"Si convoca Moyano a la Plaza, nosotros no vamos ni en pedo"

"Si convoca Moyano, nosotros no vamos ni en pedo", avisó Edgardo Depetri, diputado nacional kirchnerista y líder del Frente Transversal. Del otro lado de la línea lo escuchaba el Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, encargado de juntar dirigentes dispuestos a marchar el viernes 20. Era miércoles a la nochecita. No pasó mucho rato hasta que le sonó otra vez el celular de Depetri. Esta vez, era Néstor Kirchner el que le pedía que aportara gente a la marcha. "Edgardo, mirá que va a hablar Cristina", explicó. Sólo en ese punto, Depetri concedió: "Bueno, si llaman ustedes al acto nosotros vamos a aportar, pero si es la CGT, no tenemos nada que hacer ahí".
Fuentes importantes de la Casa Rosada aseguran que esa conversación fue la señal determinante que empezó a restarle fichas a la marcha con la cual Kirchner aspiraba a "recuperar la calle", luego de semanas de protagonismo de la izquierda en las pantallas de televisión. Esa visión no cayó nada bien entre los movimientos sociales que todavía apoyan al Gobierno. "La verdad es que esta idea de desacreditar a la CTA, o a los trabajadores del subte o de Kraft como si fueran desestabilizadores no nos gusta ni un poco", confesó ayer a este diario un dirigente piquetero.

Antes de esas, habían aparecido otras luces amarillas que en principio habían sido desatendidas pero que al final ganaron peso. El lunes a la noche, cuando Hugo Moyano se sentó frente a la veintena de miembros de la Mesa Directiva del Consejo Nacional del PJ a comer un asado en el Salón Francés de la Gobernación Bonaerense que Karina Rabollini mandó a decorar para volverlo más francés y menos bonaerense, invitó a los presentes a apoyar el acto en Plaza de Mayo que había lanzado pocas horas antes. "Sí, Hugo, dale para adelante", dijo uno de los que estaban más cerca del camionero en la larga mesa. No hubo muchas más manifestaciones de aliento, a pesar de que todos los que escucharon el convite sabían que una idea así sólo podía salir de la cabeza de Néstor Kirchner, el hombre a quien en ese mismo acto estaban reentronizando como jefe del partido.

El martes, una primera ronda de llamados de la Casa Rosada a los intendentes del conurbano había recogido una frialdad similar. Con la rudeza que da el intercambio social en el conurbano, el intendente de uno de los más populosos distritos bonaerenses se sinceró ayer ante El Cronista: "Yo iba a mandar un micro con veinte boludos con dos banderitas cada uno en la mano". Para reforzar su idea, el hombre apeló a una lógica más generalista e informó que "los intendentes están re podridos de que a cada rato haya un quilombo y pidan gente".

Otro intendente al sur de la Capital Federal admitió que el acto del 20 despertaba cualquier cosa menos entusiasmo entre sus pares y que se había anotado con el aporte simbólico de "dos micros". "Con todos los cortes que hay ahora lo único que íbamos a conseguir con un acto así eran puteadas. La verdad es que no es el momento para eso", confesó con aires de abatimiento.

La convocatoria para la marcha "contra la desestabilización" murió ayer por boca de la Presidenta Cristina Kirchner, pero algunos de esos intendentes tendrán hoy al mediodía una oportunidad de conocer cómo quedó el kirchnerismo duro luego del traspié. En el quincho de la municipalidad de Tres de Febrero almorzarán una decena de intendentes del norte del Conurbano con Julio De Vido, el único miembro del Gabinete que se ocupa de aceitar la relación con los jefes comunales. Varios de ellos prometen que será una oportunidad para protestar.

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