Contra la fuga, aplican un dólar tranqui.

Cristina y Néstor recibieron un informe que los convenció de que lo mejor para frenar la salida de capitales es evitar un tipo de cambio recontra alto. A precios de hoy, el billete verde costaba $ 5,30 en 1989. A ese valor hubo hiperinflación y huida récord.
El informe que recibieron Cristina y Néstor Kirchner terminó por convencerlos. A valores de hoy, el dólar promedio de 1989 fue de $ 5,30, con un pico de $ 8,70 en mayo de aquel año. La conclusión del trabajo es que un dólar recontra alto no le pone freno a la fuga de capitales sino que la exacerba. Y que, como ocurrió en aquel año, una escalada del tipo de cambio puede desembocar en una seria inestabilidad política y en un proceso hiperinflacionario. Dentro del Gobierno es prácticamente unánime la opinión de que hay que acotar el movimiento en la cotización del dólar. Eso no quita que gane terreno la discusión sobre cómo hay que hacer para frenar la huida de divisas.

En aquel recordado 1989, de la Argentina se fueron capitales por el equivalente a 10 puntos del Producto Bruto en un solo año. Una huida equivalente se repitió en 2001. Ahora, del país se van alrededor de 7 puntos del PBI por año. Desde mediados de 2007, se fugaron 40 mil millones de dólares. Y la salida, aunque más lenta en los últimos tres meses, no se detiene.

De acuerdo con los datos preliminares, este mes terminará con un saldo neutro para el Banco Central en el mercado cambiario. A pesar de que junio es uno de los meses en que la autoridad monetaria debe aprovechar la oferta de dólares de la soja, la gran demanda de billetes verdes por parte de empresas y ahorristas imposibilitó ese escenario. Las cerealeras, dueñas de nueve de cada diez dólares que ingresan al país, vienen liquidando a razón de 90 millones diarios. Esa oferta se la llevan los inversores privados: seis de cada diez dólares quedan en poder de empresas, bancos y grandes inversores y el resto en manos de pequeños inversores, que a diario hacen cola en las casas de cambio de la City porteña para trocar sus pesos por moneda dura.

Para el Banco Central, este escenario es manejable en el corto y mediano plazo. Hay reservas suficientes –unos 46.500 millones de dólares—para poner al tipo de cambio donde más le convenga. El hecho de que la balanza comercial termine este año superavitaria entre 12 y 13 mil millones de dólares, por encima de los ocho mil millones previstos a comienzos de 2009, les quitó argumentos a quienes esperaban un salto abrupto para después del próximo domingo. En este sentido, el desplome de las importaciones por la crisis y las barreras puestas por Guillermo Moreno y Débora Giorgi al comercio exterior jugaron a favor de la estabilidad del tipo de cambio.

Funcionarios y consultores privados coinciden en que las divisas que entran a la Argentina pasan a manos de quienes están dolarizando sus inversiones. Eso se nota en lo que viene ocurriendo en el sistema financiero: mientras los plazos fijos dolarizados se expanden a razón de 1% mensual, los nominados en pesos se encuentran estancados, con una leve tendencia bajista. Frente a este escenario, en el Banco Central no se muestran temerosos: afirman que gran parte de los ahorros que están en los bancos se quedarán allí y no saldrán. A diferencia de otras épocas de crisis, esta vez la gente confía en los bancos, no hay riesgo a un colapso sistémico, afirman en Reconquista 266.

Otra cuestión que marcan algunos funcionarios cercanos al matrimonio presidencial es que la discusión sobre el tipo de cambio se parece a la de cualquier otro país. "No ocurre como en otras épocas, cuando la expectativa era de una suba del dólar del 100% sino de si el rango de suba de acá a fin de año será del 5% o del 10%", razona un funcionario en diálogo con Crítica de la Argentina. Eso significaría que la cotización tendría un techo de $ 4,18 en diciembre. Muy lejos de los cinco pesos que hasta hace algunas semanas reclamaban los principales lobbistas de la Unión Industrial Argentina.

Una de las principales variables que reflejan la tranquilidad financiera preelectoral son las tasas de interés. En otras campañas fue común observar un salto en el rendimiento de los depósitos, producto de la desconfianza de los ahorristas. Ahora, la tasa de los plazos fijos en pesos se clavó en 12% a 13% anual, ya que los bancos están sentados sobre un enorme colchón de liquidez.

Para que la fuga de capitales no se acelere, a la decisión de mantener la cotización del dólar con poca volatilidad se sumaron los férreos controles del Banco Central y de la AFIP sobre bancos y casas de cambio, para evitar que se superen los límites de compras que tienen los grandes inversores.

Los funcionarios creen que esas medidas son suficientes para lograr el objetivo de mantener bajo estricto control al dólar. La recuperación de la soja y la revaluación del real ayudan a que esto se cumpla. En el Gobierno y en el Central saben que, tras las elecciones, deben frenar la huida de divisas. Ésa es la piedra que lastima el funcionamiento de la economía.

Alivio para la dinámica inflacionaria

La suba en los precios internacionales de las materias primas le quitó presión a tipo de cambio, lo cual alivia las expectativas inflacionarias por un aumento del dólar, sostuvo el Banco Ciudad en su último reporte semanal. Según la entidad financiera, el primer trimestre de 2009 registró cierta aceleración inflacionaria respecto del trimestre previo, ya que la inflación pasó de un ritmo anualizado de 15 a cerca de 20 por ciento.

Cae la tasa de depósitos dolarizados

Los bancos están recortando las tasas de interés que ofrecen por los plazos fijos en pesos. Hasta hace algunas semanas, un depósito a 30 días rendía 1% anual. Ahora, con la gran expansión que muestran esas colocaciones, la tasa bajó a tan sólo medio punto en algunos bancos líderes. El problema que aducen los financistas es que no pueden prestar los depósitos dolarizados (a menos que sea para el comercio exterior) y no les conviene tener inmovilizada la plata. Por plazos fijos a 60 días se paga el doble (1%) y el 2% para quienes se atreven a 90 días.

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