El Congreso en tensión, sin señales de acuerdos y cruzado por fantasmas

Por: Eduardo Aulicino

El efecto de las elecciones no ha llegado al Congreso, o llegó de forma muy parcial. Recién en diciembre se modificará la realidad númerica de los bloques, pero algunos imaginaron que hasta entonces, si había diálogo, allí tendría expresión concreta. No fue así y la imaginación trata ahora de aproximar respuestas sobre los planes K.

¿El Gobierno sólo busca aprovechar los meses previos a la pérdida de las mayorías actuales para aprobar sus proyectos? Puede ser, pero también sobrevuelan fantasmas de abismos en la lectura de muchos opositores. ¿La apuesta oficialista es a cualquier costo y, en todo caso, ¿qué quiere decir a cualquier costo en estos días? Son especulaciones sobre alguna base cierta: ni con los superpoderes ni frente a los tarifazos se tendió un puente para una salida acordada. Y se vienen debates de fondo.

El caso de los aumentos de tarifas de luz y de gas fue notorio. Dos fieles K le hicieron saber a la Presidenta los graves problemas que tenían para frenar el rechazo opositor. Primero el senador Miguel Angel Pichetto, que había logrado un bloqueo inicial a ese reclamo, y después el diputado Agustín Rossi, que veía afirmarse un proyecto unificado de opositores y peronistas disidentes, alertaron sobre el desafío. La resolución del caso es conocida: Julio De Vido anunció una marcha atrás transitoria, que sorprendió incluso a los legisladores propios. Unos pocos lamentaron no haber contado con margen de negociación para intentar de arranque una salida consensuada en el Congreso.

Antes, apenas pasadas las elecciones y con el diálogo formalmente convocado, se había planteado en el Congreso la idea de buscar un límite a los superpoderes del Gobierno en materia presupuestaria. Néstor Kirchner empezaba a dar otra vez señales de dureza frente a cualquier alternativa negociadora, pero senadores de una y otra vereda intentaban un entendimiento. Cristina Kirchner anunció entonces su proyecto en este rubro: el bloque oficialista entendió que ese era el límite y se cerró la puerta que algunos radicales pensaron entreabierta para tantear una salida en común. La oposición dijo que la propuesta era puro maquillaje. Otra pelea.

Entre uno y otro episodio hubo un encuentro de dirigentes radicales para analizar lo previsible: el gesto de asistir al diálogo no tenía respuesta práctica. "Tiene que quedar claro que la responsabilidad del fracaso es de ellos. No podemos quedar como responsables de lo que pueda pasar", sintetizó un legislador de la UCR. Sonaba a cálculo político, pero también a alerta. La semana pasada, la conducción radical dio por cerrado el tema y, en esa línea, acusó al Gobierno de montar una "maniobra" para ganar tiempo.

El juego K alcanzó además para exponer problemas en el Acuerdo Cívico y Social. A Gerardo Morales, titular de la UCR y de buena relación con Elisa Carrió, le tocó atender ese frente: nadie como su aliada había descalificado el diálogo.

Las rispideces y enojos cruzados en la oposición no quedaron agotados con el pronunciamiento radical. En realidad, varios dirigentes de la UCR orgánica creen que Carrió seguirá tensando la cuerda en función de sus planes de liderazgo, en contrapunto con los K y esmerilando a Julio Cobos. Pero más les pesan las sospechas sobre los planes del kirchnerismo.

Por eso, como apenas unos días después de la derrota electoral del Gobierno, en las últimas dos semanas algunos analizaron esa inquietud con el vicepresidente y por vías reservadas repitieron el mensaje ante dirigentes peronistas: si hay algo que no quieren es un escenario de crisis que comprometa al vicepresidente.

"Parece que buscan llevarnos al abismo y tirarnos encima la solución de la crisis", dice un dirigente radical. No sólo en filas opositoras se especula de ese modo: algo parecido se escucha entre legisladores del peronismo disidente o crítico, aún sin romper, con Kirchner.

Entre tanto, avanza el calendario del Congreso, que irá sumando la prórroga del impuesto al cheque, Ganancias y el Presupuesto. Temas densos: otra prueba para espantar fantasmas.

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