Con el coraje como copiloto

Con el coraje como copiloto
Dos casos similares, ejemplos de vida en la prueba más dura: el español Esteve y el japonés Aoki compiten en autos, pese a sufrir discapacidades físicas
CORDOBA.- Todo se hace difícil aquí. Todo. En cada detalle hay que dedicarse de lleno a su realización. Desde la elección de la ubicación de las carpas hasta las defensas frente a las inclemencias del tiempo. Viento, lluvia, frío, calor, tierra, arena. Las distancias también se tienen en cuenta dentro del campamento. Cada acción es estudiada, ya que no se cuenta con los mejores medios para movilizarse. Trasladarse en un terreno embarrado o arenoso es sólo una muestra de la férrea lucha por seguir adelante. De ganarle al destino. De vencer pese a los duros cachetazos que a veces suele castigar la vida.

Se promociona al Dakar como la carrera más dura del planeta. Exclusiva para aquellos valientes que se plantan frente a los desafíos para vencerlos. Pero no es sólo una cuestión deportiva. Es una postura de vida. De salir adelante, de saber valerse. De sacar pecho ante la adversidad.

En cada campamento, todos los días instalado en lugares diferentes, a la finalización de cada etapa, en medio de 2200 personas que van y vienen con sus preocupaciones y sus responsabilidades, ellos empujan sus sillas de ruedas. Con el amor propio de saber que todo se puede concretar. Sólo depende de uno mismo. Y ambos atravesaron situaciones similares, con sufrimientos similares y decisiones idénticas. El español Isidro Esteve y el japonés Takuma Aoki empujan sus vidas con sus brazos, que no se cayeron. Y en "una prueba de vida", como ellos mismos definen, ambos ex motociclistas compiten en el Dakar Argentina-Chile 2009. Con autos preparados para la ocasión, se miden con el resto de igual a igual, como debe ser.

Al lado de la Isuzu, con volante a la derecha, como los autos ingleses, Aoki, de 34 años, que se fracturó dos vértebras corriendo en motos en 500cc y sufrió una parálisis parcial, explica con suma cordialidad: "Acelero con ese aro, detrás del volante. Y con esta palanca, a su lado, freno el auto. La palanca de cambios es como la de los coches convencionales, aunque no debo accionar el embrague porque eso lo hace automáticamente con sólo apretar el botón. Hay que acostumbrarse, claro".

Lejos, en una zona de ripio, en el bivouac de Catamarca, estaba Isidro, con su siempre impecable buzo amarillo. Acompañado por Lidia Guerrero, su novia, que lo acompaña a todos lados, es un ejemplo de vida para el resto de los competidores. Supo transmitir su experiencia y trasladar la emoción de sus palabras. "La verdad es que se me cae alguna lágrima cuando hablo de este tema. Las tiene bien puestas en la vida. Su libro me conmovió", reconoce el argentino Orly Terranova al mencionar el caso del español, que sufre parálisis en la mitad inferior de su cuerpo desde marzo de 2007, cuando tras un golpe en el rally de Almería, conduciendo una moto, se destrozó las vértebras 7 y 8.

El inquebrantable espíritu del catalán, de 36 años, le permitió hacer frente a su undécimo Dakar, esta vez en auto, con un Kyron del equipo Ssangyong-Prosegur. Acostumbrado a pelear bien arriba con las dos ruedas cuando la mítica competencia se disputaba en Africa, ahora Esteve padece las complicaciones de la "supervivencia" entre los últimos: "Es duro, durísimo, los camiones te pasan por arriba y las huellas son más que un obstáculo. Pero esto es el Dakar, y aquí estamos, para vencerlo, para llegar".

Esteve utiliza en España unos aparatos de última generación, que usan los futbolistas de Real Madrid para las rehabilitaciones, con los que ejercita los músculos de los brazos y la espalda, con el objetivo de poder salir del coche por sí solo en caso de un accidente. "Esto es un reto. La vida nos ofrece alternativas que debemos saber enfrentar. Todo se puede superar. Y de eso se trata, de disfrutar la vida", es el mensaje de Esteve.

"No poder mover las piernas no es un impedimento para no seguir viviendo la vida. No sé si mi caso sirve como ejemplo para quienes sufren los mismos problemas que yo. Pero estoy dispuesto a brindar mi ayuda y mi experiencia, porque si eso permite a alguien dar el primer paso para mirar las cosas desde otro punto de vista, es una satisfacción".

Dos casos similares, paralelos, que esta vez tienen su punto en común en el Dakar 2009. La Argentina y Chile significaron un reto para ellos. Que va más allá de lo deportivo y de una mera posición en la clasificación general. Es ganarle a la vida. Una competencia que tiene sus etapas. La del día a día. La que no permite bajar los brazos. Vaya si hay motivos para dar pelea.

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