La cooperadora del Hospital Lucio Molas celebró 50 años .

Son catorce mujeres, que dan continuidad a una tarea solidaria enorme, iniciada hace cinco décadas, a la par del principal centro de salud de la provincia, su personal y sus pacientes.
Sin oficina, secretarios, ni "días hábiles" pueden hacer muchísimo por los demás. Este despacho "invisible" está conformado por un grupo de mujeres, que suman dos o tres décadas, como integrantes de una institución que el domingo cumplió 50 años. "Somos todas viejitas", bromea Nilda Maraschini, apenas empieza a conversar sobre la vida de la Asociación Cooperadora del Hospital Lucio Molas, que esta semana se encuentra en pleno festejo de su nuevo aniversario.

La entidad está conformada por catorce personas. "Cuesta que entren los jóvenes porque ellos están con sus cosas, el trabajo y los hijos", explica Inés Suárez, presidenta de la institución, que actualmente cuenta con 200 socios, un número que se ha mantenido "parejo" a lo largo de los años.

Los cambios.

Miryam Peralta es, como dice, la "más antigua" de las cuatro integrantes de la cooperadora, que han llegado a charlar con LA ARENA sobre este medio siglo de trabajo solidario. "Cuando recién me uní al proyecto, nuestra tarea era más cercana al paciente; es decir, si hacía falta algo, nosotras lo conseguíamos directamente, pero con el tiempo, se fue transformando en una labor más administrativa porque empezamos a responder a los pedidos, que se hacen desde el hospital", relata.

El punto de inflexión fue la provincialización del centro de salud a comienzos de los años '70 y la ampliación de su edificio con más áreas y pabellones y una nueva organización en la atención; un proceso de transformación, que le dio más complejidad a los servicios de salud y se proyectó en el funcionamiento de la propia cooperadora. "Para llevar los números hace 30 años, alcanzaba con dos hojas de un librito y ahora tenemos un contador, que emplea numerosas planillas", explica.

Lo que se necesita.

La tarea de la institución se halla vinculada al Servicio Social del hospital. A través de esta dependencia, se canalizan las solicitudes, realizadas principalmente desde la Dirección del centro de salud, de acuerdo a las necesidades de sus diferentes sectores. "No intervenimos en la confección de la lista de lo que hace falta, sino que actuamos como apoyo, salvo en algunos aspectos concretos de los que nos ocupamos nosotras, como la compra de ajuares para bebés o agasajos a los pacientes en fechas especiales".

Los pedidos abarcan desde colchones, sábanas, frazadas, camas, ropa, hasta un televisor o un aire acondicionado, describen. Una de las últimas acciones fue la compra de equipos para Salud Mental, el área "mimada" de la cooperadora. "Sus pacientes son los más vulnerables y los que más tiempo permanecen internados", explica Nelly Piccirilli, que también compartió la entrevista.

"Mayor presión".

La celeridad de los plazos es fundamental para las integrantes de la institución. "Tratamos de darle una agilidad a estas demandas que, dentro de la administración pública, podrían demorar meses en resolverse", apunta Miryam. Cuando una persona es derivada a otro centro, la cooperadora se encarga de los distintos gastos, que acarrea el traslado del paciente y su estadía, si su familia no puede afrontarlos, agrega. El equipo de la entidad también trabaja de forma conjunta con el grupo de voluntarias "Damas de Rosa" del hospital, en distintas iniciativas.

Con respecto a otras décadas, se observa "mayor presión social" y un cambio en lo se pide porque, antes, las demandas se resolvían "con menos cosas", señalan. A principios de enero, la presidenta de la entidad había dado cuenta de problemas en diversas áreas del centro de salud. "Hay partes que están muy viejas y les falta mucho, mientras que otras están muy bien: el hospital es un monstruo en permanente movimiento, que empieza el día con la puerta llena de personas esperando y recibe 350 mil visitas al año solo en los consultorios externos y sin tomar en cuenta las internaciones", sintetiza Miryam.

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