Córdoba agobiada de prepotencia sindical

La escalada que se inició con los empleados públicos (con especial énfasis en la salud) siguió por el aristocrático Sindicato de Luz y Fuerza, sumó ayer un gesto que, sin exagerar, puede ser calificado como de barbarie por parte de la UTA.
Ningún dirigente de estos sectores, protegidos por convenios que les garantizan estabilidad suiza aun cuando incumplan sistemáticamente sus obligaciones, parece advertir que sus irracionales métodos de protesta dejan sin servicio a las franjas más pobres de la población. Al despropósito gremial se suma la especulación y miseria política. Carlos Altamirano, el médico autotitulado líder de los autoconvocados del sistema hospitalario, no puede ocultar su pertenencia partidaria. En la campaña de 2007 Luis Juez lo postuló como su futuro ministro de Salud si llegaba a la gobernación. Frustrado el objetivo político en aquel momento, la revuelta gremial promovida ahora por el "profesional" se inscribe en la evidente campaña con vistas a 2011. Frente a tanta mezquindad, debería ser hora ya de que la política exhiba rasgos de seriedad y sensatez para imponer límites a tanto exceso y despropósito. Claro que para que eso suceda deberá aparecer alguien dispuesto a pagar costos incompatibles con la ola populista que todo lo tiñe en la Argentina.

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