Con más controles, volar en EE.UU. ya es una pesadilla

Se limitarán los movimientos de los pasajeros en los aviones; revisarán manualmente cada bolso
WASHINGTON.- A medida que pasan las horas y se toma conciencia de lo que podría haber ocurrido en el frustrado atentado aéreo de Navidad, se multiplica el miedo y se anuncian -con cierto aire de improvisación- nuevas medidas de seguridad que amenazan convertir el viaje en avión en pesadilla.

"Ya nadie sabe qué puede esperar", era, ayer, la queja coincidente entre usuarios de aeropuertos de este país, donde, junto con una psicosis en alza, fueron evidentes una enorme dispersión y la falta de criterio uniforme para adoptar medidas ante la crisis de seguridad que desató el intento terrorista contra un avión que cubría la ruta entre Amsterdam y Detroit.

Se puede esperar de todo. "La duda es saber cómo haremos para revisar la zona corporal íntima de los pasajeros, tanto hombres como mujeres. Pero es indudable que pronto eso se pondrá en marcha", vaticinó ayer Scott Richards, experto en seguridad aérea de Boeing.

Precisamente, el nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab, que intentó hacer estallar el vuelo de Northwest, se había cosido la bomba a su ropa interior a la altura de los testículos, porque sabía que eran mínimas las posibilidades de cacheo en esa zona. Y algo parecido ocurrió hace unos meses, cuando un terrorista ocultó el explosivo en el recto (ver aparte).

"A este ritmo, pasar por la revisión de un aeropuerto será más incómodo que ir al ginecólogo", sintetizó, con ironía, el mensaje de una oyente de la reconocida Radio Pública local, que dedicó parte de la programación a recoger el testimonio de viajeros que, nuevamente, sienten la amenaza terrorista en la nuca.

Lo que está claro es que todo viajero debe esperar que, en el momento menos pensado, se le aplique una revisión manual, tanto a su cuerpo como a su equipaje.

Lo peor, sin embargo, es la sospecha generalizada de que, aun con nuevas medidas, el escudo es vulnerable por naturaleza. "Se han gastado miles de millones de dólares y la experiencia prueba que, a la hora de proteger a los pasajeros, el sistema ha fallado en forma repetida", dijo a The Washington Post Doron Bergebes Ellon, un experto israelí en seguridad aérea.

Pero en este país, que ha invertido fortunas en seguridad desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, la evidencia de que lo hecho hasta ahora no alcanza resultó un mazazo difícil de aceptar. Tanto, que a las autoridades del gobierno de Barack Obama les insumió más de 48 horas asumir que el sistema había fallado y, en un principio, reaccionaron con llamativa tendencia a la negación.

"El sistema funcionó. Todo el mundo reaccionó como se esperaba y sin pánico", evaluó la responsable de Seguridad, Janet Napolitano, en las primeras 48 horas posteriores al fallido atentado. Ayer, sin embargo, y ante el aluvión de críticas, cambió su discurso por completo.

Es evidente que el sistema de prevención de ataques terroristas "falló miserablemente" en el caso del vuelo entre Amsterdam y Detroit. "Claramente, este individuo no debería haber sido capaz de abordar este avión llevando los materiales que llevaba", dijo Napolitano.

Controles exhaustivos

Poco después se hizo pública la atribución de autoría de la red terrorista Al-Qaeda y se anunciaba una intervención del presidente Barack Obama (ver aparte). Y luego, él mismo abrió la caja de Pandora para el viajero al confirmar una "intensificación" de las inspecciones para viajeros y equipajes, sin dar detalles.

Lo único que sí estaba claro es que, por el momento, el viajero y sus pertenencias vuelven a ser el pato de la boda. A los pasajeros que viajan hoy desde y hacia aeropuertos de este país los esperan mayores controles, largas colas y una evidente psicosis.

Ya saben que no pueden moverse de su asiento en la hora final del vuelo ni tampoco usar objetos electrónicos. Que se les quitarán mantas y almohadas y que pueden llevar un bulto de mano que será revisado la cantidad de veces que se disponga. Y que están expuestos a soportar cacheos discrecionales, aun cuando el paso por el arco de seguridad no haya detectado nada anormal.

Los nuevos controles contemplan también la revisión manual del equipaje de mano de los pasajeros, el examen de las valijas a través de rayos X, la eliminación en algunos vuelos de las pantallas que muestran el trayecto del avión, además de la revisión del vestuario, zapatos, cinturones y demás artículos que llevan las personas.

Algunos aeropuertos ya han anunciado que utilizarán un nuevo y polémico sistema de escáner corporal que no deja nada a la imaginación.

En el reino de hago lo que me parezca, British Airways avisó a sus usuarios que en los vuelos hacia Estados Unidos los pasajeros sólo podrán subir un bulto a la cabina. Otras hablan de prohibir totalmente el uso de aparatos electrónicos.

"¿Cómo hago con todo lo que necesito para mis mellizos?", clamaba ayer una pasajera cargada con bolsas de pañales y juguetes. Las familias con hijos parecen figurar a la cabeza de los más afectados, así como las personas con limitaciones en sus movimientos, sometidas al estrés de vestirse y desvestirse una y mil veces a la vista de decenas de personas en una fila de control.

Y la pesadilla apenas empieza.

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