Contra los fantasmas del dólar electoral

Por Fernando Gonzalez

La historia reciente y caótica de la Argentina está llena de ejemplos. Ningún gobierno puede enfrentar una elección clave con el dólar descontrolado. Basta recordar aquella frase de quien iba a convertirse en canciller de Carlos Menem (Guido Di Tella), que pidió un “dólar recontraalto” en plena campaña de 1989 cuando el gobierno de Raúl Alfonsín empezaba a desmoronarse. El efecto fue tan explosivo que nada pudo evitar la derrota del radicalismo gobernante.

Tampoco le fue bien a Fernando de la Rúa en octubre de 2001, cuando la convertibilidad ya hacía agua y enfrentó una elección legislativa con el crédito gastado del blindaje financiero que le había facilitado España. Domingo Cavallo apuraba el corralito y la presión sobre el dólar se hacía sentir cada vez más. ¿El resultado? La derrota electoral que preanunció el final anticipado de la Alianza.

Por eso es que el kirchnerismo se cura en salud y el Banco Central sale hoy a mostrar que su política de “flotación administrada” no significa que van a dejar que sean los mercados los que determinen el valor del dólar. Para eso, dicen, tienen 47.000 millones de dólares de reserva monetaria y la decisión de evitar que crezca el fenómeno de un “dólar electoral” acicateado por la incertidumbre que generan el conflicto con el campo y el resultado de los próximos comicios.

En la misma línea van los movimientos para que los organismos internacionales de crédito le faciliten a la Argentina un colchón financiero que se sume a la seguridad de las reservas. Ya bastante incógnita despiertan las elecciones como para agregarle un dólar impredecible que confunda a los mercados y agite los peores fantasmas de una sociedad acostumbrada a tenerle miedo al futuro.

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