Continúa el corte de los aborígenes “porque el ministro González no define un petitorio”

Todo comenzó con un trágico accidente que protagonizó Mario Martínez, un integrante de la comunidad aborigen del barrio Namqom, en el acceso norte de la ciudad, sobre la traza de la ruta nacional Nº 11. Según pudo saberse, una camioneta atropelló a esta persona alrededor de las 19.30 del viernes último, quitándole la vida.
Este suceso provocó la reacción en masa de toda la comunidad aborigen allí instalada, en reclamo de más seguridad, la colocación inmediata de reductores de velocidad y un semáforo, que regule el tráfico sobre la arteria que bordea al mencionado barrio.

El piquete primeramente se instaló en inmediaciones del control policial ubicado a pocos metros de Namqom, más precisamente en el lugar del accidente fatal. Ayer, en cambio, al ver los manifestantes que el tránsito general se movía por un camino alternativo que unía el hipódromo con la parte posterior del Centro Juan Pablo II, sorteando el corte de ruta, decidieron establecer otro punto de corte, esta vez en inmediaciones de ese hipódromo, dando lugar a un corte total de la ruta nacional, dejando paso sólo a ambulancias y automóviles particulares con personas enfermas o embarazadas.

El petitorio que tienen los aborígenes tiene en resumen, tres puntos, la instalación de reductores de velocidad, la colocación de un semáforo, y por último, el traslado del titular de la subcomisaría Namqom, Bernardo Portillo, de quien tienen duras críticas los manifestantes.

Este reclamo, hecho petitorio, quieren entregarlo en manos del propio ministro de Gobierno Jorge González, quien no se presentó en el lugar de los acontecimientos, lo que genera la dilación en la resolución del conflicto ya que los aborígenes dijeron no desear hablar con ningún otro funcionario provincial.

La situación

Luego de que alrededor de las 19 de ayer se instalara el piquete total, la tensión creció ya que arribaron al lugar efectivos de la Infantería policial antimotines, con escudos, cascos y cachiporras, prestos a liberar la ruta por la fuerza.

Muy cerca, unos pocos efectivos de Gendarmería Nacional (que tienen jurisdicción sobre la ruta nacional11) miraban desde una distancia prudente la situación, no intervinieron en el diálogo con los manifestantes y sólo se limitaron a detener el tránsito, que en poco tiempo formó largas filas entre camiones, autos y colectivos de larga distancia.

El abrasador calor de la hora, unos 38 grados, ubicaba al corte en una situación insoportable para quienes luego de varios kilómetros de viaje quedaban varados sobre el pavimento, imposibilitados de moverse, ya que sólo pasaban ambulancias.

Al lugar del corte los aborígenes acercaron cubiertas viejas para prenderles fuego, y llevaron recipientes de agua y víveres para mantener el corte por tiempo indefinido, ante la ausencia de las autoridades que requerían. Fermín Gómez, miembro de la comunidad indígena, aseguró que "mantendremos el corte de ruta hasta que se cumplan nuestros reclamos, que se vaya Portillo, que instalen reductores y que haya un semáforo".

En el lugar, también hay un gran número de mujeres y niños de la etnia que compone el barrio Namqom, lo que de alguna manera obliga a replantear a las autoridades cómo procederán para habilitar nuevamente el paso del tránsito por la ruta.

Los manifestantes también denunciaron que el ministro González, en lugar de atender sus reclamos, "ordenó colocar alcantarillas y arreglar el camino" alternativo.

Varados en la ruta

La inflexible postura de los aborígenes puso en una situación difícil a muchos conductores y pasajeros de autobuses de larga distancia, que permanecían ayer sobre la ruta sin poder avanzar hacia la capital provincial.

En sentido contrario, muchos al ver el corte absoluto, decidían volver sobre sus pasos para probar suerte en otro momento. Camioneros lamentaban su suerte ante cercanas fiestas de fin de año y quizás plazos que cumplir que no podrán cubrir.

El corte causó un caos en Falcón-Loyola

En lo que respecta a la medida adoptada por los originarios del barrio Namqom, sin prever ni pensar en ello, causaron un caos en el tránsito del paso fronterizo Falcón – Loyola.

Ayer, se pudo ver a más de 28 vehículos de transporte de pasajeros de larga distancia, que originaron largas colas en la zona de aduana, inclusive sobrepasando el puente de ingreso que da hacia el barrio El Porteño.

El punto culminante e insólito que denunciaron varios viajantes, es que había un sólo empleado de Aduana controlando a los miles de pasajeros.

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