A contramano

Neuquén percibe en estos momentos regalías sobre el precio del petróleo más caro del mundo, que es el que se paga en Argentina. Sin embargo, el miedo nacido de la incertidumbre es cada vez más grande.

Argentina es un país tan a contramano, que pasó en seis meses de tener el petróleo más barato del mundo al más caro, sin que esto incidiera en el precio de los combustibles.

Aunque en algunos ámbitos se propicia la confusión sobre este tema, sobre todo cuando se habla dramáticamente de la caída de los recursos que implica el bajo precio del barril de crudo en Texas para Neuquén, lo cierto es que la provincia perdió cuando el crudo cotizaba cerca de los 150 dólares y aquí se pagaba el 12 por ciento de 47.

Era así desde noviembre de 2007, cuando la inspiración mediocre del secretario de Comercio y correveidile de Néstor Kirchner, el increíble Guillermo Moreno, impuso la resolución 394 de la secretaría de Energía, que estableció precio nacional y fijo: 42 dólares para el petróleo de baja calidad, 47 dólares para el más liviano, que es el que se extrae en la cuenca neuquina.

Si Neuquén perdió de recibir en regalías una apreciable cantidad de millones de dólares, ahora se está beneficiando por este precio nacional que el gobierno mantiene, más que nada porque no tiene idea de qué hacer con esta cuestión.

Esta es la realidad. Neuquén percibe regalías en este momento sobre el precio universal más caro del petróleo.

Claro que la distorsión es tan artificial, tan a contramano del mundo, tan irreal en definitiva, que ahora el miedo es todavía más grande.

Es que cuando Moreno siguió la orden de Kirchner, el argumento era que había que proteger el consumo argentino, y que no se podía permitir un precio del petróleo por encima de los 140 dólares porque los combustibles se irían por las nubes y la inflación se dispararía y la catástrofe económica se derramaría como una plaga sobre la indefensa población.

Si se fuera coherente con ese concepto, ahora habría que aplicar el precio internacional, que es 22 por ciento más barato que el argentino, para bajar el precio de los combustibles, porque sería una medida que alentaría el consumo en una época en que los argentinos recorren más kilómetros en auto o en colectivo con motivo de las vacaciones de verano, y por ende, esto favorecería el consumo, abarataría costos, bajaría aun más la inflación, etc.

A las empresas petroleras, mientras tanto, la caída del precio internacional del crudo las perjudica terriblemente. Que en Argentina siga el precio alto, puede implicar solo que las refinadoras importen petróleo barato para vender nafta cara a los consumidores nacionales. Al mismo tiempo, las empresas que son productoras y refinadoras al mismo tiempo –como YPF- son las más perjudicadas, porque ya no pueden exportar combustibles para hacer una diferencia y ganar en dólares, aprovechando un precio bajo nacional.

Para colmo, tanta incongruencia nacional hará que los salarios petroleros argentinos –promedio de más de 10.000 pesos- comenzarán a ser un condicionante serio para mantener el nivel de empleo.

Ni hablar de los planes “plus”, que tanto se han promocionado. El único plus posible en estos momentos es el propio precio nacional. Por eso el gobernador neuquino, Jorge Sapag, se preocupó en anticipar que esperaba que se mantenga este ahora “precio sostén” por lo menos por tres meses, para compensar “el esfuerzo” que ha hecho la provincia en tiempos de precios internacionales altos, resignando su renta en beneficio del Estado nacional.

La OPEP recortó su producción 2,2 millones de barriles, y el precio internacional no se movió. Sigue oscilando entre 33 y 37 dólares el barril. La caída mundial en el consumo de energía es el gran factor determinante. Será así hasta que se comience a salir de la recesión y se pase el miedo y la desconfianza de los consumidores.

En este contexto, al gobierno neuquino le queda convivir con regalías acotadas, hasta que repunte el precio ni bien comience a reactivarse el consumo (la energía ya nunca será barata en el mundo). Deberá ser, por tanto, muy prudente en el gasto, sobre todo en el gasto salarial.

Y meditar mucho sobre qué le conviene, a la hora de evaluarse en el escenario económico nacional, justo en el centro de una errática política energética, tan disparatada que siempre se distingue por ir a contramano del resto del mundo.

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