La contracara de la navidad K viene con más presión tributaria

La escalada no se detiene. La Argentina lidera junto a Brasil la lista de naciones de la región con mayor carga impositiva. La necesidad de caja se combina con mayor presión hacia los contribuyentes. La evolución del IVA y las retenciones ponen al país diez puntos por encima de la media latinoamericana.
Un pacto entre la sociedad y el Estado. Un pacto que se puede discutir, defender, aceptar. O, ¿por qué no?, también puede ser invadido por el escepticismo y la indiferencia. Mientras que la presión tributaria en América latina manifiesta una tendencia en aumento desde la década del ‘90, esta característica dista de mostrar una mejora en la calidad de los servicios públicos que otorgan los estados latinoamericanos, como educación, salud y seguridad social. En la región, recaudar no se traduce en distribuir.

Según el estudio "El papel de la política tributaria frente a la crisis global" de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), la Argentina es el segundo país con mayor carga tributaria en la región, que alcanzó el 29% de su PBI en 2007. Y esta tendencia parecería extenderse en el tiempo. A nivel nacional, en 2009 se aprobó el "impuestazo tecnológico" y se prorrogó el impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios y a los Derechos al Comercio Exterior. Asimismo, algunas provincias evalúan elevar la incidencia del Impuesto a los Ingresos Brutos, a los Sellos y a la Herencia. "En el Presupuesto se proyecta una presión tributaria del 28,3% para 2010. Es optimista, pero no lo van a poder lograr. En un año de desaceleración económica es normal que los pagos de impuestos se retrasen. La única forma de conseguirlo es combatiendo la evasión más fuerte, pero en general los gobiernos lo intentan justo cuando se desacelera el ciclo económico", considera Luciana Díaz Frers, directora de Política Fiscal del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Para Marcelo Capello, economista jefe de Ieral, es de suma importancia diferenciar la presión tributaria efectiva (PTE) de la presión tributaria legal (PTL), puesto que la primera "no tiene en cuenta los niveles de evasión existentes". En un enfoque macroeconómico, en 2004 Ieral midió ambas en el IVA, impuesto a las Ganancias y contribuciones a la seguridad social, que representan dos tercios de la recaudación nacional. "Mientras la PTE agregada de esos tres tributos era del 16% del PBI, la PTL resultó el doble", diferencia Capello. Aunque la presión fiscal efectiva de la Argentina es similar a países industrializados como los EE.UU., (28%), Japón (30%), Canadá (33%) y Nueva Zelanda (36%), estas naciones se diferencian de la nuestra porque cuentan con menor evasión.

Al ser un gobierno federal, la presión tributaria de la Argentina aumenta aún más si se añaden los gravámenes de las provincias. "Si se tiene en cuenta el gobierno general, en la Argentina la PTE aumentó 10 puntos del PBI entre los ‘90 y 2008, cuando alcanzó casi 31% del Producto. En 2009 sería del 31,3% y en 2010 podría superar los 32 puntos", anticipa el especialista de Ieral. Considerando los impuestos provinciales, la Argentina alcanza un nivel de carga tributaria similar al de Brasil.

"Como no existe un contrato social de cuánto queremos pagar de impuestos y qué queremos recibir a cambio, paga menos gente y la presión tributaria para los que sí pagan es más alta que el 35%", calcula Mariano Flores Vidal, asesor principal del Banco Ciudad. En esta línea, declara que "la presión impositiva no la sufre toda la economía", puesto que "el aumento recayó principalmente sobre el campo". "Es un sector que, mientras los precios internacionales le sonrían, puede sobrevivir a las retenciones a las exportaciones" dice.

Cada vez más impuestos

Diez puntos debajo de la presión tributaria argentina se encuentra la media latinoamericana que, para la Cepal, ronda en un 19% del PBI, cálculo que surge del nivel del gobierno central de 19 países de la región. "Desde un promedio del 14,1% del PBI en el período 1990-1992, la carga tributaria creció hasta alcanzar un 18,6% de 2005 a 2007", mostrando un incremento del 4,5% del Producto entre estos dos períodos. En los últimos tres años, la presión fiscal de la región se sitúa en un 20% del PBI.

Juan Pablo Jiménez, autor del informe y oficial de asuntos económicos de la División de Desarrollo Económico de la Cepal, asegura que si bien la carga tributaria de América latina "ha sido baja cuando se la compara con otras regiones del mundo o con el grado de desarrollo de la región, ha demostrado un importante crecimiento". "El incremento del IVA en todos los países ha sido uno de los fenómenos más significativos de la política tributaria de los últimos 15 años, pues explica por si sólo casi el 70% del crecimiento de recursos tributarios", especifica Jiménez. A su vez, el impuesto a la renta representa un 33,5% y los impuestos al patrimonio un 6,5%.

Como un viento a favor para elevar la presión fiscal, el crecimiento económico que alcanzó la región en los últimos años es otra de las características que elevó los niveles de recaudación. "En la última década se vio una mejora significativa de la presión tributaria de la mano de la evolución de los precios de los commodities, y especialmente en países como Venezuela o Chile, donde las empresas productoras de esos commodities están dentro del Estado", afirma Marina Dal Poggetto, socia de Bein & Asociados. Para la economista, este factor sumado a la debilidad del dólar en el mundo explica el salto que dio la presión tributaria en la región desde 2002 a 2007, que fue del 16,7% al 18,6% del PBI. "Las economías alcanzaron la capacidad de restablecer la demanda de moneda local y tener cuentas externas y fiscales con una consistencia macroeconómica mucho más significativa en la región", complementa.

Históricamente, Brasil posee la carga fiscal más elevada de América latina, que en 2007 fue del 35% de su PBI. Con tres niveles de gobierno que recaudan gravámenes (nacional, estados federales y municipios), sus impuestos directos -que recaen sobre los activos y las rentas- pasaron del 6% del PBI en 1990 a 10% en 2008, según datos de Ieral. En cambio, los impuestos indirectos mostraron un aumento menor: del 12% al 13,5% del PBI en los mismos años. Al igual que Panamá, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y México, el porcentaje de recursos derivados de la seguridad social de Brasil supera el 20% de los ingresos tributarios. Con un estado de gran tamaño, el impuesto a las ventas es uno de los tributos más fuertes del país carioca. No obstante, el gobierno brasileño anunció esta semana un paquete de medidas para reforzar el crecimiento económico en 2010, que incluye una prórrorga de exenciones fiscales para bienes de capital y computadoras y reducciones de impuestos, con las que este año favorecieron al sector automotor.

El despegue de las

commodities

Uno de las naciones que más contribuyó a elevar la presión fiscal de la región fue Bolivia, que pasó del 10,5% del PBI en el período 1990-1992 a 20,5% entre 2005 y 2008, según la Cepal. Asimismo, la Argentina, Brasil y Perú son los otros tres países cuya carga tributaria a nivel de gobierno central manifestó un importante aumento entre 2002 y 2008. En estos últimos tres países, Jiménez explica que "las autoridades aprovecharon aumentos en los precios de los productos que exportan para introducir nuevos instrumentos impositivos para aumentar la recaudación". Es así como a los bienes agropecuarios en la Argentina le correspondieron retenciones, al gas e hidrocarburos en Bolivia, los impuestos, y a los minerales en Perú, las regalías mineras. "También se destaca el crecimiento en el impuesto a la renta de empresas, en particular de aquellas ligadas a la actividad económica en la que cada país se especializa", amplía el especialista de la Cepal.

Contrariamente, México y Venezuela han observado una caída en la presión tributaria. El primero pasó de tener una presión fiscal del 11,7% del PBI en 1990-1992 al 9,9% entre 2005 y 2008. "México tiene una carga tributaria relativamente baja por el nivel de PBI per cápita que posee. Además, es un país con una alta concentración de recaudación a nivel nacional, puesto que los estados no recolectan muchos ingresos", asevera Díaz Frers. Y agrega: "Al estar al lado de EE.UU., perdería competitividad si tuviera un carga tributaria muy alta".

Cuando el precio del barril de petróleo baja, la recaudación también. Como el 50% de sus recursos totales provienen de la explotación del "oro negro", Venezuela es uno de los casos que manifiesta cómo la evolución de los ingresos por la explotación de recursos naturales es volátil para aumentar los niveles de recaudación fiscal. "Venezuela ha tenido una política de mantenerse al margen de los mercados, de ser fiscalmente agresiva y poco amigable con el sector privado y la inversión. Con un Estado que creció cada vez más, hoy depende del precio de un petróleo elevado", opina Dal Poggetto. El país bolivariano pasó de tener una presión fiscal del 17,3% del PBI (1990-1992) a una del 15,8% (2005-2008). Sin intenciones por parte del presidente Hugo Chávez de diversificar la economía, la estructura productiva de Venezuela se rige, en términos fiscales, bajo el precio del petróleo.

Tanto en Venezuela como en los otros estados que dependen principalmente de un solo commodity, el deterioro de los precios de los productos básicos es un riesgo para su futuro balance fiscal. Por ello, el precio del cobre chileno también influye en la recaudación impositiva del país vecino, pues representa el 40% de sus exportaciones totales. "Chile es más dependiente del cobre que la Argentina de la soja, pero se encuentra en un proceso de diversificación muy importante", dice Jorge Colina, jefe de investigaciones del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA). Debido a esta alta dependencia, Chile estableció un Fondo de Estabilización del Cobre (FEC) para los ingresos extraordinarios de este recurso, que permite ahorrar los excedentes para que puedan ser utilizados en tiempos de déficit. Con una carga fiscal del 20,5% del PBI en 2005-2008, Díaz Frers sostiene que como país unitario, "los impuestos nacionales de Chile son más importantes, y eso explica que tenga una presión tributaria más baja".

Aunque los especialistas consultados por Weekend coinciden en que en ningún país de la región el aumento de la presión tributaria se traduce en una mejora de los servicios otorgados por el Estado, Chile muestra tendencias de mejora en los últimos años. "La educación pública chilena es gratuita sólo en primario y secundario. El sistema de atención de salud está focalizado en los pobres, y estimulan a que la clase media y alta se pague estos servicios. Chile opta por tener impuestos bajos porque deja que la población pague con gastos privados estos servicios", señala Colina. Para el economista de IDESA, su política de impuestos bajos le ha permitido a Chile reducir su economía informal.

Si bien una carga tributaria más elevada implicaría una mayor capacidad de reasignación de recursos, la estructura fiscal que rige en América latina falla en crear un sistema impositivo que pueda contribuir a una mejora notable en la distribución del ingreso. Actualmente, América latina se presenta como la región más desigual del mundo. "Se necesita un diseño efectivo de políticas sociales con estudios importantes que lo respalden. En la región, la presión tributaria agrandó el Estado sin planificación e invadiendo terrenos en los que invertía el privado. Es necesario un cambio de contrato entre la sociedad y el Estado", concluye Flores Vidal.

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