La conspiración perpetua

Por: Ricardo Roa

Hay un viejísimo cuento chino que le calza redondo a las teorías conspirativas, hoy a la orden del día. Lo recuerda el filósofo Pablo Capanna en la página de Opinión. Un campesino, que no podía encontrar su hacha, se convence de que se la robó un vecino y teje toda una historia de malvados sobre él y su familia. Al final comprueba que la había dejado olvidada en el fondo de la casa. La culpa era solamente suya.

Como el chino con su hacha, el Gobierno se empeña en buscar afuera los culpables de la crisis del Central, cuando todo pasó por mérito enteramente propio. Hasta los mismos kirchneristas reconocen que el decreto para apropiarse de las reservas era rudimentario, estuvo mal hecho y nadie midió sus consecuencias.

Redrado, que ni siquiera había sido consultado, se negó a acatarlo y entonces lo echaron por otro DNU mal concebido y rechazado por la Justicia. Aunque había resistido alguna medida, Redrado fue por cinco años siempre dócil a las decisiones de Kirchner. Ahora pasó a militar en el bando de los conspiradores junto a Cobos, el partido Judicial, Clarín y el que los K imaginen.

Buscar todo el tiempo enemigos y traidores que vienen a perturbar el camino tomado por los buenos es una táctica que de tan gastada empieza a ser inútil: la promocionada presencia de Kirchner en TV fue lo menos visto el domingo.

Y pasa también en Gualeguaychú. Después de pelearnos con Tabaré, se pretende que Mujica encuentre la salida a un conflicto de este lado. El paso fronterizo está cerrado hace más de tres años por una supuesta contaminación nunca probada. Y lo último de los asambleístas es bloquear un tendido de fibra óptica, que va desde Entre Ríos a Fray Bentos. Como dice Capanna, la política se enreda en sus ficciones.

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