El Congreso que nace hoy, todo un desafío para el kirchnerismo.

La oposición saldría fortalecida y eso obligaría al Gobierno a redefinir sus estrategias.
Más allá de los números finales que arrojen las elecciones, los comicios legislativos de medio término anticipan que el escenario político no será el mismo que rigió hasta ahora y que tuvo al kirchnerismo como amo y señor del Parlamento durante los últimos seis años.

Este nuevo horizonte se basa en que, como nunca antes -tal vez sólo en 2001, dos meses antes de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa-, una elección legislativa se perfiló tan determinante para todos los actores políticos que compiten en ella.

Es un hecho -o al menos no hay encuesta que permita suponer lo contrario-, que para el kirchnerismo será imposible repetir el excelente desempeño electoral de 2005. Sufriría, por lo tanto, una importante pérdida de bancas propias o de sus aliados, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.

En la Cámara baja se ponen en juego 127 escaños, 76 de los cuales corresponden al oficialismo y sus aliados. En el Senado, en tanto, sólo se renueva un tercio (ocho provincias), es decir 24 de las 72 bancas. Sin embargo, la mitad de los escaños a renovar corresponden a legisladores alineados con la Casa Rosada. Se trata, así, de una marca difícil de empardar para un kirchnerismo que sufre el inevitable desgaste que conlleva un mandato y medio de ejercicio del poder.

De este retroceso que anticipan las encuestas nace el primer desafío para un gobierno que hasta ahora usó al Parlamento como una virtual escribanía de las decisiones inconsultas adoptadas en la Casa Rosada. La pregunta que surge es si el matrimonio Kirchner podrá convivir con un Congreso que, se presume, ya no será todo lo dócil que se mostró hasta ahora.

El principal interrogante, sin embargo, pasa por cómo se las arreglará el oficialismo para manejar esa situación. ¿Profundizará como hasta ahora su política de "borocotización" de dirigentes para retener de ese modo sus mayorías o aceptará consensuar con la oposición los proyectos que pretenda aprobar?

Las encuestas conciden, eso sí, en que la elección de hoy hará desaparecer la mayoría automática kirchnerista, y que la Casa Rosada deberá negociar para tratar de compensar esa hegemonía perdida.

Pero el desafío parlamentario se muestra como un camino de doble vía, ya que la oposición también tendrá una mayor responsabilidad en este nuevo escenario político que podría nacer hoy.

El rol de la oposición

Aquí se abren otros interrogantes. ¿Qué unidad de acción podrán formar sectores tan disímiles como el peronismo disidente, el Pro y el Acuerdo Cívico y Social?

Las primeras señales, por el momento, son confusas. En la Cámara de Diputados ya se escuchan tambores de guerra de cara a la lucha por la futura conducción del cuerpo. Los peronistas disidentes amenazan con arrebatarle la presidencia al kirchnerismo, una opción que los radicales no ven con agrado ya que les recuerda lo ocurrido en 2001, cuando el PJ se apropió de la presidencia provisional del Senado y debilitó todavía más al gobierno de De la Rúa.

Todas las fuerzas opositoras coinciden, sin embargo, en la necesidad de acordar una agenda parlamentaria en común. La derogación de los superpoderes, la coparticipación del impuesto al cheque y una nueva reforma del Consejo de la Magistratura para quitarle poder al Gobierno forman parte del plan de vuelo que, de concretarse, se convertiría en un amargo trago para el ofiicialismo.

Aquí surge el último gran interrogante que podría surgir de esta elección, ya que cualquier acción opositora conjunta tendrá que esperar hasta el 10 diciembre próximo, cuando se efectivizará el recambio parlamentario. Sólo entonces el Congreso reflejará el nuevo escenario político que surgirá hoy de las urnas.

Hasta entonces, funcionará un Congreso de "patos rengos", con legisladores legitimados para sancionar leyes, pero acosados por sus futuros reemplazantes reclamando desde afuera que se respete el nuevo mapa político. ¿Aceptará el Gobierno el pronunciamiento electoral y consensuará hasta diciembre o buscará aprovechar esos seis meses de transición para aprobar todas las propuestas que en 2010 y con el Congreso en contra ya no le resultará tan fácil sancionar?

Un Parlamento con nombres propios

* El peso específico de los nombres que pugnan por ocupar un escaño en el Parlamento demuestra la relevancia que adquirió esta elección para los partidos. El gran candidato es el ex presidente Néstor Kirchner, que tiene garantizado su ingreso como primer candidato de su lista, aunque nadie sabe qué lugar ocupará en la Cámara de Diputados. ¿Será presidente de su bloque? La oposición también juega sus mejores cartas. El próximo Congreso albergará a Gabriela Michetti como diputada, quizá también a Elisa Carrió, y a Luis Juez en el Senado, junto a otros postulantes más pintorescos, como el humorista Nito Artaza, la cantante Nacha Guevara y el cineasta Fernando Solanas.

Comentá la nota