Conmoción en Italia por una serie de ataques racistas y xenófobos

Un desocupado de la India fue golpeado y quemado ayer en Roma. Hace días, un policía apaleó a un vecino negro. Y crecen las agresiones contra los gitanos. El presidente dijo que son episodios "horrorosos" y que no son casos aislados.
Un ciudadano de la India de 35 años, Singh Navte, albañil desocupado desde hace cuatro meses por la crisis global y sin casa, fue insultado, apaleado y finalmente quemado con nafta por tres bravi ragazzi de buena familia, drogados y borrachos, que querían "combatir el aburrimiento con emociones fuertes", como confesó uno de ellos. El inmigrante di colore, como se apresura a informar la prensa peninsular, dormía en un banco de la estación de Neptuno, cerca de Roma. Un médico del hospital de quemados de Roma donde ha sido internado dijo que tiene sólo el 40% de posibilidades de sobrevivir.

El de la madrugada de ayer es el último, y ni siquiera el peor, episodio de un cotidiano racismo y de una xenofobia que se extiende como una grave enfermedad que infecta al cuerpo social italiano. Las historias de bárbara intolerancia se hacen infinitas. Hace tres días, un funcionario de policía de Civitavecchia fusiló a su vecino de Senegal, durante una discusión. Después dijo que el tiro se le escapó pero no explica qué hacía con el fusil en la mano. Los vecinos dijeron que el policía "odiaba al negro", que era un inmigrante regular desde hace veinte años, y se la hizo pagar.

Por suerte esta vez la alarma preocupa a la Nación. Muchos creen que las cosas se han pasado de la raya. Con grandes titulares, los diarios admiten que la situación es grave. "Queman a un indio para jugar" (La Stampa), "Queman a un inmigrante para divertirse" (La Repubblica), "Inmigrante apaleado y quemado" (Corriere della Sera).

El presidente de la República, Giorgio Napolitano, dijo ayer que "estamos frente a espisodios horrorosos que deben ser considerados no como hechos aislados sino sintomas alarmantes de tendencias difusas que, por desgracia, están creciendo".

Hacía falta que la más alta autoridad institucional dijera que mal están las cosas y pidiera "a todos los que tienen responsabilidades institucionales, culturales, educativas, para que se empeñen a fondo a fin de detener cualquier manifestación a riesgo de xenofobia, racismo o violencia".

El gobierno conservador del premier Silvio Berlusconi que acusaba a la "sinistra" de ser floja con los delincuentes y los inmigrantes cuando gobernaba, se encuentra ahora en medio de la tormenta. "Hay un clima de odio", afirma el líder de la oposición Walter Veltroni.

El pobre desocupado indio cuenta que los tres jóvenes apresados, uno de ellos un menor de 16 años, habían pasado frente a donde reposaba y le habían exigido dinero, amenazándolo. "Creí que jugaban", dijo, mientras los médicos desesperan por salvarle la vida porque tiene quemaduras de tercer grado en casi la mitad del cuerpo. "Nos aburrimos en este pueblo", contó el único que confesó plenamente y tiene 19 años. "Tomamos alcohol, nos fumamos unos porros de marihuana y decidimos después hacerle una broma. Fuimos a la estación de servicio, compramos una botella de nafta. Pero no queríamos matarlo". Solo verlo arder mientras le gritaban "¡negro sucio volvete a tu casa!".

En Italia la comunidad india es importante y muy apreciada, sobre todo en el sector agrícola y ganadero. "Si ellos se van sería un duro golpe", dijeron los líderes de la "Coldiretti", los productores agrarios.

En los últimos meses hubo muchos casos de violaciones de mujeres, que en algunos casos concluyeron con la muerte de las víctimas. En una buena parte los responsables eran del Este europeo, sobre todo de Rumania, que ahora es un país miembros de la Unión Europea.

Estos casos han aumentado las reacciones xenófobas y racistas. En Guidonia, cerca de Roma, donde una chica fue violada por cuatro energúmenos rumanos, hubo ataques contra sus connacionales y albaneses que juraban que no tenían nada que ver.

El clima se ha agravado desde el triunfo de la derecha de Berlusconi, en particular porque la Liga Norte, acusada con razón de fomentar la xenofobia y el racismo, es parte del gobierno. El ministro del Interior, Roberto Maroni, es el brazo derecho del líder de la Liga, y también ministro de la República, Umberto Bossi, que alguna vez pidió que las carretas del mar cargadas de inmigrantes de Asia y Africa que llegan al sur de Italia, fueran cañoneadas por las naves de la Armada.

En el anterior gobierno de cinco años de Berlusconi (2001-2006), Bossi y el líder de los ex fascistas de Alianza Nacional, Gianfranco Fini, promovieron una ley para restringir la inmigración. Pero el problema no se arregló. Ahora Fini defiende posiciones mucho más progresistas, pero Bossi y los suyos mantienen la línea dura. Ayer, otro ministro de la Liga, Roberto Calderoli, pidió suspender el acuerdo de libre circulación europea para impedir la entrada de los rumanos que entraron en masa en Italia en muy poco tiempo

Berlusconi y los suyos prometieron limpiar de clandestinos a Italia. Apenas se instaló el nuevo gobierno estalló el caso de los campamentos gitanos de la etnia "rom" e Italia entró en colisión con la Unión Europea.

El ministro Maroni, alto dirigente de la Liga Norte, dijo ayer que el ataque salvaje contra el desocupado indio de Nepturno, "no es un episodio racista sino de malestar social".

Berlusconi hasta ahora repite que "los italianos no somos racistas". Pero el ex ministro del Interior de uno de sus gobiernos, dirigente de su partido y actual presidente de la comisión parlamentaria antimafia, Giuseppe Pisanu, ayer elogió los dichos de Napolitano y en cambio pidió más seriedad a su propio líder, a Berlusconi. "Miramos todo en la óptica de la seguridad, con los ojos empañados por el miedo. Hay una actitud emotiva y poco racional con la inmigración, que es un fenómeno que orientará los procesos sociales europeos por un siglo", dijo Pisanu.

Los halcones de las derechas dominan el escenario político y cuentan con el consenso de la mayoría de los italianos. Por eso es importante lo que dice Pisanu: "El sueño de la razón genera monstruos, con comportamientos aberrantes, con medidas dirigidas a tranquilizar a la opinión pública y a justificar eslóganes electorales".

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