Contratada para matar en Irak

La polémica agencia de seguridad privada ayudó con las tareas de logística, entrenamiento y vigilancia dentro de un programa antiterrorista, según informó ayer la prensa norteamericana. Blackwater tuvo que irse de suelo iraquí este año.
La controvertida agencia de seguridad privada Blackwater fue contratada de forma secreta por la CIA en 2004 para ayudarla con su trabajo sucio. Según denunciaron ayer dos diarios norteamericanos, la empresa colaboró con la agencia de espionaje en sus operaciones más sensibles: los asesinatos de los principales líderes de Al Qaida en Irak. Los ejecutivos de Blackwater ayudaron con las tareas de logística, entrenamiento y vigilancia dentro de un programa antiterrorista multimillonario, señaló el The New York Times, citando a antiguos y actuales funcionarios del gobierno norteamericano.

Todavía no está claro si los agentes de Blackwater fueron los encargados de dirigir y ejecutar los asesinatos. Sin embargo, los funcionarios consultados no lo descartan. "Sería un error pensar que el programa antiterrorista se limitaba a informes con filminas y garabatos en servilletas de cafetería. Iba mucho más allá de eso", aseguró una de las fuentes.

Aun antes de que se difundiera ayer en la prensa, el plan secreto era un tema muy sensible en el Capitolio. Los rumores habían aparecido por primera vez a mitad de año y acusaban al ex vicepresidente de George Bush, Dick Cheney, de haber creado el programa de la CIA a espaldas del Congreso. Para curar las heridas, Leon Panetta, el actual director de la CIA, no sólo decidió cerrar formalmente el programa, sino que además informó, con un poco de retraso, a los miembros del Congreso, precisamente por la forma en que una empresa como Blackwater participó en los operativos.

Mientras que la CIA evitó comentar sobre las denuncias de la prensa, un vocero de la agencia sí se refirió a la decisión de Panetta de terminar el programa, "Fue una decisión transparente y contundente", aseguró Paul Gimigliano. Desde el Senado, en cambio, la legisladora Dianne Feinstein, titular del Comité de Inteligencia de la Cámara alta, sí habló sobre la participación de Blackwater. "Es muy fácil tercerizar el trabajo para evitar la responsabilidad", señaló.

Los detalles sobre los operativos y su efectividad aún no se conocen. Sin embargo, el diario Washington Post pudo saber que la CIA cedió la responsabilidad operacional del programa a Blackwater. Se sabe que el Estado pagó millones de dólares a la empresa con base en Carolina del Sur para que planeara, se entrenara e hiciera el trabajo de vigilancia previo a las misiones, pero aún hay dudas sobre si llegaron a asesinar a algún líder terrorista.

La idea de que Blackwater –que recientemente cambió su nombre a Xe Services– estuviera involucrada en operaciones secretas no debe haber sorprendido a ningún funcionario de la era Bush. Después de la invasión norteamericana a Irak de 2003, el gobierno estadounidense entregó misiones peligrosas –e incluso algunas veces misiones poco transparentes– a empresas contratistas.

Esa filosofía también fue acogida por la CIA. "La tercerización le dio a la agencia más protección en caso de que algo saliera mal", aseguró un oficial de inteligencia al Washington Post, que pidió no revelar su nombre. Ya es de público conocimiento que la CIA subcontrató trabajo en una de las áreas que más amenazaba a su imagen política: los interrogatorios de los sospechosos de terrorismo, detenidos en las cárceles secretas en el extranjero.

En Irak, Blackwater, una empresa fundada por ex marine, era la más grande de las contratistas norteamericanas en el país. Nunca se llegó a confirmar, pero se rumoreaba que sus guardias cobraban cerca de mil dólares por día. Pero, según afirmaba su fundador Erik Prince, eran los mejores. Muchos de ellos eran ex agentes de la CIA o ex militares y, según se supo, la empresa le prestó a la agencia de inteligencia sus campos de entrenamiento en Carolina del Sur para prepararse para las misiones en Irak.

La relación entre el gobierno de Bush y Blackwater terminó siendo uno de los puntos más criticados de la gestión, ya que después de varias masacres, asesinatos y violaciones de civiles iraquíes quedó demostrado que la empresa de seguridad privada actuaba de forma impune y sin ningún tipo de control gubernamental.

El caso que despertó la atención e indignación mundial fue la masacre en la plaza Nisoor de Bagdad en septiembre de 2007. Los agentes de Blackwater abrieron fuego de forma "preventiva" para defender al convoy diplomático estadounidense al que acompañaban. Dispararon contra todos los que estaban en la plaza, hombres, mujeres y niños. Diecisiete civiles iraquíes murieron y ningún norteamericano fue condenado. Después la empresa tuvo que irse del país.

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