Contradicciones de un país que flota en petróleo

Por: Marcelo Cantelmi

El Comité de Víctimas de los Apagones es una organización civil venezolana que, con algo de humor o resignación, suele marchar llevando en funeral los aparatos eléctricos que fulminaron cortes abruptos de la energía. La anécdota es chica pero pinta el alcance de un problema aún más notable en la contradicción de un país que flota sobre un mar de petróleo.

Los números de la "Venezuela saudí" son elocuentes sobre cómo se ha extraviado la inversión que hubiera prevenido esta crisis. El país que Hugo Chávez gobierna desde hace una década está en recesión. En 2009 su economía se redujo 2,5%. La inflación fue de 28% y el desempleo trepó a 15%. Las cifras de 2010 no son auspiciosas debido también al desafío energético que volteará consumo y más empleos.

El gobierno dice que todo es culpa del clima. Como siempre, es difícil sacar a alguien de donde no cree haberse metido. Veamos algún ejemplo sencillo. El presupuesto nacional prevé en 2010 un crecimiento de 0,5%. Es una meta magra, pero aún así se basa en una producción de petróleo "de 3,1 millones de barriles diarios (mbd)". Caracas, sin embargo, se comprometió con la OPEP a mantener un nivel de 2,01 mbd que, es cierto, no cumple de modo estricto, pero en sus máximos está en 2,35 mbd (medición de octubre). Ese nivel es insuficiente para sostener la economía e incluso, como se ve, lograr aquel moderado crecimiento que anota la ley de leyes. Para peor la baja de la actividad destruye ocupación y caen ingresos, afectados además por el costo de vida que, según el propio gobierno, será de 20 a 22% en 2010, el mayor de la región. Las estimaciones privadas con tonos de película de terror pronostican el doble.

Otro ejemplo: La canasta alimentaria ronda los 2.500 bolívares fuertes. Pero el sueldo mínimo es de 967,5. Algo no marcha. El gasto público que enfrenta el país por las compras de empresas (aún debe unos US$ 10 mil millones), los subsidios y la brecha de 200% entre dólar paralelo y oficial que desalienta la producción, son partes de un cepo que no deja de ajustar. Y que no sólo se expresa en menos energía, sino en la merma de la asistencia social que depende, como casi todo, de la fatigada ubre de la petrolera estatal. Con esa trastienda no debe sorprender que Chávez anticipe guerras y llame a la resistencia. Los espectros suelen ser más amistosos que las realidades.

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