo, la prensa o la Seguridad de la Presidencia decidieron dar un paso más en este trato indigno para los periodistas. Debido al tumulto que se generó, alguien ordenó cerrar una puerta corrediza que limitó aun más la visual de los que habían sido condenados a mirar todo desde un "corralito" inédito. Fue entonces que la rebelión estalló, con silbidos y abucheos a la President, que fueron mucho más notorios que los aplausos que recibió.

Cristina, quien justo en ese momento estaba llegando al lugar (al parecer por eso se ordenó cerrar la pesada puerta), disimuló como pudo las quejas y saludó a quienes aplaudían, que eran menos que los que chiflaban.

En el medio, algunos funcionarios provinciales se arrimaban para solidarizarse con los periodistas y ensayaban uno que otro descargo (esto es, que la "desorganización" corrió por cuenta de la Presidencia). Pero la mayoría optaba por hacerse el destraído.

Irrelevante

Lo que la pantalla gigante para los periodistas mostró fue una Presidenta que dio un discurso rutinario, sin novedades. Y también su apenas disimuldado desinterés por las palabras del gobernador Celso Jaque, a quien prácticamente ignoró durante todo su discurso. La cámara que la enfocaba mostraba a una mandataria mucho más interesada en escuchar lo que al oído le comentaba el presidente de Bodegas de Argentina, Ángel Vespa, que lo que tenía que decir el gobernador mendocino, que otra vez en sus palabras hizo un foco excesivo en el problema de la seguridad.

En otras palabras, a la Presidencia se le escapó la tortuga: Cristina logró tener a la prensa y sus incómodas preguntas muy alejada de ella, pero no se preocupó en controlar que una cámara que la tomaba en primer plano no la escrachara.

Los discursos se extinguieron así entre el desinterés de la mayoría y la atención de unos pocos prolijos cronistas locales y sanjuaninos a lo que en la pantalla se emitía.

En el final, entre bocado y bocado del almuerzo y después de una nueva tanda de silbidos de los periodistas a la Presidenta, un cronista aseguró haber sido testigo del descargo de Cristina, quien, al igual que el Gobierno provincial y Bodegas de Argentina, se habría desentendido del corralito.

Almuerzo VIP y otras pequeñeces

Mientras Cristina, su comitiva, el gobernador Jaque y sus ministros se deleitaban en una suerte de almuerzo VIP, con acceso restringido, que se realizó en el primer piso de la bodega (otra "novedad" del almuerzo vendimial, ya que las autoridades siempre se mezclan con los invitados), abajo seguía fluyendo el enojo y el desencanto generalizado.

Se supo entonces, por ejemplo, que Cristina trajo a su propio locutor, quien desalojó de ese lugar al locutor oficial del evento, Sergio Grass. Un detalle que habla más que nada de la obsesión del kirchnerismo para que toda aparición pública de Cristina no tenga una sola mancha. O que esas manchas no se vean.

Entre otras minucias, se supo también que, desde la Secretaría de Turismo de la Nación, vinieron a Mendoza unas 80 personas, pero que sólo unas 20 habían sido acreditadas para el almuerzo. A pesar de que la delegación fue avisada de que las acreidtaciones para ellos era pocas, los 80 empleados nacionales se apostaron en la entrada de la bodega e hicieron pasar otro mal momento a la gente de Bodegas de Argentina. Sergio Luza, jefe de prensa de la Secretaría de Turismo local, se habría hecho el desentendido ante lo que estaba ocurriendo.

Los discursos

Así, lo que se supo fuera de micrófono fue mucho más interesante que lo que se alcanzó a escuchar por parte de Cristina y Jaque en los discursos.

El gobernador, obsesionado con la seguridad, incluyó como novedad principal la mención de una cifra “record” de secuestro de cocaína durante 2008.

Cristina, por su lado, fue un poco más extensa. Volvió a ocuparse de la crisis internacional y alcanzó a delinear algunos beneficios para las economías regionales (entre ellas, la sustitución del impuesto al champán). Habló también de obras energéticas (recordó su visita reciente para la inauguración de la línea Comahue-Cuyo). Pero hizo mutis por el foro y se retiró cuando un repentino problema de audio demostró que detrás del corralito persistía el interés en silbarla.

Un párrafo aparte mereció la ausencia de algunas figuras relevantes del empresariado, aunque en general, Cristina contó con una nutrida audiencia política, en la que estuvo hasta la oposición política local, en bue número.

Al fin y al cabo, el Almuerzo de la Vendimia no es propiedad de nadie, se diluye en los diarios del domingo y siempre termina con una abundancia de platos y vinos, que casi nadie está dispuesto a perderse.

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