En qué consisten las políticas keynesianas

Por: Ricardo Arriazu

Ante la crisis, el mundo clama por las ideas del economista inglés. Pero se las conoce poco y se las carga de ideología.

Con subas y bajas, con escándalos y sustos, la crisis financiera internacional parece haber tocado fondo. Los precios de las acciones a nivel mundial se ubican en la actualidad entre un 15% y un 25% por encima de sus mínimos, la tasa LIBO (a la cual los bancos se prestan entre sí) ha bajado hasta niveles no vistos durante los últimos cuatro años, la apreciación del dólar parece haber tocado piso y los precios de las materias primas (excepto el petróleo y el cobre) se han recuperado de sus mínimos recientes.

Por el contrario, la crisis económica recién se inicia y la casi totalidad de los países desarrollados muestran caídas absolutas en sus niveles de actividad económica, tendencia que se ha extendido a los países emergentes (incluyendo a China).

El agravamiento de la crisis está generado un intenso debate sobre las políticas económicas que se deben implementar para impedir que la incipiente recesión se transforme en una gran depresión. Este debate ha puesto nuevamente de moda algunas propuestas que John Maynard Keynes formulara durante la Gran Depresión y también (desafortunadamente, en mi opinión) algunas ideas de sus seguidores. El mundo clama por políticas "keynesianas" sin que se entienda demasiado bien qué se entiende por ellas.

Keynes fue un gran economista inglés de principios del siglo XX que saltó a la fama por su libro Las consecuencias económicas de la paz, fama que se consolidó con su activa participación en los debates sobre cómo salir de la Gran Depresión, con la publicación de su libro Teoría general del empleo, el interés y el dinero, en febrero de 1936, y con su crucial contribución al establecimiento del llamado "Sistema de Bretton Woods".

Su comprensión de las complejas interrelaciones entre las distintas variables económicas, y las de éstas con otras variables sociales y políticas, era notable. En su libro Las consecuencias económicas de la paz, que escribió luego de participar como delegado de la Tesorería inglesa en la conferencia de Versalles, anticipó las nefastas consecuencias de las elevadas reparaciones de guerra impuestas en dicho tratado: "Si la guerra civil europea (se refiere a la Primera Guerra Mundial) termina con Francia e Italia abusando de su momentáneo poder victorioso para destruir a la Alemania y Austro-Hungría postradas, ellas están también invitando su propia destrucción.". Las reparaciones fueron eventualmente aliviadas cuando se comprobó que eran de imposible cumplimiento, pero contribuyeron a fomentar el resentimiento que llevó a la Segunda Guerra Mundial. Esta lección fue aprovechada por los aliados luego de su victoria en esta segunda contienda.

En su Teoría general, Keynes intentó modificar el pensamiento económico dominante introduciendo conceptos nuevos tales como el nivel agregado de la demanda, los efectos económicos de los cambios en la proporción del ingreso que la gente destina a consumir y a ahorrar, los motivos por los que existe el desempleo de recursos productivos, etc., los que contribuyeron al entendimiento del funcionamiento de las economías. Estos conceptos fueron transformados por sus seguidores en modelos que paulatinamente se alejaron de sus principios básicos, que se ideologizaron y que, frecuentemente, se basaron en supuestos inconsistentes. Keynes fue partidario de la acción económica del Estado, pero nunca propuso un Estado empresario.

La estanflación en la década de 1970 hizo que el enfoque intervencionista keynesiano perdiera su atracción; sin embargo, algunas de sus ideas siguen siendo válidas y se continúan realizando esfuerzos para combinarlas con los modelos neoclásicos. En mi modesta opinión, algunas de estas ideas pueden contribuir a disminuir la severidad de la actual crisis económica y evitar que se repitan los errores de la década de 1930, pero una interpretación incorrecta de las mismas puede agravarla.

Específicamente, la explosión de la "burbuja" inmobiliaria en los Estados Unidos generó desconfianza en las entidades financieras, con lo que los ahorristas se apresuraron a retirar sus depósitos por temor a perderlos. Esta acción agrava sensiblemente los problemas económicos generados por la explosión de la "burbuja" y los transforma en "sistémicos" al trasladarlos a toda la economía.

Keynes argumentó correctamente en su momento que, cuando el público incrementa en forma sorpresiva y significativa su demanda de instrumentos financieros emitidos por el gobierno (billetes y monedas y bonos), se genera una baja en la demanda global de bienes y servicios, por lo que las autoridades económicas deben reciclar esos fondos hacia el sistema financiero para evitar una implosión económica. También argumentó que si, a pesar de este "reciclado" de fondos, el sector privado continúa reduciendo su gasto por temor a perder sus ingresos en el futuro, el gobierno puede incrementar temporalmente el suyo para compensar la baja del gasto privado. La idea fundamental es impedir que el pánico genere un "círculo vicioso".

Sin embargo, esta receta no es de aplicabilidad universal ni válida para cualquier tipo de situación. En aquellos países en que el retiro de depósitos del sector financiero se traslada a la compra de divisas, la emisión de dinero por parte de las autoridades monetarias puede terminar financiando una corrida y agravando la situación. Estos países deberían haber constituido con anterioridad un fondo anticíclico, y si no lo hicieron deberían hacer lo posible para conseguir apoyo del exterior (como el ofrecido por los EE.UU. a México, Brasil, Singapur y Corea). Las supuestas políticas "keynesianas" tampoco pueden ser utilizadas para intentar demorar ajustes que son inevitables. Cuando un país, que fue beneficiado por una mejora de los términos del intercambio -y no utilizó la bonanza para ahorrar para los momentos malos- enfrenta una severa (y prolongada)baja de los precios de sus productos de exportación, la reducción en el nivel de gasto interno es inevitable y las políticas de expansión del gasto sólo agravarán el ajuste posterior.

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