Convulsión terrestre

Por Miguel Grinberg.

La ONU no estaba preparada para la tragedia de Haití, donde un terremoto de 7,0 grados en la escala de Richter trituró la capital de ese país caribeño

La ONU no estaba preparada para la tragedia de Haití, donde un terremoto de 7,0 grados en la escala de Richter trituró la capital de ese país caribeño. El secretario general de la organización, Ban Ki-moon, sostuvo que se trata de uno de los mayores y más graves desastres de las recientes décadas. Su sede local quedó en ruinas: tiene 200 miembros desaparecidos de su personal y 36 muertos, entre ellos Luiz Carlos da Costa, jefe de la delegación. Las víctimas nativas se cuentan por decenas de millares. La ayuda está signada por el caos. Existen, eso sí, entidades de socorro global, como la Cruz Roja Internacional y Médicos sin Fronteras, pero la ONU tiene apenas una limitada oficina jurídica llamada Alto Comisionado para los Refugiados.

Las megacatástrofes ambientales de la última década no bastaron como llamado general de alerta, más allá de los cónclaves anuales para debatir en vano el calentamiento global. En agosto de 1999, un terremoto de 6,8 grados Richter causó estragos en Turquía, con incontables víctimas en las populosas ciudades de Esmirna y Ankara. En diciembre de 2004, el terremoto submarino de Sumatra- Andamán en el océano Índico generó una serie de tsunamis (olas gigantes) arrolladoras que devastaron las costas de Indonesia, Sri Lanka, India y Tailandia, con casi 190 mil muertos y millares de desaparecidos en las islas circundantes. En agosto de 2005, el huracán Katrina devastó la ciudad estadounidense de Nueva Orleáns, con casi 2.000 muertes. Sólo en el estado de Luisiana afectó a un millón de personas, y afectó además el delta del río Mississippi. En octubre de 2005, un terremoto masivo de 7,6 grados Richter sacudió a Pakistán y partes de India y Afganistán, convirtiéndose en el sismo más potente ocurrido en el área durante los últimos cien años. Murieron más de 80 mil personas, hubo miles de heridos y grandes daños en las ciudades de Islamabad y Rawalpindi. En mayo de 2008, el ciclón Nargis se abatió sobre Myanmar (antigua Birmania): las aguas fuera de control causaron gigantescos deslizamientos de tierra y dejaron alrededor de 138 mil fallecidos y 55 mil desaparecidos. Por razones políticas el gobierno cesó de actualizar las cifras y ante la ausencia de operaciones de alivio, los observadores alegan que las víctimas podrían haber sumado un millón.

Uno de los mayores expertos actuales en evaluación de riesgos y prevención de desastres, el abogado colombiano Gustavo Wilches Chaux, nos cuenta que en enero de 2005 se celebró en Kobe (Hyogo, Japón) una Conferencia Mundial sobre Reducción de Desastres, donde 168 gobiernos adoptaron un plan de 10 años para lograr un mundo más seguro frente a las amenazas naturales. Los objetivos de Hyogo son administrados desde una oficina que la ONU posee en el Palacio de las Naciones en Ginebra, que produce bonitos folletos. Sostiene este experto: "Perdimos la capacidad para convivir con las dinámicas del planeta, que no es inerte sino un ser vivo. No estamos preparados culturalmente para los cambios. En cierta forma yo le doy la bienvenida al cambio climático porque nos está obligando a tomar medidas que son urgentes, pero que tal vez no habríamos tomado si no existiera esa alerta global. Si mañana dijeran que no hay cambio climático sería muy grave, porque volveríamos a darles motosierra a los páramos sin arrepentirnos".

Mientras la tragedia haitiana saturaba los titulares durante el pasado fin de semana, otras dos noticias nada aisladas sumaron tensión a las circunstancias. En principio, un potente terremoto de 6,3 grados Richter a 350 kilómetros de Tierra del Fuego. No causó daños ni víctimas en Ushuaia, pero indicó algo que el Servicio Geológico de Estados Unidos verifica puntualmente: todas las semanas se producen en nuestro planeta una treintena de episodios sísmicos importantes. No podemos dejar de saber que alguno de ellos será feroz en cualquier día venidero. Seguramente en alguna región pobre del planeta. Lateralmente, científicos de varios países comunicaron que en Etiopía, una fisura de 55 kilómetros de largo abrió el suelo del desierto y podría convertirse en un nuevo océano. Comentaron: "Allí la tierra se está rasgando como una camiseta vieja".

A su vez, el gobierno de Bolivia ha convocado a los pueblos y movimientos sociales y ecodefensores del mundo, e invita a los científicos, académicos, juristas y gobiernos que quieran trabajar con sus pueblos, a una Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Se realizará del 20 al 22 de abril de 2010 en la ciudad de Cochabamba, Bolivia. El experto Wilches Chaux destaca: "Hay que aprender a vivir con la naturaleza, porque de lo contrario nos va a terminar echando".

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