¿Dos Congresos frente a frente?

Por Mariano Grondona

Una institución es "legal" cuando se ha constituido de acuerdo con las leyes vigentes y es "legítima" cuando responde al sistema de valores de la sociedad que la alberga. El Congreso actual es legal hasta el próximo 10 de diciembre, cuando será reemplazado por el nuevo Congreso que triunfó en los comicios del 28 de junio. Si ambos Congresos expresaran la continuidad de una misma voluntad popular, sólo habría entre ellos problemas de trámite.

¿Qué pasaría en cambio si ambos Congresos chocaran por encarnar dos expresiones distintas de la voluntad popular? ¿A cuál de ellas habría que darle preferencia? ¿Qué pasaría si el Congreso saliente, cuya composición refleja la voluntad de los argentinos de 2007 pero ya no su voluntad de 2009, tomara decisiones trascendentales a sabiendas de que contradicen el nuevo consenso? Esta decisión eventual, que todavía sería "legal", ¿sería también "legítima"? Si el valor en juego en este conflicto entre los dos Congresos es nada menos que la democracia, esto es la soberanía popular tal como ella se expresó en las urnas más recientes ¿cómo tendríamos que juzgar en tal caso la conducta del Congreso saliente?

Si el Gobierno no hubiera decidido adelantar a junio las elecciones previstas para octubre de este año, el período de transición entre los dos Congresos habría sido sólo de 40 días, que es un plazo razonable para efectuar el traspaso. Pero al adelantar los comicios en cuatro meses, el Gobierno ha creado una transición tan larga entre el Congreso saliente y el Congreso entrante que hoy se genera el vacío de poder que los argentinos estamos atravesando.

Si el pueblo expresa una voluntad contraria a la que había expresado hace dos años, ¿cuál de ellas debiera prevalecer desde un punto de vista democrático? ¿No sería la "segunda voluntad", acaso, más legítima que la primera? El conflicto entre los dos Congresos podría haberse evitado si, advertido del giro del pueblo, el Congreso saliente se hubiera abstenido de tomar decisiones fundamentales durante la transición. Pero esto no es lo que está ocurriendo. Al saber que estará en minoría dentro de tres meses, lo que ha venido intentando el Gobierno es forzar al máximo la agónica mayoría que aún retiene. Después de presionar a Julio Grondona para que rompiera unilateralmente el contrato sobre el fútbol, el Ejecutivo acaba de vetar una ley que habría traído alivio a las zonas de sequía y ahora pretende que un Congreso moribundo promueva nada menos que la total transformación del sistema de los medios de comunicación. Estas actitudes, apoyadas eventualmente por lo que se ha dado en llamar una incipiente "vetocracia" en manos del Ejecutivo, muestra que, pese a haber quedado en minoría en las últimas elecciones, el kirchnerismo pretende actuar ahora como si ellas no hubieran acontecido. ¿Es éste acaso el espíritu de la democracia? ¿No se están rebelando los Kirchner contra un pueblo que les ha dado las espaldas?

Comentá la nota