El consumo global crece al disiparse los temores

Por: Ricardo Arriazu.

Las políticas fiscales expansivas explican una parte del fenómeno. Fueron clave los cambios en la conducta de la gente.

El consumo privado mundial se está recuperando, contrariando los pronósticos pesimistas. Si bien las políticas fiscales expansivas explican parte de este comportamiento, en realidad la recuperación del consumo está explicada fundamentalmente por cambios en el comportamiento de los consumidores al disiparse los temores sobre una posible profundización de la crisis mundial.

La mayor recuperación se está dando en los países asiáticos, pero la sorpresa es que también creció en los EE.UU. (2,9%) y en algunos países europeos (Alemania, Francia e Italia, entre otros). En el caso particular de los Estados Unidos, el consumo se había contraído en forma significativa durante el segundo semestre de 2008 al profundizarse la crisis económica y al contraerse el crédito. Los analistas argumentaban que resultaba imposible la recuperación de la economía americana sin la recuperación del consumo, y que éste no podía crecer si no crecía el empleo. La realidad contradijo este razonamiento: el volumen de la producción (PBI real) creció en el tercer trimestre el 2,8% y el consumo real creció el 2,9%, a pesar de que el ingreso nominal de los asalariados se mantuvo constante y que la cantidad de personas empleadas se redujo en más de 1,3 millones. El empleo siempre reacciona con un rezago en relación a la producción: cae menos que la producción al inicio de una crisis y sólo se recupera después que el consumo y la producción. La productividad y los beneficios empresariales caen en los inicios de una recesión y se recuperan rápidamente en los inicios de una expansión.

El principal error de estos analistas fue el haber ignorado que el nivel de gasto de una persona está determinado no solamente por su ingreso sino también por su propensión a ahorrar (o a desahorrar). Las variaciones en el consumo están explicadas tanto por las variaciones en los ingresos como en las tasas de ahorro. Los problemas en el mercado inmobiliario, el colapso de Lehman Brothers, el incremento del desempleo y la desaparición del crédito generaron temores y modificaron en forma abrupta el comportamiento de los consumidores, los que redujeron su consumo, repagaron sus créditos e incrementaron sus ahorros como una forma de protegerse contra los potenciales avatares económicos.

Esta conducta se modificó durante el último trimestre al mitigarse los temores sobre un colapso económico; el ritmo de repago de los créditos se redujo lo cual aumentó el ingreso disponible de los individuos, siendo el mismo utilizado para incrementar el consumo. Si bien el consumo sigue siendo inferior al nivel registrado un año atrás, es mayor al alcanzado en el trimestre anterior.

La recuperación del consumo puso también fin a la política de liquidación de inventarios, lo que quedó evidenciado en el 0,9% de contribución al crecimiento del PIB en concepto de acumulación de inventarios. Las cifras más recientes confirman que esta tendencia se mantuvo en octubre y en noviembre.

La destrucción de puestos de trabajo también se está desacelerando y se espera que el empleo se recupere a partir de los primeros meses del año próximo. El desempleo podría continuar creciendo aún por algún tiempo al crecer la fuerza laboral, pero debería comenzar a reducirse hacia mediados del año próximo.

El caso argentino es muy similar al de estos países, aunque con algunas características particulares relacionadas con las compras de divisas. Durante el 2009, la crisis internacional y el mal clima redujeron el valor bruto de la cosecha agrícola en casi 17 mil millones de dólares, al mismo tiempo que la compra de dólares (salidas de capitales) acentuaba la reducción del consumo y de la inversión. Esta situación se modificó a partir del mes de agosto al reducirse la salida de capitales como reflejo de: a) un mayor apetito por el riesgo de los inversores internacionales, b) disminución de los temores sobre potenciales problemas financieros ante el anuncio de la intención de regresar a los mercados internacionales de capitales, y c) la estabilidad relativa de la relación peso-dólar incrementó el atractivo de las colocaciones financieras en pesos.

Durante el tercer trimestre la compra de divisas para atesoramiento por parte de argentinos se redujo a menos de 3.000 millones de dólares, la cual se compara con compras promedios superiores a los 6 mil millones de dólares en los cinco trimestres anteriores, siendo esta reducción equivalente a casi 4% del PBI. Esta mejora se acentuó durante octubre y noviembre.

Una porción de este mayor ingreso se canalizó hacia el gasto (explicando el crecimiento del consumo), pero la mayor parte incrementó los depósitos del sector privado en las entidades financieras. Estos depósitos crecieron en más de 4 mil millones de dólares desde agosto, fondos que las entidades financieras utilizaron para incrementar los préstamos al sector privado (1.500 millones de dólares), al sector público (1.000 millones de dólares) y para comprar títulos del Banco Central (lo que explica la acumulación de reservas).

La realidad económica argentina del año que se aproxima estará determinada por los mismos factores que generaron la retracción de este año: la magnitud de la cosecha, la evolución de los precios internacionales de nuestros principales productos de exportación e importación, y el signo y magnitud de los movimientos de capitales.

La confianza (o desconfianza) de los inversores, los conflictos políticos y sociales, y los problemas fiscales de la nación y de las provincias se reflejarán primordialmente en esta última variable. Si las expectativas en materia de cosecha y precios se materializan y los flujos de capitales mantienen su actual dinámica, la economía podría crecer el año que viene más del 4% y el consumo a una tasa muy similar. Si la conflictividad social y política afecta la confianza y se refleja en salidas de capitales, el crecimiento se resentiría.

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