Las consecuencias de ser un equilibrista

En una semana de movido oleaje político, el gobernador Daniel Scioli sufrió como nunca antes el rígido control de los recursos ejercido pory castigado por el campo en la profundización de la pelea entre ese sector y el Gobierno nacional; y trinó de bronca por una serie de informaciones y especulaciones vertidas al unísono por los dos principales diarios del país, en cuyo trasfondo también habría intenciones de presionarlo. Además, debió desprenderse de uno de sus ministros -Emilio Monzó- por un pedido de Olivos. el matrimonio Kirchner; quedó al medio
La historia política del mandatario bonaerense dice que su mejor arma es la búsqueda de consensos y una destacada capacidad para evitar enemistades. Sin embargo en los últimos tiempos -y sobre todo tras la derrota electoral del oficialismo- esa estrategia se vio dañada por la intransigencia instalada en la Quinta de Olivos, donde no se aceptan discrepancias, ni amigables contactos con quienes son adversarios de los K.

A Scioli no le gusta tomar posturas

conducentes hacia enfrentamientos sin retorno. Hay quienes le critican cierta ambigüedad y sostienen que "un hombre de Estado toma decisiones que gustan a algunos y disgustan a otros". Para él, la receta del consenso con la mayoría de los actores sin dejar muchos heridos, es la mejor fórmula. Con ella le ha ido bien en su meteórica carrera. Pero en el presente, mantenerse en esa senda parece un desafío gigantesco.

"En toda la carrera política de Scioli los teóricos de la obviedad nos dijeron que nos corramos del espacio en el que estábamos; primero con Menem, después con Duhalde y ahora con Kirchner". Se intenta, desde el núcleo del sciolismo puro, dar una respuesta a por qué el jefe sigue atado políticamente al santacruceño a pesar de tener posiciones diferentes en muchos de los temas más candentes. Al respecto agregan que "Daniel es un político distinto del sistema de construcción tradicional, y es distinto de Kirchner en un montón de cosas, pero no quiere decir que no sea parte del mismo espacio político; Scioli no se diferencia, es diferente, pero comparte un mismo espacio". Y reiteran que "jamás construyó política hablando mal del espacio que integra".

Un funcionario provincial sostiene

que "cuando una sociedad está en una situación crispada, uno debe manejarse entre tibios y troyanos, y cuando más

se necesita andar con bidones de agua, algunos andan con bidones de nafta; a nosotros no nos pidan eso". Cuestiona, además, "esa falsa dicotomía de estar con uno o con otro. ¿Por qué? Discutamos las cosas, hagamos el menú más atractivo, donde no todo sea ‘estás con éste o con aquél’; las sociedades modernas se construyen de otra manera".

Otro señala que "en el equipo político

la conducción es de Daniel, y todas las políticas que coordina Alberto Pérez tienen mandato expreso del Gobernador. Pérez es el brazo armado de la estrategia de consensos que quiere Scioli".

De cualquier forma, aceptan en La Plata la incomodidad que es para Scioli quedar en medio de una puja tan feroz como la del campo con el Estado nacional y, casi con pudor, hacen esfuerzos desmedidos por desterrar las versiones sobre un quiebre en la relación con Kirchner. "Está todo bien", dicen. Igualmente, la teoría de un enfriamiento aparece avalada en el atraso del envío de recursos con los que Nación alteró los nervios provinciales.

"Nosotros nunca tuvimos dudas de que íbamos a pagar los sueldos, pese a lo que se decía en los medios", aducían en la Gobernación casi al mismo tiempo que, sobre la hora, llegaba el demorado giro de recursos. Puertas adentro hay temor de que la restricción económica se repita en los próximos meses. La situación generada por este retraso también parece profundizar las distintas posturas en el gabinete, con algún funcionario que aboga por un despegue más definido. De todos modos, con las cuentas en rojo, la dificultad para colocar bonos y la necesidad imperiosa de asistencia, no sería el mejor momento para dar portazos o enojar a quien tiene la llave del tesoro.

Otras cuestiones

"Kirchner ya fue", decían algunos intendentes después del 28 de junio. "Quien crea que el Flaco está muerto, se equivoca; tiene dos años más de gobierno para recomponerse y no quiere irse a la casa", analizaban otros. A sólo dos meses de las elecciones, a los segundos les asiste más razón que a los primeros (ver nota en página 20). Un funcionario provincial plantea la cosa desde "la paradoja que significa que quien perdió las elecciones tenga la iniciativa política".

De cualquier manera, los propios alcaldes del Conurbano se recostaron en Scioli, y lo apreciaron como garante de la obra pública. El propio Gobernador se ofreció para interceder ante la presidenta Cristina Fernández en caso de demora de los emprendimientos anunciados. Pero los contactos de los jefes comunales con el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el secretario de Obras Públicas, José López, continuaron. Y ahora se retomaron con el propio Néstor, quien puso primera a su aventura presidencial 2011.

El acercamiento con los barones encendió los celos fáciles del pingüino, intolerante a cualquier atisbo de posicionamiento político por encima de él. Para no alterarlo, en la Provincia dicen que "el proyecto es de ocho años"; niegan intenciones de recalar pronto en la Rosada. Como fuese, Scioli y los intendentes se necesitan mutuamente, y unidos, para correr menos riesgos de ser rehenes financieros de los caprichos K.

El Gobernador hasta cedió espacios en su gabinete ante los pedidos llegados del Conurbano. Sin embargo todos no quedaron conformes, y exigen lugares de privilegio. En la Primera sección aún sienten que les toca una silla.

En esa búsqueda, quizá algún alcalde pudo hacer correr la bola de que Scioli sería obligado a asumir la banca de diputado, presuntamente distanciado con Kirchner, quien le atribuiría responsabilidad en la derrota por supuesta mala administración.

El domingo 30 el sciolismo se desayunó con sendos análisis en Clarín y La Nación, cuyo eje principal era la posibilidad de una asunción del Gobernador como diputado, obligado por un Gobierno nacional -es decir, por Kirchner- que confiaría más en el vicegobernador, Alberto Balestrini. En la Gobernación reaccionaron con desmentidas, y Balestrini se prestó a la foto con Scioli en la reunión de gabinete del lunes, tras la cual almorzaron juntos. Después, el vicegobernador calificó de "mentes enfermizas" a quienes generaron la versión, para redoblar la apuesta con un "yo creo que Daniel tiene que ser reelecto". Al clamor se sumaron otros dirigentes del oficialismo.

La descompresión no tapó, sin embargo, la sensación de nuevas presiones, ni evitó las suspicacias sobre un posible cambio en diciembre. Una fuente de la Legislatura afirmó que "sea quien sea el que haya pasado la información, el pingüino estaba al tanto".

Las empresas periodísticas más grandes generalmente trataron a Scioli distinto que a Kirchner. Preocupa en La Plata que la tendencia se revierta, aunque saben los motivos. La pretensión de los holdings sería lograr por parte del Gobernador una postura en contra de la ley de Medios. Scioli no lo hará, porque eso significaría la ruptura absoluta. Pero habría sido el propio mandatario provincial quien se metió en el berenjenal, asistiendo a una reunión con Héctor Magnetto, CEO de Clarín. Cuando se enteraron en Olivos, pusieron el grito en el cielo.

"Quizá todo este tipo de cosas que aparecen tengan más que ver con instalar cuestiones menos importantes y evitar discutir el tema de fondo. Acá, el tema de fondo es la relación Nación-Provincias y las cuestiones fiscales. Un tema

de fondo es que la provincia de Buenos Aires solamente recibe el 22% de la Coparticipación", dice un hombre del Gobernador.

El campo

Una de las problemáticas de fondo es, sin duda, la del campo. Un conflicto demasiado extendido y sin aparentes vencedores a la vista, aunque sí con muchos vencidos. Con tacto, Scioli intentó acercamientos y mediaciones. Convocó a los ruralistas y prometió charlar el tema con la Presidenta. Fue a la Rosada y lo planteó, pese al intento de Balcarce 50 de instalar que no se había conversado al respecto.

Ese gesto, más algunas medidas de injerencia provincial, hicieron que en el campo mejorara la imagen de Scioli, contrastante con el tobogán del que desde hace un año y medio no salen los Kirchner. El trato del mandatario provincial con los ruralistas volvió a poner nervioso a Néstor, quien tiene a los agricultores en la bolsa de los principales enemigos.

El viento favorable de la relación gobierno bonaerense-agro se vio frenado por el veto a la ley que permitía eximir de retenciones a los productores de distritos en emergencia. El Gobernador defendió la medida presidencial en momentos en los que aún no tenía seguro el giro para resolver el panorama financiero de agosto. Los ruralistas se sintieron defraudados.

Las necesidades económicas y el aline-amiento político provocaron otro hecho que empeoraría la relación Provincia-Agro. La renuncia de Emilio Monzó al ministerio de Asuntos Agrarios no hace más que correr de la línea de diálogo al funcionario que era destacado por los dirigentes rurales "por su permanente intención de solucionar el conflicto".

Respecto de las molestias en Olivos por los gestos de Scioli al campo, cerca del Gobernador trazan un paralelismo, cuya intención es mostrar injusticia en el reproche. "Lo único que falta es que María del Carmen Alarcón tenga más méritos que nosotros", exclaman.

Juran en el sciolismo que jugarán la suya hasta la muerte. Y la suya es "el diálogo y el consenso, sin confrontraciones, perteneciendo al mismo espacio pero siendo distintos, porque somos distintos".

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