Córdoba, bochada en las normas viales

La Capital cumple con ocho patrones de inconducta que se repiten en Latinoamérica y que derivan en alta siniestralidad.
Un relevamiento en los países de la región encontró que la alta siniestralidad vial se alimenta de ocho situaciones que actúan como patrón. Una recorrida por las calles y accesos de la ciudad arrojó que, lamentablemente, casi todas esas pautas se cumplen a rajatabla.

El estudio fue realizado por el Instituto de Seguridad y Educación Vial (Isev) frente a la percepción de que, más allá de compartir con el resto de la humanidad varias causas comunes en la siniestralidad vial cotidiana, existen en las sociedades latinoamericanas ciertos patrones muy propios, que les confieren una etiología muy propia y exclusiva a la cultura vial de esta parte del continente.

Tomando como base los aportes de técnicos y profesionales de distintos países latinoamericanos, el Departamento de Accidentología del Isev se embarcó en el desafío de profundizar en el tema y, al cabo de la indagación, verificó la existencia de ocho situaciones que, a modo de patrones, aparecen como una constante en la producción de los siniestros.

El director del Isev, Eduardo Bertotti, apuntó que estos patrones de la siniestralidad vial latinoamericana son complementarios de "los ya perfectamente expresados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los informes que viene publicando desde 2004, comunes a todas las sociedades, como el alcohol, la velocidad y la falta de uso de casco y de cinturón de seguridad".

Sin la expectativa de cubrir todas las causas de la siniestralidad vial en Latinoamérica, Bertotti señaló que estos "patrones" detectados son los que aparecen como más evidentes en la mayoría de nuestras naciones.

Las ocho constantes fueron: el transporte de pasajeros en las cajas destinadas a carga, el peatón como usuario "ignorado" de la vía pública, un parque automotor vetusto y de alto riesgo que burla la inspección técnica, un diseño vial que no contribuye a la seguridad ni a perdonar el error, la licencia de conducir concebida como un "derecho" casi obligatorio a partir de cierta edad y no como una habilitación del Estado, el uso de la moto como vehículo colectivo, la alta prevalencia de víctimas infantiles y el desprecio por las funciones de control.

Además de enunciarlos, el Isev avanzó en interpretar las razones que explicarían ese modo latinoamericano de actuar en la trama vial. Y entre otras, mencionó las deficientes políticas de transporte público, el culto al automóvil (en desmedro, y desprecio, de peatones y ciclistas), una falta de percepción del riesgo que origina hábitos peligrosos, la deficiente planificación y diseño de las vías o la violación de normas viales y de seguridad por parte de quienes, justamente, tienen la obligación de controlar su cumplimiento.

Visita guiada. "La desgracia de ser peatón", se titula uno de los capítulos del informe del Isev, que describe la casi inexistente política pública en beneficio de la circulación peatonal. En nuestras naciones todo se diseña y se planifica en función del flujo vehicular, lo que eleva a un piso de 30 por ciento las lesiones o muertes de peatones y ciclistas, con relación al total de víctimas.

Ese índice, en Estados Unidos o en Europa (donde además se incentiva permanentemente el uso de la bicicleta por razones ambientales y de salud pública), difícilmente llegue a 10 por ciento. "Estamos llegando al punto en el que la sociedad, en nuestras ciudades, comienza a castigar más la supuesta irresponsabilidad del peatón, que la debida diligencia que debe extremar quien aporta riesgo en su beneficio a personas (conductor de un automotor)", agrega otro párrafo del informe.

Veamos algunos números de esto en la ciudad de Córdoba.

Según datos del servicio municipal de emergencias 107, durante 2008 asistieron a 1.079 atropellados en la vía pública. Los motociclistas asistidos en la calle fueron 2.654, y los automovilistas, 1.349. Números. Números que son personas.

"¡Subamos todos a la motocicleta!", es otro de los patrones de conducta que describe el exponencial crecimiento del parque de biciclos motorizados en nuestras ciudades y pueblos, y el uso de "moto-taxi" que se hace de ellos. El Isev brindó algunas razones. "La deficiente o total carencia en muchas ciudades de políticas y sistemas de transporte público, frente a una necesidad creciente de mayor movilidad. La accesibilidad económica y financiera, el pobre control administrativo de títulos de tenencia y propiedad, su versatilidad y alta maniobrabilidad en tránsitos cada vez menos fluidos" se conjugan para esta verdadera invasión de motos, según describe el estudio.

"Familias enteras se desplazan en ellas, con bebés incluidos, y por supuesto la mayoría, sin cascos", agrega, provocando que "ya no sean curiosas ni extrañas las imágenes de las últimas décadas del siglo pasado de ciudades de India y China".

En la ciudad de Córdoba, también se cuentan de a miles los choques que involucran motos, Sólo en 2008, la guardia del Hospital de Urgencias atendió a más de cuatro mil pacientes traumatizados por esta causa.

Un trámite simple. La obtención casi "obligatoria" del carné de conducir se aborda en el título "Exijo mi licencia", que contrapone esta liviandad a la rigurosidad que cultivan los países desarrollados para otorgar una "habilitación" (la tasa de rechazo en el primer intento supera el 30 por ciento). En la provincia de Córdoba, más de 350 municipios otorgan licencias; muchas de ellas, sin demasiados requisitos.

Otro capítulo refiere la necesidad de revisar e incluir planificación y diseño vial pensados para una mejor seguridad, porque la mayoría de las grandes vías de circulación tienen mínimas banquinas y señalización, tienen agresivos guardarrails o carecen de vías de escape.

¿Damos un paseo por el camino a San Carlos, la avenida Bodereau...?

Ocho claves

Personas que viajan en las cajas de camionetas, peatones "ignorados", vehículos vetustos sin inspecciones, un diseño vial que no contribuye a la seguridad, la licencia de conducir concebida como un "derecho" casi obligatorio a partir de cierta edad y no como una habilitación del Estado, el uso de la moto como vehículo colectivo, la alta prevalencia de víctimas infantiles y el desprecio por las funciones de control.

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