Conveniencia y desconfianza

Por: Ricardo Kirschbaum.

La sinceridad de Scioli es también la admisión de su impotencia. El gobernador intentó justificarse en los ejemplos históricos de Armendáriz, el primer gobernador radical de la Provincia hasta acá, pasando por Cafiero, Duhalde, Ruckauf y Solá.

Ninguno ha sido autónomo del poder central. Y remató hablando de su conveniencia de mantenerse al lado de la Presidenta. Habla de Cristina, que es la jefa del Poder Ejecutivo, y no de Néstor, que es su jefe político, como si se pudiera a esta altura hacer una diferencia entre uno u otro.

Pero Scioli no está en la situación en que está exclusivamente por obra de los Kirchner, como lo quiere imponer un "relato" que lo convierte en víctima de la conspiración matrimonial. El gobernador está sacudido por tempestades políticas de sus propios yerros.Kirchner intentó que Scioli se apartase de la gobernación y asumiera la banca de diputado. Estaba todo armado para que Balestrini, el caudillo de La Matanza, ocupara la vacancia y articulara, ya sin ningún testigo incómodo, todo lo que Kirchner tiene que hacer para intentar mantenerse en el poder en 2011. Scioli en su único gesto de autonomía renunció a la diputación y se quedó a agonizar en la casa de gobierno de La Plata.

Ahorcado por la necesidad de asistencia financiera federal, sacudido por la inseguridad, la ineficiencia policial y los graves problemas sociales del conurbano, Scioli se quedó sin alternativas y comenzó a desembarazarse de cualquier vestigio antikirchnerista. Ató definitivamente su suerte política a la de los Kirchner, quienes operan sin anestesia y con métodos de carnicero. Scioli tiene un problema insoluble: a cada gesto de subordinación que ensaya, le es exigida una nueva prueba de lealtad.La desconfianza de los Kirchner siempre deja afuera al gobernador de Buenos Aires.

Comentá la nota