Hablaron sobre pobreza, narcotráfico e inseguridad, y acordaron en la "necesidad de un diálogo sincero y constante"; la oposición publicó una solicitada en diarios italianos
Se trató de la primera audiencia que concede Francisco al presidente venezolano , delfín del fallecido Chávez. La reunión en el segundo piso del Palacio Apostólico, en un "clima cordial", estuvo marcada por la grave situación que reina en ese país desde las elecciones del 14 de abril, cuyo resultado sigue sin ser reconocido por la oposición, que insiste en sus denuncias de fraude.
En coincidencia con el encuentro, de hecho, apareció en el diario La Repubblica una solicitada de la opositora Mesa de Unidad Democrática -que impugnó los comicios-, que agradecía al Papa su interés por la situación de Venezuela. La solicitada recordó que en el Regina Coeli del 21 de abril Francisco había manifestado su "viva preocupación" por lo que pasaba en Venezuela y había pedido "vías justas y pacíficas para superar el momento de grave dificultad".
Entonces, habían muerto por lo menos ocho personas en incidentes ocurridos después de las movilizaciones en contra de la proclamación de Maduro como nuevo presidente de Venezuela y ganador de los comicios del domingo anterior por un margen de 1,8 puntos sobre el líder opositor, Henrique Capriles.
Además de hablar de la situación social y política tras la reciente muerte de Chávez, según un comunicado de la Santa Sede, el Papa y Maduro acordaron "en la necesidad de un diálogo sincero y constante entre la Conferencia Episcopal y el Estado de cara al desarrollo de toda la nación". Antes de la reunión, el cardenal venezolano Jorge Urosa, que nunca se llevó bien con el oficialismo, había llamado a Francisco a presionar a Maduro para que deje de atacar verbalmente a sus críticos. Durante el coloquio también se pasó revista "a la situación regional y, especialmente, al proceso de paz en Colombia".
Como ya sucedió con otros líderes latinoamericanos que fueron recibidos por el papa argentino, la audiencia se caracterizó por un clima distendido e informal. Francisco y Maduro se mostraron sonrientes ante el grupo de periodistas que tuvo acceso a parte del encuentro.
"Es un honor conocerlo. Me impresiona mucho. Estoy feliz de estar aquí y sobre todo de conocerlo. Gracias por todo lo que está haciendo", dijo con tono emocionado Maduro al ser recibido por el Papa. Una vez sentados frente a frente en el escritorio pontificio de la Biblioteca, Maduro le contó al Pontífice que recibió de parte de la FAO un premio por el compromiso de Venezuela contra el hambre en el mundo.
Luego de una conversación a solas, donde seguramente hubo mucha más miga de lo trascendido, el presidente le regaló al Papa un retrato de Simón Bolívar, un cuadro de la Virgen de Coromodo y una pequeña estatua del "siervo de Dios" José Gregorio Hernández. Al respecto, Maduro, ferviente católico, le dijo: "Esperamos su canonización".
A su turno, el Papa le regaló el libro sobre el documento de Aparecida, fruto de la conferencia general del episcopado latinoamericano de 2007; una lapicera; medallas, y rosarios para la delegación. Todos sus miembros llevaban imágenes que hicieron bendecir al Papa. Incluso el mismo Maduro, al salir de la Biblioteca fue bendecido por el Santo Padre, que le hizo en la frente la señal de la cruz con los dedos.
En la reunión no faltaron toques de humor. Cuando una mujer de la delegación, que Maduro presentó como la primera almiranta del país, le pidió permiso para besarle el anillo, el Papa le dijo: "Rece por mí? ¡Pero rece a favor, no en contra!", una habitual broma que causó risas.
CRISTIANO Y REVOLUCIONARIO
Francisco alentó a los sacerdotes a salir a anunciar el Evangelio
"Un cristiano, si no es revolucionario en estos tiempos, ¡no es cristiano!", dijo ayer Francisco al inaugurar el convenio eclesial de la diócesis de Roma en el aula Pablo VI del Vaticano. El Papa improvisó un discurso en el que alentó a los sacerdotes a salir a anunciar el Evangelio sin miedo.
"La verdadera revolución, la que transforma radicalmente la vida, la hizo Jesús a través de la resurrección", afirmó el Pontífice. "Justamente la gracia que el Padre nos da a través de Jesucristo crucificado, muerto y resucitado nos hace revolucionarios, porque cambia el corazón", agregó.


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