El consumo cultural no distingue ocio de trabajo

El consumo cultural no distingue ocio de trabajo
Las nuevas tecnologías acercan libros, música y TV a toda hora
El tiempo libre ha dejado de serlo y los consumos culturales ocupan tanto el tiempo productivo como el ocio. ¿Qué significa esto? Que se ha operado un cambio de paradigma cultural mientras el mundo sigue andando. Dice el reconocido investigador Roberto Igarza, autor de Burbujas de ocio (La Crujía), que la modificación en el sistema cultural mediático incorpora nuevos contenidos a los consumos de entretenimiento tradicionales y alumbra una categoría nueva: el ocio intersticial.

Dos ejemplos para entenderlo. En el actual verano europeo, un señor toma sol a orillas del Mediterráneo, mientras baja videos del actor argentino Diego Capusotto del sitio de YouTube . El otro: una empresaria ocupa la hora del almuerzo para bajar música a su iPod y copiar trailers de programas televisivos a su BlackBerry .

Para Igarza, esta "sociedad digital, hiperconectada y entretenida" representa una nueva etapa en la sociedad de la información, caracterizada por una sobreproducción y oferta de contenidos que impactan sin pausa en todas las actividades humanas. La vieja frontera entre el tiempo laboral y el tiempo libre se ha diluido. Y esto se advierte con mucha fuerza en el público joven.

Para el director de Industrias Creativas y Comercio Exterior del gobierno porteño, Enrique Avogadro, "los jóvenes consumen cada vez más contenido «empaquetado» en diferentes formatos (videos, música, fotos, información digital) y «enriquecido» por sus amigos o compañeros de trabajo. Es una cultura eminentemente urbana". Igarza la llama "cultura hiperurbana": más de 1500 millones de personas viven en 476 ciudades de más de un millón de habitantes. "Son profundas las implicancias del paso de una sociedad ilustrada a otra en la que el ocio y el entretenimiento ocupan los microespacios del tiempo productivo. Eso es el ocio intersticial", sostiene Igarza.

Este nuevo fenómeno cultural, en el que se superponen formatos, contenidos y soportes, tiene dos ejes clave: las redes sociales y las plataformas de videosharing , según explica Igarza. Las grandes cadenas españolas de TV comenzaron a subir sus ciclos de mayor rating, en directo, a sus sitios web. Esos contenidos están disponibles para todos los dispositivos electrónicos.

Las plataformas Hulu.com y Crackle.com suben en EE.UU. programas de las cadenas Sony, NBC y Fox, y ganan usuarios, con el riesgo de perderlos en la TV. En esa sobreoferta digital, algunos escritores aterrizan en la telefonía móvil. Los "articuentos" del español Juan José Millás -breves textos reflexivos con fotos- son accesibles para los lectores del diario El País y los usuarios de celulares. Cuenta Igarza que Rocketboom, uno de los noticieros digitales más exitosos de Nueva York, cosecha miles de usuarios.

Para el editor de la empresa on line Teseo, Octavio Kulesz, "si bien es cierto que nadie leerá La guerra y la paz en un celular, las nuevas generaciones incorporarán nuevas formas de lectura de manera natural. Cada vez más, el tiempo de ocio y el productivo se interrelacionan. Y, a su vez, dentro del ocio se conectan otras áreas". Da este ejemplo: "Un joven lee en un dispositivo digital la novela Crímenes imperceptibles , de Guillermo Martínez. Quizá quiera saber más sobre Oxford y navegue por el sitio de la universidad británica".

¿Cómo se concebirán nuevas ideas si falta tiempo para aburrirse? Hay que desconectarse para darle espacio a la profundidad, argumenta Kulesz. E Igarza completa: "Aún resta ver qué pasa con los procesos cognitivos de los usuarios [con tanto estímulo cultural mediático]".

Avogadro cuantifica algunas de las opciones de ocio recogidas en un estudio reciente. El 65% de los jóvenes en Buenos Aires hoy se conecta para chatear; el 45% para bajar música; el 40% para ayudarse en los estudios; el 50% para informarse y el 5% baja películas y videos.

Dice Igarza que, en la cultura fragmentada actual, "los microespacios de ocio se viven intensamente y que esa intensidad deja escaso margen para la maduración. El conocimiento que se adquiere también es fragmentado". Discrepa Avogadro: "El ocio ya no es una alternativa del trabajo alienante, sino el complemento para una vida más rica. Eso permite desplegar nuevas habilidades cognitivas, sobre las cuales aún no hay mucho para decir".

84,4%

Tiene banda ancha

* En la ciudad de Buenos Aires, el 65% chatea, el 55% juega, el 45% baja música y el 50% se informa.

De 3 a 6

Horas promedio en la Web

* Entre los 12 y los 36 años, los porteños pasan ese tiempo navegando diariamente.

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