Control oficial también hace peligrar producción de maíz

Tal como ocurre con el trigo, que sufre la peor siembra de su historia y hay temor de que no se pueda cubrir la demanda interna, la producción de maíz también se enfrenta a un panorama incierto. La cosecha está concluyendo en 12,5 millones de toneladas, lo que implica una baja del 43% respecto del año pasado, y crecen los interrogantes en torno a la próxima campaña, ya que el cereal podría ser «devorado» por la soja, el producto agrícola más rentable dentro del país.
Las dudas aumentan mientras se espera la oficialización del acuerdo que el Gobierno firmó el martes pasado con el sector exportador. El Estado promete habilitar ventas al exterior por 3 millones de toneladas (de a un millón por vez) de la próxima cosecha -es decir, a partir de marzo próximo- a aquellos que hoy paguen el «precio pleno» a los productores. Se supone que esto incentivará la producción, pero esto aún no puede comprobarse, especialmente cuando desde hace más de una semana -desde que comenzaron los rumores del acuerdo- casi no se vende maíz.

En apenas diez días, el precio local del cereal trepó un 15% hasta ubicarse en los actuales $ 450. El «precio pleno» o FAS teórico actual es de $ 530, cifra que aún está lejos de los productores. De reojo, siguen las acciones los consumidores de maíz, es decir, granjas avícolas, feedlots y tambos. Para estos últimos, una trepada del precio podría ser un golpe letal.

El maíz, al igual que el trigo, sufre la «politización» de su producción, lo que se expresa en constantes cierres de la exportación. De la última campaña se habilitaron ventas por 6 millones de toneladas. El escenario se complicaría en caso de que caiga fuerte la producción. «Con bajo saldo exportable, el precio lo fija el mercado interno, que está muy atomizado y es difícil de controlar. En caso de tener que importar, habría que pagar precios de hasta u$s 300 por tonelada», advirtió Martín Fraguío, director ejecutivo de MAIZAR.

Justamente, lo que se teme es que siga cayendo la siembra y la producción de maíz. Si bien este año la sequía fue la gran causante de las pérdidas, no pasa inadvertido que se implantaron apenas 2,46 millones de hectáreas, la peor marca desde la campaña 1990/1991. En 2007/2008, el área ocupada había sido un 40% mayor, con 4,23 millones de hectáreas.

De cara a la próxima campaña, que comienza en agosto, las dudas aumentan, por la competencia que dentro de la cosecha gruesa tiene el cereal con la soja, cultivo cuya siembra seguirá marcando récords y podría llegar a 19 millones de hectáreas en 2009/2010.

«Una combinación de factores negativos condiciona la siembra de maíz en la campaña 2009/2010», indica un informe de AACREA difundido ayer, que destaca: «Los productores están muy poco motivados con el cultivo, porque el resultado económico esperado con los precios vigentes durante mayo y primera quincena de junio es poco alentador, ya que persiste la intervención oficial en los mercados y hay poca humedad para la implantación».

El trabajo destaca que «los números de bolsillo favorecen a la soja sobre el maíz», ya que «el costo de implantación de una hectárea de maíz duplica prácticamente al de la soja: u$s 300-350 por hectárea, según planteos productivos de la zona núcleo, contra u$s 150-180 de la oleaginosa». La tonelada de soja se paga actualmente $ 1.050, más del doble que la de maíz.

A su vez, la fecha de siembra más tardía favorece a la soja, que aprovecharía mejor las lluvias que se esperan a partir de la primavera. La baja de insumos también motiva una dilación de la toma de decisiones que juega a favor de la oleaginosa.

Según el planteo de AACREA, el rinde de indiferencia (para que no dé pérdida) para el maíz es de 58 quintales por hectárea con campos propios y 89 quintales en tierras alquiladas. El rinde promedio de maíz del último quinquenio del partido de Junín fue de 84 quintales, lo que deja fuera del negocio a los productores que arriendan.

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