Conti, no te quedes con las monedas.

Por: Osvaldo Bazán.

Y entonces, un día, al pibe, un militante de veintipico, de la zona sur del gran Buenos Aires, un pibe que quería un país mejor para todos, le dicen que la senadora quería hablar con él.

Y entonces, un día, al pibe, un militante de veintipico, de la zona sur del gran Buenos Aires, un pibe que quería un país mejor para todos, le dicen que la senadora quería hablar con él. Que sabía del buen trabajo que había hecho como militante y director de Cultura de su municipio, tan joven, director, y que la senadora estaba buscando un jefe de prensa y que la viera en el Senado. El pibe no podía creer su suerte. La senadora no era una de esas políticas de provincias feudales, una de esas que aparecían colgadas en las listas sábanas de andá a saber qué sábanas colgadas. No, la senadora era un referente de lo mejor de la tradición de la defensa de las libertades públicas, de la que peleó de verdad contra las leyes de punto final y obediencia debida. Un honor. El pibe estaba, hay que decirlo, chocho. Una senadora progre. Era raro, le pagaba en negro la senadora progre, pero el pibe no se preocupó. Suponía que la burocracia y esas cosas. Setecientos pesos en negro y, además, bueno, el país mejor para todos y eso. El pibe, con un optimismo y una voluntad que vistas de afuera, también hay que decirlo, cansan un poco, fue al Senado. Y cada vez más entusiasmado y trabajando más y entonces cuando la senadora lo llamó para hablar y le preguntó qué le parecía la gestión, él, que nunca fue tímido ni corto, le dio todo un panorama político a la senadora que, a todo esto, no tenía partido, era ala progresista nomás, y votaba con el Gobierno pero no era del Gobierno. Y el pibe le dijo, como si tuviera que ser asesor y no lo era, pero tanto entusiasmo, estaba en el Senado, ahí donde se puede cambiar el país, "dedicate a los temas ninguneados, vos estás más adelante, vos sos progre". Y ahí nomás barruntaron la ley de despenalización de tenencia de drogas para uso personal. Era todavía 2004 y la senadora se cansó de dar entrevistas con el trabajo que el pibe había escrito. Más chocho, el pibe. Y más aún cuando se metió con un tema que le interesaba personalmente, y era el de igualdad de derechos de parejas gays. Ahí lo conocí. Me llamó, como llamaba a tanta gente tan insistentemente, quería hacer algo de lanzamiento de la ley y festivales y que Fito Páez escribiera la canción de amor gay que el rock nacional todavía nos debe. Y un día la senadora lo llamó y le dijo que lo blanqueaba, que hablara con los empleados administrativos, Pablo Iglesias y Federico López. Lo nombraban desde el 1 de septiembre de 2004, categoría A-3, 1.810 pesos.

En diciembre, llegan juntos los sueldos de septiembre, octubre, noviembre. Buena plata, 5.429 pesos, qué alegría. Mira contento su cheque que ganó trabajando para la buena senadora en la oficina cuando entra Federico López que le dice: "Ahora vas con Daniel (Frabotta, otro empleado, casualmente, el mejor amigo del hijo de la senadora progre), lo cobrás, sacás 700 pesos para vos y lo otro se lo tenés que dar a la senadora". El pibe no entiende nada, piensa que es una broma, mira las caras, comprueba que no es una broma. Pero hace lo que le piden. Lo llama la senadora. Diálogo casi textual en su despacho.

–Sentate. ¿Cobraste? –preguntó la senadora progre.

–Sí, recién vengo del banco.

–Bueno, dame la plata.

–Cómo? ¿La plata que cobré te la tengo que dar?

–Sí, dale, apurate. Separás mil pesos y te los quedás. Ése es tu sueldo a partir de ahora. Todos los meses hacemos lo mismo: cobrás, te quedás mil pesos y me das el resto para mí.

–¿Pero entonces te tengo que dar los otros cuatro mil cuatrocientos? –volvió a preguntar el pibe.

–Sí, dale, apurate –dijo y, mientras el pibe contaba las monedas del banco, la senadora progre le dice: –No, las monedas te las podés quedar.

La senadora guardó el dinero, dijo "listo" y dijo "chau" con la mirada. El pibe no entendía nada. Entonces, la senadora, para eliminar dudas, preguntó: "¿Pasa algo?". Y el pibe, por no putear, se calló y se fue. No sabía dónde estaba parado, pero sí sabía que no quería estar parado ahí.

Así de fácil había sido para la senadora Diana Conti en diciembre de 2004 quedarse con 4.400 de los 5.400 pesos que Bruno Bimbi se había ganado en su trabajo de tres meses. La actual diputada K, Diana Conti, la que acaba de decir: "Lo de Eduardo Buzzi no lo puedo creer. No puedo creer de la defección de convicciones que hay en este país". La diputada K Diana Conti, que defiende con modales guarangos al Consejo de la Magistratura que integra, mete mano a una práctica sin lustre, sin brillo revolucionario. Mete mano en las prácticas más berretas de la vieja política. La diputada K Diana Conti mete mano.

Pasó lo mismo pocos días después cuando Bruno cobró su proporcional del aguinaldo. De los 605 pesos, Pablo Iglesias le dijo que debía darle 400 a la entonces senadora Diana Conti. Bruno se enojó pero Federico López, que estaba ahí escuchando, intervino: "No, hay un error", dijo y entonces Bruno pensó que bueno, que le iban a decir la verdad, que todo era una jodita para Tinelli, que la senadora Diana Conti era la de los derechos humanos, la progre, que cómo le va a cobrar un diezmo por darle trabajo. Pero no, lo que Federico dijo fue que la cuenta estaba mal hecha, que a la senadora progresista Diana Conti le debía no mucho más de 200 pesos. Portazo de Bruno. Al día siguiente, Federico, de amigo, le dijo a Bruno: "Si no le das la plata a la senadora Diana Conti, te va a echar a la mierda".

Vino fin de año y Bruno estaba mal. En enero de 2005 la llamó por teléfono pero la senadora Diana Conti le contestó que estaba de vacaciones, que no era momento. En febrero y con una excusa insostenible, Bruno Bimbi fue separado de su trabajo y cuando fue a preguntarle a la senadora Diana Conti por qué, la senadora Diana Conti se burló diciéndole "¡Te dejé sin trabajo! ¡Te dejé sin trabajo!", una niña que hizo una travesura. Los senadores progresistas son así. O al menos, la senadora progresista Diana Conti era así. Ahora cambió. Ahora es diputada K.

Todo lo que dice esta nota –incluso el diálogo– consta en los expedientes del sumario interno en la Cámara de Senadores y en los de la Justicia. A fines de mayo de 2005, Bimbi hizo la presentación judicial frente al juez José Condino a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción N° 29, secretaría N° 152. En tiempo récord, con feria judicial en el medio, en agosto de 2005, el juez sobreseyó a Diana Conti. Pese a las contradicciones de los únicos tres testigos a los que llamó, no los careó; ni tomó ninguna otra prueba. Por eso, Bimbi, recordemos, un denso, consiguió que la Cámara de Apelaciones anulase el sobreseimiento. La causa pasó al juez Canicoba Corral quien hizo algo básico: le pidió al Senado la lista de asesores de la senadora Diana Conti en la época en que Bruno trabajaba allí. Aparecieron un montón de personas a las que Bruno nunca vio en el despacho. Hasta Sebastián Corsetti, hijo de la ahora diputada K Diana Conti, que lo más parecido a trabajar en el Senado que tenía era que trabajaba en una casa de computación en Vicente López. Sebastián no aparecía por el despacho de su mamá ni para saludar a su íntimo amigo Daniel Frabotta. Pobre, a la diputada progresista K le salió un hijo ñoqui, ¿será hereditario? La causa está abierta.

Tiene razón la diputada K Diana Conti. No se puede creer la defección de convicciones en este país.

Pero, Diana, ¿sabés qué? Entendiste todo al revés: con las monedas no te podés quedar.

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