Contra la inseguridad, la decisión política.

Según el juninense Javier Guarnerio, responsable de la lucha contra el delito en uno de los distritos con menos ilícitos de la provincia de Buenos Aires, la clave está en darle preponderancia al tema.
Responsable del plan de seguridad de un distrito reconocido internacionalmente por la prevención del delito, Javier Guarnerio, juninense y ministro de Gobierno de la municipalidad de Lobos, no tiene dudas: “La inseguridad se termina cuando la clase política se da cuenta de que es prioritaria para la sociedad y establece un plan idóneo”.

Por eso, cree que el trabajo contra el delito que logró que Lobos recibiera una mención especial de Naciones Unidas puede aplicarse en Junín. Y propone un plan de tres patas: elevar a la policía como institución, incentivar la participación comunitaria y poner a la seguridad en el tope de la agenda pública municipal.

“Hay que entender que la gente reclama estar tranquila antes que cualquier otra cosa. Los que nos dedicamos a la política tenemos que leer eso y trabajar en consecuencia”, exhorta en diálogo con DEMOCRACIA.

Afincado en Lobos desde los primeros años de esta década y protagonista desde 2003 de la revolución que llevó a esa ciudad a, entre otras cosas, reducir el índice de delitos rurales casi a cero, Guarnerio sostiene que la inseguridad también puede reducirse drásticamente en nuestra ciudad.

La diferencia de alrededor de 60 mil personas –en Lobos viven cerca de 45.000 habitantes– no es, para Guarnerio, significativa. “Conozco Junín y tengo amigos con los que hablo seguido. Esta no es una ciudad que esté perdida ni mucho menos”, alienta.

Para el funcionario, el trabajo contra la desigualdad y el fortalecimiento de la policía son fundamentales. “Nosotros trabajamos para que la gente sienta que los efectivos forman parte del entramado social y para que ellos se sientan reconocidos, por eso entregamos medallas anuales y viajes a Nueva York para que reciban capacitación”, cuenta.

“Tampoco toleramos ningún tipo de actitud que no tenga que ver con la investidura policial. Ellos tienen un sueldo fijo, el apoyo de la sociedad y beneficios como las casas de los planes federales de viviendas. Nosotros exigimos una conducta acorde”, sentencia.

La lucha contra el delito en Lobos se hace también a través de la eliminación de los negocios paralelos a la actividad ilegal. “Cerramos desarmaderos y seguimos de cerca a los talleres mecánicos. Además, fuimos fuerte contra el juego clandestino”, continúa.

“Tenemos un control estricto de la entrada y salida de los vehículos a la ciudad gracias a la coordinación entre la policía vial, comunitaria y los agentes municipales de tránsito”, agrega.

La cuestión de los patrulleros, tan mencionada en Junín, es fundamental para Guarnerio. “Creemos que un coche en mal estado hace que la policía pierda autoridad. Por eso, y sin una tasa de seguridad, invertimos dinero del presupuesto en las unidades. Tenemos 24 móviles y cuatro de ellos son comunitarios, es decir, que salen del dinero de los habitantes de Lobos y son conducidos por funcionarios municipales”, explica.

Delitos rurales

A pesar de que Lobos es una de las zonas más reconocidas de la provincia por sus estancias y por la práctica del polo, los delitos rurales ya casi no existen. “Lo primero que hicimos fue reparar los caminos para que pudieran circular los patrulleros. También hacemos recorridos diarios en los que la policía tiene que reportarse ante los dueños del lugar”, detalla.

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