Se consumó el despojo

Por Adrián Ventura

Finalmente, el Congreso nacional convirtió en ley la transferencia de fondos de las AFJP al Anses: la ley no deja ningún beneficio para los beneficiarios del sistema, y únicamente le permite al poder político concentrar más dinero y más poder.

Quedó muy atrás en el tiempo aquella votación del Senado en la que el vicepresidente Julio Cobos frenó la el aumento de las retenciones.

Desde entonces, el Gobierno recompuso su mayoría e impulsó, con éxito, varias leyes que le permiten mostrarse fuertes o acumular poder.

En efecto, desde aquellos días, el Congreso avanzó con la restatización de Aerolíneas Argentinas; con la prórroga de la emergencia económica, a pesar de que la emergencia de 2001 quedó muy atrás; con la prórroga de varios impuestos que recauda la Nación, sin que las provincias hayan atinado a exigirle al Gobierno nacional que rediscuta la coparticipación, y, ahora, con la absorción de los fondos de las AFJP.

El Gobierno, como una eficaz aspiradora, se limita a ejercer el poder a cualquier costo y a buscar caja, sin importar que ello diluya las expectativas de la gente o que deje seco a los mercados a los que, el mundo desarrollado intenta inyectarle liquidez..

La nueva ley viola fundamentalmente dos derechos: el de libertad de elección, porque el año último millones de personas quisieron quedarse en el sistema privado, y el derecho de propiedad, porque los fondos que aportaron los afiliados al régimen de capittalización, que estaban en cuentas individualizadas a nombre de cada persona y con algunos derechos hereditarios sobre ellos -la ley derogada habla de "copropiedad"-, ahora entran en una masa indeterminada de fondos del Anses.

Al aportante, futuro jubilado, le quedan dos cosas por hacer:

1) presentarse en la Justicia, no para reclamar la devolución de los fondos, que el Estado no le reintegrará jamás, sino para solicitar que se reconozca que los aportes que hizo hasta ahora integran su derecho de propiedad y, de eso modo, tener alguna expectativa a recobrarlos en el futuro.

2) creer y tener fe de que alguna vez el Anses cumplirá con la promesa de pagar buenas jubilaciones, pero todo indica que eso no ocurrirá nunca. Hasta ahora, los jubilados cobraron ingresos magros y, para obtener alguna mejora, tuvieron que ocurrir, de a cientos de miles, a la Justicia. Nada indica que el Estado no los vaya a estafar de nuevo.

Por el contrario, el Gobierno dispondrá de una magnífica caja, que obtuvo al costo de espantar a las inversiones, secar la economía y generar una brutal desconfianza en todos los sectores.

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