Contra la sensatez, Kirchner redobla la apuesta

Por Rosendo Fraga

El kirchnerismo viene ejerciendo el poder a nivel nacional desde hace más de seis años y medio.

Durante la presidencia de Néstor Kirchner, sufre dos derrotas políticas: las movilizaciones de Blumberg en 2004 y el triunfo de monseñor Joaquín Piña dos años más tarde en Misiones.

En ambas oportunidades, tras un breve repliegue, el entonces Presidente retomó la iniciativa, redobló la apuesta, anuló a sus adversarios y ganó las elecciones de 2005 y 2007.

En los dos años de gobierno de Cristina las derrotas fueron tres: la del campo en 2008, el fracaso electoral en 2009 y la crisis desatada por el uso de reservas para pagar deuda al comenzar 2010.

Ante todo, se observa que las derrotas se han hecho frecuentes y también que la metodología de redoblar la apuesta ha dejado de producir los resultados que antes alcanzaba.

Lo sensato sería, en consecuencia, aceptar que hace falta cambiar la forma de hacer política, dado el costo y la inviabilidad que implica seguir gobernando con una suerte de hiperpresidencialismo, que ha perdido consenso, tal como lo mostraron las elecciones y lo siguieron confirmando los sondeos. Además, porque ha dejado de ser eficaz, como lo ha mostrado la crisis suscitada con el intento de destituir al presidente del Banco Central.

La historia muestra que los líderes políticos cambian de ideología de acuerdo con intereses, conveniencias y circunstancias. Néstor Kirchner es un ejemplo extremo de ello.

Por esta razón, cuando la actitud del Poder Judicial, la relación de fuerzas en el Congreso, la opinión pública y las decisiones que está adoptando la justicia de los Estados Unidos respecto al embargo de reservas argentinas hacen prudente un giro hacia la moderación y el consenso, en una palabra hacia la sensatez, el ex presidente, como líder del oficialismo, seguramente hará lo contrario: redoblará la apuesta una vez más.

Frente a los intentos de buscar un acuerdo en las últimas horas, que someta las decisiones del Ejecutivo a la correspondiente aprobación del Congreso, el kirchnerismo ha insistido en denunciar una conspiración, en la cual ubica al vicepresidente, Julio Cobos; al presidente del Banco Central, Martín Redrado; a la oposición; a los medios de comunicación privados; la Justicia; el campo; los fondos buitres; la derecha; sectores del empresariado; intereses foráneos; etc.

Este discurso ha sido explicitado no sólo por el ex presidente en las últimas horas, sino también por Cristina Kirchner.

Sus afirmaciones de que el vicepresidente busca desplazarla antes de 2011, las declaraciones desde el oficialismo que mencionan la posibilidad de un juicio político a Cobos y las de Luis D´Elia denunciando la puesta en marcha de un golpe blanco, para destituir a la Presidenta, no hacen más que agravar la crisis política y económica que se ha generado, la proyectan al plano institucional y aumentan la incertidumbre.

El momento exige moderación y el kirchnerismo está respondiendo con exasperación.

La historia argentina muestra muchos casos de crisis que no pudieron ser resueltas por la incapacidad de lograr acuerdos y el reciente conflicto entre el Gobierno y el campo es un ejemplo de ello.

Pero lo probable es que Kirchner siga redoblando la apuesta, en un momento en el que se requiere exactamente lo contrario.

En autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

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