Las que conviven con la gripe A

Tres enfermeras cuentan su experiencia en barrios alejados del centro, donde no abunda el alcohol en gel y donde muchas veces también deben hacer de psicólogas y asistentes sociales.
Norma Da Cruz, Viviana Correa y Dora Gigena son tres de las enfermeras que trabajan día a dia con la influenza H1N1 en las salas médicas de la periferia.

Sus historias no sólo muestran cómo se convive con la gripe A en los barrios más alejados del centro, sino también una labor que no sabe de esfuerzos y que muchas veces no es reconocida.

Norma Da Cruz

"Si vuelvo a nacer sería enfermera otra vez"

A las 13 Norma Da Cruz está sentada en el banco largo que también sirve para la espera de los pacientes. Tiene un tejido, un ovillo de lana verde y una aguja de crochet dorada entre sus manos.

En la silla está Daniela. A los 8 años quiere aprender a tejer. Está un poco aburrida de tantos días sin clases y quiere volver a la escuela. Mientras, se cuela en un proyecto para adolescentes y sale de su casa para una escapada hasta la sala médica de Loma Paraguaya, en Félix Frías y 25 de Mayo. Y contesta.

--30 --después de que le preguntó 6x5.

Norma dice que tiene un ratito para darle una clase de tejido a la nena. Es la enfermera del barrio desde hace 15 años, después de haber pasado por los hospitales Italiano y Español.

Llega a las 7 y media desde Villa Mitre y se va un poquito antes de las 4 de la tarde.

"A esta hora ya casi no hay nadie", dice.

--Pero con la gripe A estuvo difícil ¿no?

--Al principio tuve un poco de temor. Es que nos poníamos un camisolín, antiparras, barbijo... Hasta que me di cuenta que así asustábamos un poco a la gente.

--¿Cuáles eran los temores?

--No, no... eso fue al principio. Después sabía que teníamos un buen equipo y que íbamos a salir adelante.

El miedo de Norma era contagiar a Erardo, su esposo.

--Es que él está un poco delicado por un problema de salud y yo tenía un poco de miedo. Pero lo que hay que tener es cuidado y no entrar en pánico. Con mi marido tenemos la precaución de vacunarnos contra la gripe todos los años.

A Norma nunca le había tocado una pandemia. Y sabe bien lo que es trabajar en una sala médica de barrio.

--Acá casi se produce una relación de amistad con la gente. Los vecinos no tienen muchos recursos, pero lo que les recomendaba para prevenir la gripe era usar agua y jabón de lavar la ropa. Después de tantos años se sabe que el jabón de lavar la ropa es lo mejor, hasta para las heridas.

El papá de Norma, Juan, fue chofer de ambulancia del Hospital Municipal. En Navidad, Año Nuevo o esas fechas en la que la familia se junta, ella, su mamá y sus cuatro hermanas iban a ver a papá al hospital.

--Ahí empecé a querer a esta profesión. Mi papá no quería porque veía que las enfermeras eran muy sacrificadas. Cuando empecé a trabajar y me veía irme a las 5 de la mañana me decía "viste hija, si hubieras elegido otra cosa...". Pero si vuelvo a nacer sería enfermera otra vez.

Con la gripe A aprendió que no hay que asustarse. Pero teme a un rebrote cuando los chicos vuelvan a clase. Y desde su experiencia de 35 años dice: "habría que empezar a fumigar para que no se nos venga el dengue".

La charla termina. Le queda un rato más antes de irse a Villa Mitre. Pero primero pasará por lo de un vecino que se recupera de la gripe después de haber estado internado.

--Me doy una vuelta para ver cómo anda. ¿Qué me cuesta? Si queda acá nomás.

Viviana Correa

"Me preguntaban si por una gripe podían morirse"

--Acá somos psicólogos, asistentes sociales, enfermeras... de todo un poco.

Viviana Correa es enfermera en la salita médica de Pampa Central en Jujuy al 900. Antes de hablar atiende a una chica muy chica que está embarazada y la vacuna. Después a una mujer que busca un medicamento.

--Lo de la gripe A fue difícil, había que educar a la gente. Uno acá es el referente del barrio. Acá vienen cuando se les corta la luz, cuando no tienen leche para darle a los chicos...

--Entonces ni hablar del jabón para lavarse las manos.

--Ni agua. Algunas mamás tienen que ir a una canilla pública para buscar el agua. Uno a veces se siente impotente y trata de darle ropa o leche, pero en realidad lo que necesitan es una vivienda digna y trabajo.

--¿Qué le decía la gente?

--Me preguntaban si por una gripe podían morirse, si esto era cierto o había atrás algo de política. Y la gente grande a veces ni se preocupa... te dicen "total...ya está".

Viviana vive con dos hijas adolescentes y tomó sus recaudos para no contagiarlas: llegaba a casa, se sacaba la ropa y se daba una ducha. Dice que no tuvo miedo porque "acá tenemos un muy buen equipo de trabajo".

--¿Por qué es enfermera Viviana?

--Porque me gusta ayudar a la gente.

Y casi por un mandato familiar. Su mamá Dominga fue enfermera en el Hospital Municipal.

--Yo empecé de mucama y los médicos al ver que me quedaba mucho tiempo charlando con los enfermos me decían "tenés que estudiar, tenés vocación de enfermera".

Ahora su hija Paula sigue la profesión de la abuela y de mamá: "ella es enfermera en la sala de Noroeste".

--Viviana ¿y cómo ve ahora a la gente con respecto a la gripe A?

--Ahora la gente se relajó un poco... por ahí demasiado. Lo que nos dejó esta enfermedad es que siempre debemos estar atentos.

Dora Gigena

"Lo más triste fue no poder ver a mis nietos por 10 días"

Como casi todos Dora Gigena se enteró de la gripe A por los noticieros. Y cuando todavía era una enfermedad que sólo afectaba a los mexicanos.

--La verdad que no pensé que fuera a llegar acá. Después tuve un poco de temor y lo que hice fue informarme, hablar con infectólogos...

Pero ese temor inicial no sería lo peor.

"Lo más triste fue que cuando empezamos a atender casos acá estuve 10 días sin ver a mis nietos (Manuel de 2 años y Mateo de 3 meses). No quería contagiarlos".

Acá es el Hospital Menor de Ingeniero White de calle Lautaro y Harris en donde trabaja desde hace 15 años. Antes estuvo en los barrios Avellaneda y Mariano Moreno y en General Cerri.

--A los 13 años cuidaba a mi mamá (Dominga) que estaba internada en el Municipal porque no teníamos obra social. Ahí empecé a ver el trabajo de las enfermeras y me gustó. Descubrí mi vocación.

Dice con orgullo que la profesión le permitió darle educación a sus hijos Paulo (ingeniero), Mario (soldador) y Emilio (enfermero como ella). Y que sigue estudiando.

--Después de terminar el secundario empecé la licenciatura en enfermería. Me voy todos los sábados a Punta Alta. Me falta un año para terminar.

A las 5 y 10 toma el colectivo en Santa Margarita porque a las 6 tiene que estar en el hospital. Pero dice que lo que más se le agotó en los días más difíciles de la gripe A fue la lengua.

--Había que hablarle mucho a la gente, informarla, decirle que era necesario lavarse las manos seguido. Había que repetirlo constantemente para que se tome conciencia. Lo del alcohol en gel lo dejamos un poco de lado. En estos barrios es difícil comprarlo. Le hablábamos más del agua y del jabón y de usar bufandas para protegerse porque los barbijos eran caros y difíciles de conseguir.

--¿Y la gente aprendió?

--Sí, sí... ya no vienen por un estornudo.

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